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La posibilidad de ver el Mundo

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El año 2004, el mes de julio exactamente, puede inscribirse en los anales de la historia de la Medicina mundial como una fecha relevante. Fue entonces que por iniciativa de Fidel Castro comenzó el noble y solidario programa de atención integral de Salud a pacientes venezolanos con múltiples afecciones oculares, mediante la Operación Milagro, que fueron atendidos en el Instituto de Oftalmología Ramón Pando Ferrer, de la capital.

Otros provenientes del Caribe, Centro y Suramérica viajaron a Cuba a partir del 2005 para ser operados y recuperar o mejorar su visión, cuando fueron integrándose al solidario proyecto las provincias de Camagüey, Cienfuegos, Santiago de Cuba y Matanzas, hasta hace apenas dos años, aunque hoy continúa en sus propios países.

Operar a unos seis millones de personas en diez años, lo mismo en Cuba que en centros habilitados en otras naciones, con el noble empeño de eliminarles la ceguera a las más excluidas, o sea, a esos seres humanos sin recursos económicos, ha sido el propósito asumido por los especialistas cubanos.

La prevalencia de discapacidad visual se encuentra en mayores de 50 años o más, de ambos sexos, y la generalidad de las afecciones que los aquejan podría tratarse con facilidad, como sucede con las cataratas; sin embargo, no son pocos los que en el Mundo padecen esta dolencia y quedan ciegos por la falta de accesibilidad a la atención médica.

No debe asombrar que hasta hace alrededor de un año encuestas realizadas en varios países de la región de América Latina y el Caribe, arrojaron que la mayor cantidad de discapacitados visuales fueron reportados en las zonas rurales y marginales, debido a causas asequibles --de haber la voluntad-- , como son los casos de la catarata, los defectos refractivos, la retinopatía diabética, la ceguera infantil, el glaucoma y otras enfermedades.

Hay millones de personas ciegas en el Universo por causas prevenibles, y de éstas un número importante responde a niños menores de 16 años. Las dolencias ya mencionadas, más otras provocadas por infecciones como el tracoma, además, la debida a la deficiencia de la vitamina A, son las principales registradas en el llamado Tercer Mundo.

El beneficio de este Programa para los cubanos ha sido importantísimo, pues miles y miles recuperaron y recobran aún la visión o disminuyen la posibilidad de llegar a la ceguera, a la par de los extranjeros.

No puede separarse de estos esfuerzos la plausible decisión del Estado aquí a la hora de adquirir equipamiento de alta tecnología, disperso en el país y que incluye el excímer láser, novedosa técnica para enfrentar enfermedades refractarias, servicio presente en el Centro Oftalmológico Carlos J. Finlay, adscrito al hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de la ciudad de Camagüey, donde durante el primer semestre del actual 2010 se realizaron 15 transplantes de córnea.

Sin tener todavía los cuatro años de fundado reportaron en ese período más de 17 mil cirugías de cataratas, glaucoma, pterigium, retina, oculoplastia y refractiva y las de los casos de urgencia.

Sépase que en 1959, al triunfo de la Revolución, Cuba contaba con 118 oftalmólogos, de los cuales 37 prefirieron quedarse con su pueblo después del éxodo incitado por Estados Unidos, mientras hoy la cifra multiplica con creces aquella y todos contribuyen a extirpar ese gran problema de la Humanidad como es arrancar las tinieblas de la vista y lograr que cada vez sean más quienes puedan ver con sus propios ojos los sucesos de este Mundo.

 

Autora. Olga Lilia Vilató de Varona

Foto y corrección: Oriel Trujillo Prieto

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