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Carlos cumple años dos veces

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El Dr. Toirán, Carlos, el Dr. Ranfis, Lourdes (enfermera) y delante Anilda, la esposa del operado, a propuesta de él mismo, porque sin su apoyo la recuperación tampoco habría sido posible.

Hasta hace poco más de un año Carlos Álvarez Céspedes, residente en el municipio de Florida, de 46 años, era una persona con las complicaciones comunes y corrientes como cualquiera, pero un día, en plena faena laboral vio que orinaba sin darle tiempo a nada, cuestión que le sucedió varias veces.

Esto le preocupó, se lo comunicó a su esposa: Anilda Padilla, quien lo llevó al médico por los canales correspondientes, o sea, comenzó por el Médico de la Familia. Así llegaron al hospital Oncológico Maria Curie, de Camagüey, y luego de los estudios pertinentes los doctores especialistas en Urología le comunicaron que debía ser intervenido quirúrgicamente.

CON CARLOS: EL PROTAGONISTA

 —Le confieso que me negué al principio —dijo Carlos—, pero me convencieron de que todo a tiempo tenía solución y había que evitar males mayores. Ingresé el 16 de marzo del año pasado y el 20 ya estaba operado. Quiere decir que puedo celebrar otro cumpleaños ese día.

“Confié en los médicos y la verdad no me fallaron, hoy vivo gracias a ellos y a mi familia, porque mi esposa siempre ha estado a mi lado. La atención médica, en el salón, las enfermeras, estoy muy agradecido del personal de este hospital, de todos, aquí incluyo a las pantristas, a las auxiliares generales, a todos.

“He hecho mis desarreglos, no lo niego, pero es porque me siento bien. Imagínese, yo soy rastrero, viajo por todo el país. Empecé a trabajar el 10 de septiembre del propio 2012. Mis compañeros pensaban que no trabajaría más y mire, aquí estoy. Viajo con todo lo que necesito, mi nevera con alimentos, las bolsitas para cambiarlas cada vez que orino y lo hago sin problema alguno”.

Su esposa dio sus impresiones y todas fueron de halago para el personal de este centro donde el protagonista de cada escena es el enfermo. Ella aseguró: “Después de ser operado, Carlos cambió su vida y para bien, porque imagínese, además de lo que él le contó tenía dolores, no comía, no dormía, en dos palabras: no vivía; sin embargo, después de este camino que no ha sido fácil ha vuelto a ser el mismo.

“Lo atendió el Dr. Toirán, pero confío en todo el equipo médico, que incluso, uno de ellos está cumpliendo misión, el Dr. Sariol”.

Carlos se cambia esta bolsita cada vez que orina.

EL DR. RAFAEL TOIRÁN CON OTROS DETALLES

—Carlos padecía de una enfermedad tumoral que le interesaba todo el urotelio, que es el epitelio que tapiza el tracto urinario y decidimos retirarle el riñón izquierdo, el uréter, la vejiga y la próstata. Hicimos una derivación urinaria de riñón mediante el uréter de ese órgano sano a la piel, o sea, una ureterostomía cutánea.

“El quitarle esos órganos se conoce como: nefroureterectomía con cistoprostatectomía radical. Esta es una intervención quirúrgica compleja, pero necesaria, de lo contrario las complicaciones venideras serían tremendas y como usted ve él lleva una vida normal.

“Carlos trae consigo las bolsitas y se las cambia él mismo, además que ha dejado de sufrir, su calidad de vida es otra. Ahora él requiere de sus chequeos de rutina, aunque le digo que ha dejado de venir a algunos y pese a sentirse bien del todo no debe descuidarse y seguir los consejos médicos”.

De la intervención quirúrgica Carlos recuerda el más mínimo detalle mientras se mantuvo despierto, por supuesto, y el postoperatorio también, por eso menciona a los Drs. Rafael Toirán, Francisco Sariol, Ranfis Rodríguez, cirujanos especialistas en Urología; Sahily López y Yanelis Diez, en Anestesiología y Reanimación; y las enfermeras Lourdes González y Yamilé Grau.

Estas personas, más su familia encabezada por su esposa, han hecho posible que Carlos vuelva a ser ese hombre dinámico, conversador, trabajador y sensible a la vez. Al menos esta fue la impresión que nos causó a Durán y a mí durante nuestra conversación. ¡Ah!, está seguro de que no debe temérsele a ser atendido en esta institución hospitalaria, todo lo contrario, aquí el enfermo se siente muy seguro y protegido.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona   

Fotos: Orlando Durán Hernández

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