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El sacerdocio de Oliva

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Nota: Esta entrevista fue publicada en el semanario impreso de Adelante de la ciudad de Camagüey, Cuba, el 11 de noviembre del 2000. La realicé al Profesor Manuel Oliva Palomino quien ha sido catalogado como Pediatra de Excelencia y por su prestigio y desempeño que traspasan nuestras fronteras es de los seleccionados para publicarlas aquí en el tema: Gente...

 

En la década del ’30, cuando una familia humilde tenía varios hijos, aseguraba su futura estabilidad con que, por lo menos, el mayor de ellos continuara el oficio del padre, quien se convertía de hecho en su maestro; sin embargo, el 16 de diciembre de 1935 nació en Manzanillo un hijo mayor que no fue carpintero como su progenitor porque este fue excepción y no regla.

Ese manzanillero, para mucho genuino camagüeyano, es el doctor Manuel Oliva Palomino, prestigioso pediatra y profesor, que venció no pocas dificultades en su vida para llegar hasta aquí.

Provengo de una familia pobre, somos cuatro hermanos, tres varones y una hembra. Como soy asmático la carpintería de mi padre me provocaba las crisis, entonces ni hablar, de carpintero nada, aparte de que mis padres no escatimaban, ni los pocos recursos con que contaban para que estudiáramos.

Realmente ellos no sabían ni leer ni escribir bien, y así y todo nos repasaban hasta inglés, para hacernos el hábito. Fíjate que al estudiar el inglés mi madre nos señalaba algo como si nos hubiéramos equivocado, entonces le decíamos ‘mamá lo dije bien’, y ella respondía ‘es que debes estar al equivocarte’.”

¿A qué edad comenzó a trabajar?

A pesar de todos los esfuerzos de mis padres tuve que trabajar a los 14 años en el hospital Caymari, era de un patronato de muchas limitaciones, escasos recursos. En aquella época alrededor del hospital el fecalismo era al aire libre, el panorama de salud no se parecía al de hoy ni por asomo, la tuberculosis estaba a la orden del día, se veían por las calles niños con los ganglios del cuello inflamados, a esto se le llama en Medicina cuello Preconsular, pero lo que más me impresionaba era la poliomielitis, era la enfermedad que más me impactaba porque mataba, o en el mejor de los casos su huella era tremenda.

Lo más importante no te lo he dicho, allí empecé como auxiliar general, trabajaba de 7 de la noche a 7 de la mañana por doce pesos, en ese hospital que hoy es un pediátrico y se llama ‘Hermanos Cordovés’. Te imaginarás que ha cambiado totalmente.”

¿Cómo se adentró en el campo de la Medicina?

Al poco tiempo comencé a aprender laboratorio clínico, dentro del propio hospital, así se aprendía antes, no teníamos las escuelas con ese perfil como ahora, y te enseñaban, incluso, hasta poco, porque tú competías con quien te enseñaba, y no había quien lo hiciera de lo que podías ayudarle.

En 1953 me fui a trabajar a Veguitas, lugar que pertenecía entonces a Bayamo, ya como laboratorista. En ese mismo año me presenté a una oposición en Topes de Collantes y alcancé plaza. Ahí las posibilidades eran diferentes porque era uno de los mejores laboratorios del país. Ese hospital era para tuberculosos, el más grande de América Latina, y hoy lo es también, pero en rehabilitación.”

¿Cuándo vino para Camagüey?

En el ’56, cuando me enfermé de una hepatitis. Mi tío era médico en Sibanicú y como tenía laboratorio vine a trabajar con él. A principios del ’59 me trasladé para el hospital ‘Amalia Simoni’, también como laboratorista, era entonces antituberculoso”.

El doctor Oliva quiso volver atrás, a la época de Topes de Collantes.

Sí, porque no debemos olvidar nunca que la tuberculosis se trataba entonces con mucha cirugía, y allí podían acudir los enfermos con alguna influencia política, no pienses que llegaban hasta ese hospital todos los pacientes por igual.”

¿Qué pasó con su vida al triunfo de la Revolución?

Bueno, no solo con mi vida sino con la de mis hermanos. Mi hermana sí logró hacerse Maestra antes del ’59, pero los varones no. Los otros dos estudiaron ingeniería mecánica uno y agrónoma el otro. Yo comencé a estudiar Medicina después del año ’60 en Santiago de Cuba, pasados los 27 años.” (a los 29).

¿Siempre quiso ser pediatra?

Quería especializarme en Microbiología, me parecía lo más inteligente, dado la tarde que comencé a estudiar la carrera. Yo veía los bebés solo a través de los cristales, no los tocaba.”

¿Por qué el cambio de idea?

Realmente yo no fui el que cambió de idea, tuve que hacerlo. El director del hospital, hoy pediátrico provincial “Eduardo Agramonte Piña”, el doctor Enzo Dueñas dijo ‘de aquí para acá serán obstetras y de aquí para allá pediatras’, y en ese grupo estaba yo .En ese momento nos explicó el inicio del Programa Materno-Infantil, de ahí la necesidad de especialistas. Yo le decía a él: yo ya no voy a aprender, no tengo tiempo, ni hay enfermedades como antes.

En 1977 me mandó a estudiar a Inglaterra, sí, para que aprendiera, en un nivel de especialización por encima de un máster se denomina, Senior Teacher, en la mitad de curso estudiamos y en la otra visitamos 23 países en diferentes continentes, esto fue auspiciado por la Organización Mundial de la Salud, por la UNICEF.”

¿Y la Hematología por qué?

Fue la manera que me mantuvo vinculado a los laboratorios, después comencé a atender a los niños con leucemia, cuando no se salvaba casi ninguno, más adelante atendía a los enfermos de cáncer.

Algunos médicos rechazan estos caso porque dicen que debemos tener el corazón blandito, otros que el corazón tiene que ser duro, y yo digo que lo principal es ser generoso, nada más. Aunque tú sabes que veo cualquier niño enfermo.

Tenemos lugares en el país donde la supervivencia en estos casos es del 70 por ciento. Aquí los mejores resultados los tenemos en los tumores sólidos; antiguamente por retinoblastoma (tumor del ojo) moría el 95 por ciento de los casos, hoy en día y desde hace 17 años se salva el 91 por ciento de los niños con esta patología, con todo y el bloqueo y las dificultades que tenemos.”

¿Cuál es su valoración acerca del Programa Materno-Infantil?

Esto me lo dijo un español hace algún tiempo y yo coincido con él. Me comentó que desde el punto de vista técnico era muy bueno y que como este había muchos concebidos en otros países, pero que el secreto de nuestro éxito estaba vinculado a lo social, en las garantías que ofrece el Estado, porque en estos casos lo que decide es la voluntad política del gobernante, quien lo hace cumplir.”

¿A qué le temía más usted en cuanto a Salud, al inicio del período especial?

Al problema de los medicamentos, y en particular a si faltaban las vacunas. Esa inquietud ya pasó porque quedó demostrada la voluntad política de la que te hablé, lo fundamental continuó garantizándose.”

Usted que ha visitado 33 países de Europa, África, Asia y América Latina, en algunos casos como asesor de la OMS y también como internacionalista y puede comparar los sistemas de Salud ¿qué le falta al nuestro?

Perfeccionar la parte ética de nuestra profesión, es decir, las relaciones entre pacientes, sus familiares y nosotros, actitud que le daría un toque necesario al desarrollo de la Salud. Hay que comunicarse con los enfermos, escucharlos, explicarles todo, tratar de apoyarlos, eso también mejora la calidad de vida. No podemos ser mecánicos en la atención médica.”

Quisiera una valoración de los nuevos galenos.

Tienen muy buena preparación y cada vez la formación se ha ido perfeccionando, pero lo que más me impresiona de ellos es ver cómo ayudan en otros lugares, con uan dedicación incalculable, eso lo he vivido. En África, cuando estuve por la OMS, fui a saludar a los médicos cubanos, allí uno de ellos dio su sangre para operar después a una embarazada, eso sucedió en Tanzania.

En Nicaragua a un niño le estalló una granada y toda la metralla se le alojó en el corazón. Allí el cirujano era el doctor Bárbaro de Armas, del hospital Amalia Simoni de nuestra ciudad y desde él hasta el resto de los muchachos ofrecieron su sangre para operarlo. Sin chovinismo algo te digo que eso solo lo he encontrado en los médicos cubanos.”

Aunque no he podido transmitir su sentido del humor a través de esta entrevista, ¿cómo calificaría a un pediatra?

Como el médico del niño, el psicólogo de los padres y el psiquiatra de los abuelos. A los padres los trato con respeto, eso influye favorablemente en los pequeños y llegan a contarte cosas que no le dicen a nadie. Y como médico en general te digo que esto es un sacerdocio, hay que sacrificar horas de descanso. De mis hijos mayores —uno es ingeniero y dos médicos— tuve que separarme hasta por años para estudiar y me perdí pasajes importantes de sus vidas. Ahora con los dos hijos más pequeños he tenido más tiempo.

Lo otro es que el médico tiene que estudiar siempre, la tecnología en la Medicina cambia mucho, algunos conceptos también. Ese espacio lo busco por las noches, leo hasta muy tarde.”

¿De quién heredó ser tan ocurrente en el momento oportuno?

De mi abuela materna, ella era así.”

Si tuviera más espacio…

Pues entonces no te preocupes, llegamos al fin, porque como diría mi abuela lo que viene liso no trae arrugas así es que…”

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Fotos: De familia y Oriel Trujillo Prieto


28/10/2015 14:25 cuqui (enlace permanente). Gente

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gravatar.comAutor: Cuqui

Agradezco desde aquí a quienes han entrado al blog, leído y comentado, sobre todo en Facebook.
Lo agradezco en mi nombre, pero muy en especial en el del Profesor Oliva.

Fecha: 29/10/2015 14:19.


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