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Desde el mismísimo claustro materno

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En la foto, Henry Alejandro y Yadira, quien lo entiende solo de moverse él.

Esto es algo de lo que quisiera escribir sin hacer ruido. Me molesta hasta el teclado de la computadora, no quiero importunar. Así me sentí en esta visita, parecía que molestábamos a los bebés y a sus mamás, esas que cual suerte de canguros los llevan encima, nada intranquilos, todo lo contrario. Estoy segura de su seguridad y repito a propósito.

Llegamos a ese sitio tan peculiar para así hacerles un modesto tributo a estas mujeres por el Día de las Madres. Es una linda sala, ¡ah!, de hospital, aunque no lo parezca. Se mantiene en penumbras, de vez en vez con una música suave; supe que las mamitas bailan con sus niños entre sus pechos, les cantan, conversan con ellos. ¡Son tan pequeñines!

PENSÉ TANTO Y PENSÉ

Es difícil que una madre entre a un lugar así y pase por alto vivencias propias. No me da el menor rubor si confieso que mi madre fue la mejor del mundo. Tampoco que me he esforzado por lograrlo desde la “llegada” de mi hijo, ese que parecía no quería “venir”, y que luego si él tenía “mamitis”, yo revelo que tenía “hijitis”.

Pensé tantas cosas…, pero entre una y otra la doctora Elizabeth Avilés Carmenates, especialista en Medicina General Integral (MGI) y en Neonatología, Máster en Atención Integral al Niño y al frente del Programa Piel a piel o Madre o Bebé Canguro del hospital docente ginecobstétrico Ana Betancourt, de esta ciudad, se encargaba de devolverme a la realidad.

Dra. Elizabeth Avilés Carmenates.

Ella se encargó de decirme que el Programa comenzó en octubre del 2016 y desde entonces han pasado más de diez niños con sus madres, con la salvedad que comienzan a beneficiarse con ese método los bajos de peso al nacer desde sus primeros 15 días de llegar al mundo, aunque estén ventilados, en la Sala de Neonatología. En esos casos las madres permanecen sentadas y comienzan por dos horas y así van incrementando el tiempo.

Por lo general estas madres paren antes de las 37 semanas de embarazo y sus bebitos pesan muy poco, ya cuando alcanzan los 1 400 gramos y tienen autonomía al mamar, respiran solitos, y sin complicaciones son trasladados hasta ese sitio en que son acompañados por sus seños, esas enfermeras especializadas, una psicóloga y una defectóloga. Todas a la disposición de esos seres que transpiran amor, paz y deseos de que todo salga bien para regresar a sus hogares.

Según se recoge el programa Madre Canguro fue creado a finales de la década de los ‘70 del siglo anterior por el doctor colombiano Edgar Rey Sanabria, e impulsado por el galeno, Héctor Martínez, del Instituto Materno Infantil de Bogotá. Ambos profesores desarrollaron en 1979 un método para el cuidado de los bebés con bajo peso al nacer, inspirados en los canguros, cuyas crías permanecen en la bolsa de la madre, succionando de las mamas cuando lo necesitan.

En Cuba este proceder, conocido como el programa Piel a Piel, se puso en práctica por primera vez en la ciudad de Pinar del Río, en 1994.

Son muchas las historias, hasta de nuestros antepasados, solo que quizá sin el nombre de Programa Canguro. Mi bisabuela materna salvó a uno de sus trillizos así, entre sus pechos, quien llegó a la adultez bueno y sano, como acostumbramos decir.

TODO BENEFICIO

Está comprobado y de ello dan fe las entrevistadas que el método beneficia el control de la temperatura, la lactancia materna y el desarrollo de vínculos afectivos referidos a todos los neonatos, el latido del corazón de mamá ofrece seguridad al hijo, al margen de su entorno, peso, edad gestacional y situación clínica, y algo vital, la ganancia de peso es más rápida, al ser comparados con otros que permanecen en incubadoras, porque se debe al contacto directo, el amor, el cariño y el calor que recibe el bebito.

Hay ahí cultura de hablar en voz baja, con suavidad, para no incomodar a los niños, así conocimos que al bebé se le reduce el riesgo de padecer de infecciones y apneas —suspensión transitoria de la respiración—, se le disminuye el trauma acústico y visual producido por sonidos propios de las incubadoras, la lactancia materna es a libre demanda, le mejora el sueño, proporciona regulación cardiorrespiratoria, sin obviar que bajan los costos de tratamiento y los días de ingreso hospitalario.

“La mayoría de los niños y madres regresan a sus hogares, incluso, antes del tiempo en que debieron nacer”, aseguró la Dra. Elizabeth.

Como es natural, si son tantos los beneficios para el bebé, la madre se siente más confiada, ella es quien facilita la lactancia natural, se le reduce su ansiedad y la depresión posparto, tiene bajo su égida el cuidado de su hijo y siente placer al ser su mejor guardiana, por lo que igual, resulta halagüeño.

Siempre están acompañadas por las licenciadas en enfermería Nancy Loyola Carmenates, Tomasa Clemente Montejo, Mislaidys Rodríguez Leyva, Margarita Agüero Leyva y Aida Roble, en psicología Irka Ávila Prieto, y la defectóloga MS.c María Guadalupe Merayo Marrero.

COINCIDO, EN PARTE…

Según  expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), todos los años, alrededor de 20 millones de lactantes nacen con bajo peso en todo el mundo. Estos recién nacidos, dicen, constituyen una carga pesada para los sistemas de salud y seguridad social de los países en vías de desarrollo. Aunque en Cuba el costo hospitalario y otros servicios aumenten, no se le da la connotación de “carga pesada”. Más bien el enfoque radica, primero en salvarle la vida a la madre y al hijo y luego en elevarle la calidad de la existencia.

De acuerdo con investigaciones a nivel mundial, en quienes permanecieron más tiempo cargados en posición canguro reportan una mayor tasa de sobrevivencia, son personas menos hiperactivas, agresivas y son menores los de conducta antisocial, inclusive,  reportan una disminución importante en el ausentismo escolar.

Y aquí viene un tanto mi discrepancia, dícese que se trata de: “un método sencillo y eficaz que proporciona bienestar tanto a los bebés como a sus madres, se inicia en el hospital y puede continuar en el hogar”, y me explico.

En efecto, eficaz, lo es, ¿pero sencillo?, no lo creo.

Henry Alejandro, hijo de Yadira Torres y Henry Diéguez, quien nació el 26 de abril, con 35,4 semanas de gestación, le “dijo” a su mamá que estaba perturbado así, ella lo entendió, le cambió de posición y lo acarició. Al minuto ya estaba relajadito y dispuesto a seguir “dentro” de mamá.

Dayana Montesinos, era atendida por Irka Ávila, la psicóloga.

He conversado con madres involucradas. Dayana Montesinos, se mantenía junto a su bebita Lorena Milagros Santos, en la sala de neonatología, en mi primera visita al hospital, en esta ocasión, las encontré totalmente diferentes, ya casi a punto de marcharse, porque la bebita pesa cuatro libras, falta poco para que llegue a las cinco libras y ocho onzas, y había nacido con dos libras y seis onzas.

Yadira Torres disfruta porque el suyo aumentó 100 gramos en un día. Aismary Jacob, de solo 17 años, lactaba a su bebita Ashley Verdia; ella parió a las 32 semanas de embarazo el 5 de abril y luego de azares difíciles, la bebita pesa casi 5 libras, pero no es tan fácil.

Aismary con su bebita Ashley, ya casi con cinco libras.

Es curioso conocer cómo el bebé se arrastra hacia los senos de su mamá para alimentarse; observamos cómo “avisan” si se sienten incómodos moviendo sus

piecitos.

Henry Alejandro, hijo de Yadira Torres y Henry Diéguez, quien nació el 26 de abril, con 35,4 semanas de gestación, le “dijo” a su mamá que estaba perturbado así, ella lo entendió, le cambió de posición y lo acarició. Al minuto ya estaba relajadito y dispuesto a seguir “dentro” de mamá..

Ellas coinciden en que el amor de madre es inmenso y todo lo hecho por un hijo es poco. Sienten el placer de verlos sanar, aumentar de peso, alimentarlos, ocasionarles tranquilidad y seguridad, con una cuota de sacrificio importante.

Es bueno conocer que esas madres pasan las 24 horas en una misma posición, y mantienen al bebé solo con pañal, gorro y medias, para que la piel de ambos tenga un mayor contacto. Se separan de ellos para asearse y por cuestiones inevitables. Duermen boca arriba siempre, no pueden ladearse siquiera y eso lleva una buena cuota de sacrificio, o sea, que no es tan simple. Hay que querer y mucho.

Los padres pueden “cangurear” si lo deciden. Esto los uniría más al bebé y a su esposa. Por supuesto,  el Programa Canguro no solo apoya el crecimiento anatómico y funcional de los cerebros de los bebitos, sino que modifica, para bien, el entorno familiar, y algo importante, puede ser utilizado en cualquier recién nacido, no solo a aquellos con muy bajo peso al nacer.

Debe sentirse una emoción incomparable servirle a nuestros hijos de claustro materno después de este transitar por el canal del parto, recibir nalgaditas, llorar por obligación. Debe ser difícil apartarse luego, después de tenerlo tan cerquita. Ser sustituta de la incubadora que no ofrece amor, ni alimenta, es, sin lugar a dudas, un insuperable vínculo afectivo que necesita no solo del apoyo especializado sino del esposo y la familia. Dicho manejo lleva tiempo, paciencia y una dedicación infinita.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Fotos: Leandro Pérez Pérez

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