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Algo más por el Día Mundial de la Salud Mental

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El Dr. Balseiro mientras impartía una conferencia acerca de la salud mental.

Mucho se habla de salud de este u otro tipo, pero cuando escuchamos el término salud mental, en no pocas ocasiones nos da la impresión de que se trata de algo en abstracto, como si fuera un estatus mágico e inalcanzable por tantos y tantos problemas concretos que llevan a las personas al estrés, la ansiedad, la depresión…

Es por eso que contactamos con el Dr. Jorge Balseiro Estévez, especialista en Psiquiatría y director del hospital de esa rama de la medicina en la ciudad de Camagüey, Cuba. Él se refirió a que: “La salud mental forma una parte importante de la definición de salud ofrecida por expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque esta se consigue una vez que haya un estado completo de bienestar físico, mental y social y no en su concepto reduccionista, o sea, de ausencia de trastornos de salud o enfermedades.

“Dicho en otras palabras —aseguró el Profesor Balseiro— no es posible el completo estado de salud si no hay un óptimo estado de la salud mental”

El especialista comentó que la carga de enfermedad mental hoy afecta un porcentaje elevado de la población mundial que según datos de la OMS se estima entre el 15 -20  % de la población, ha sufrido un trastorno o enfermedad mental en algún momento de la vida y hoy  el abordaje de esta problemática de salud está relacionado con un número importante de acciones de promoción, prevención del riesgo de enfermar, tratamiento específico de enfermedades mentales y la rehabilitación.

—Dada la importancia de esta problemática la OMS ha declarado  el 10 de Octubre como Día Mundial de la Salud Mental, —dijo el entrevistado— y se dispuso, además, en la 65ª Asamblea Mundial de la Salud, una resolución sobre la salud mental, referida a la carga mundial de los trastornos mentales y la necesidad de articular una respuesta integral y coordinada de todos los factores y decisores en los escenarios actuales, donde se instó a los estados miembros a asignar los recursos suficientes. Se solicitó a la OMS, que prepare un plan de acción integral sobre este tema, con vista a ser presentado en ese encuentro del año 2013.

“A propósito del Día Mundial de la Salud Mental, dijo, la Federación Mundial de Psiquiatría propuso para este 2012, el  lema: ‘’ La depresión, una crisis mundial’’ con el propósito de sensibilizar a los públicos acerca de esta problemática y de la salud mental en general y así promover el debate participativo acerca de sus causas y las mejores formas de abordar esta situación.

“Los trastornos depresivos —continúa el especialista en Psiquiatría— son una condición médica muy común, que sufre como promedio el 15 % de la población mundial a lo largo de la vida y se ha  estimado por la OMS que hoy padecen la enfermedad  más de 350 millones de personas y que para el año 2030, la depresión será la segunda causa de  discapacidad a nivel mundial, solo superada por el HIV/SIDA, y se estima una cifra entre el 1.3-4.4 % de todos los casos de discapacidad y muertes prematuras en el mundo, lo que  ha hecho que sus Gobiernos y Sistemas de salud hayan comenzado a apreciar la carga de morbilidad oculta por esta patología y su peso en el orden socioeconómico”.

“Si analizamos el tema desde la óptica epidemiológica encontramos una prevalencia dos veces mayor como promedio en mujeres que en hombres, donde la edad promedio más frecuente de aparición de la enfermedad varía entre los 24 y los 35 años de edad, mientras en los últimos años hay una tendencia a su aparición en edades más tempranas, pues se identifica que un 40 % de los casos tuvo su primer episodio depresivo a los 20 años de edad, en contraste con un nuevo fenómeno que se adiciona: la depresión en la tercera edad, relacionada con los cambios económico-sociales y generacionales asociados al envejecimiento poblacional de estos tiempos en los mayoría de los países.

—¿Siempre que una persona se sienta triste, nostálgica o sentimientos parecidos estamos frente a una depresión?

—En ocasiones las personas confunden los cambios del estado de ánimo como la tristeza ante circunstancias adversas o eventos vitales de determinada  significación para los individuos con la depresión, pero para hablar de depresión en el orden clínico es necesaria la presencia de síntomas por un período mayor de dos semanas y más de duración, entre los que encontramos en mayor o menor grado: estado de ánimo deprimido con marcada tristeza y sensación de vacío espiritual, llanto fácil, marcada disminución de interés y de placer en la mayoría de las cosas, desesperanza, desmotivación, tendencia a estar relegado a su lecho, disminución de la comunicación con familiares y amigos, trastornos del sueño y del apetito, pérdida de peso, retardo motor, fatiga, falta de energía para realizar los actos elementales de la vida cotidiana, sentimientos de culpa, dificultad para pensar y concentrarse, recurrentes pensamientos de muerte que puede llegar hasta la ideación suicida, los que en dependencia de la gravedad con que se presenten, marcarían la intensidad de la depresión que puede ser de leve, moderada o  grave.

—Cuando la persona acude al médico y se le diagnostica que está en frana etapa de depresión, ¿qué tiempo puede llevarle resolver su situación y volver a la normalidad?

—El curso y pronóstico depende de muchos factores, habitualmente un episodio depresivo tiene una duración entre uno y tres meses con tratamiento, a veces puede prolongarse por una etapa mayor; en ocasiones puede hacerse  recurrente y hasta resistentes al tratamiento, por esto hay un número de pacientes que se mantienen crónicamente con la presencia de diferentes niveles de síntomas, por lo que hoy las investigaciones se centran en la búsqueda de indicadores de pronóstico que tienen valores predictivos en términos de recuperación o probabilidades de recaídas.

“Por otra parte —agregó— la depresión provoca un deterioro importante de las funciones cotidianas del individuo, así como de su funcionamiento social y familiar, es por eso que en los deprimidos se presentan dos veces más riesgo de mortalidad que la población general debido a causas directas (suicidio) o indirectas (enfermedades clínicas asociadas). A lo que debe sumársele el costo socioeconómico que en la última década sitúa a la depresión entre las primeras causas de discapacidad, y representa el 12 % de años vividos con discapacidad de la población a nivel mundial. Sus costos se elevan a expensas de la combinación del tratamiento directo de la depresión, la mortalidad prematura (ej. suicidio), así como la disminución de la productividad y el ausentismo laboral, sin entrar a considerar otros como la hospitalización, servicios médicos adicionales y estudios de medios diagnósticos que incrementan los gastos.

—¿Cuáles son las causas más comunes a las que se les atribuye la depresión?

—Son múltiples y hoy es más aceptada la combinación de factores de tipo biológico, psicológico y social, entre los que se señalan la herencia, la participación demostrada de sustancias químicas denominadas neurotransmisores, cambios hormonales, el estrés, los eventos traumáticos de envergadura, las condiciones socioeconómicas y medioambientales donde se desenvuelven los individuos, en los que cobra un significado especial el funcionamiento familiar.

—¿Hay una terapéutica específica para este trastorno?

—En la terapéutica de la depresión hay buenas nuevas que no solo tienen que ver con reconocer la existencia de la entidad y su diagnóstico oportuno y preciso, muchas veces enmascarado, sino a la efectividad de tratamientos con medicamentos de última generación muy específicos químicamente, psicoterapia y otras formas no invasivas que hoy están en manos  de nuestros profesionales de la  salud mental, quienes en la actualidad  prefieren la terapia de triple empuje o combinada con medicamentos, psicoterapia y manejo socio familiar diferenciado.

“Como en la mayoría de las enfermedades —apuntó el Dr. Balseiro— la mejor fórmula para combatir la depresión está en la prevención, por lo que recomendamos centrarnos más en  la promoción de un estilo de vida sano acompañado de ejercicios físicos, la práctica sistemática de actividades recreativas y culturales de profundo contenido espiritual que enriquezcan los valores éticos del individuo y su familia, alejados del alcohol y el abuso de sustancias incluido los psicofármacos y otras drogas y el manejo adecuado de las situaciones estresantes que nos impone el medio. La higiene mental constituye la mejor fórmula para prevenir la depresión”.

Texto y foto: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

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