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Vi las manos de Dios

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       A ambos lados de Armando, el Dr. Miguel E. García y la licenciada en Enfermería Bárbara Ulloa.

Es algo casi congénito que los profesionales de la prensa nos dejemos llevar por esas ansias de dar el “palo periodístico”, o sea, ofrecer la exclusiva de las noticias, máxime si de una señal impactante se trata, es intrínseco en nosotros, como si corriera por nuestras venas y no vamos a cambiar, decir lo contrario sería una mentira

Eso hizo que siguiéramos mes tras mes la posibilidad de ese suceso, hecho efectivo el viernes 23 de marzo de este 2018 y que trascendió las fronteras de la provincia de Camagüey donde ocurrió y hasta del país. Los medios digitales y las redes sociales se pintan solos para conseguirlo.

Supimos que había un hombre de cuarenta y tantos años que vivía con un tumor centro-esternal de tórax y, además, del interés expreso de resolverle su problema de salud de la mejor manera, aunque no era un caso común, ni siquiera resuelto así en Cuba, y sin otros similares reportados en América Latina.

Llegó el día, el aviso y a dejar todo lo planificado por estar en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de esta ciudad. Estuvimos allí desde muy temprano en la mañana. El ir y venir de un grupo de personas estaba en función de aquello que haría época y la hizo.

Nosotros como siempre tratando de sacar hasta el último detalle y de casi advinar cómo terminaría todo a fin de cuentas era la primera intervención quirúrgica de su tipo en Cuba y esa era la noticia. Les cuento que, en efecto, se respiraba un ambiente fuera de lo común, pero imaginábamos un poco de más nerviosismo, y hasta un ego exacerbado, y no fue así.

Sin embargo, desde el Profesor Miguel Emilio García Rodríguez, Doctor en Ciencias Médicas, Profesor Titular y especialista de Segundo Grado de Cirugía General y el cirujano principal; el Dr. Raúl Koelig Padrón, especialista de Segundo Grado en Cirugía, Profesor Asistente y su fiel acompañante en la operación; más los doctores Manuel A. Chávez Chacón, de México y Adrián Díaz Domínguez, de Morón, coincidían en un mismo criterio que hasta parecía una traba a nuestras preguntas: “Aquí lo importante es que este hombre va a resolver su problema de salud, vamos a salvarle la vida”. Ese hombre es Armando Jesús Concepción Álvarez, de 48 años de edad y residente en el municipio camagüeyano de Florida.

Esa era también la preocupación de la estomatóloga Dra. Ludmila Acosta Rondón, especializada en prótesis, a cargo de la confección de la que lleva el paciente consigo desde ese día y que es biocompatible a base de metilmetacrilato (acrílico) y acero quirúrgico, conocida bajo los términos médicos como: somatoprótesis del cuerpo del esternón porque hubo que quitarle el cuerpo del esternón y tres costillas.

Otra pieza clave en esta historia fue la doctora Elizabeth Ramírez Reyes, especialista en imagenología porque su diagnóstico desde ese punto de vista fue tan exacto que no hubo que hacer adaptación alguna a la prótesis a la hora de insertarla.

Ya en el quirófano sigo con cierta insistencia, aunque la disciplina se imponía. A las 11 y 30 de la mañana comenzó el acto quirúrgico, antecedido por el certero ritual del Dr. Arián Benavides Márquez, especialista en anestesiología y reanimación y jefe de ese servicio en el centro hospitalario. Finalizó a la 1 y 40 de la tarde. Pero antes de comenzar el Dr. Miguel, Miguelito como todos le decimos, me dijo: “Todo va salir a bien, puedes estar segura”.

Realmente fue una experiencia única, pese a que siempre añado: “Ojalá no hubiera pasado, por razones obvias de humanidad”; no obstante, sucedió. Fuimos testigos Leandro —el fotógrafo— y yo, de que los doctores Miguel, siempre con la tendencia de llamarlo Miguelito, y Koelig, parecía llevaban un guión anticipado, se miraban y sabían qué hacer, todo con serenidad, acople y seguridad extremas, no daba la impresión de que pasaban por esa práctica por vez primera.

PASADO OCHO DÍAS…

Después de ocho días del acontecimiento y con menos tensión a la hora de escribir, digo que hoy la noticia es otra, con el mismo protagonista y excelente igual. Armando Jesús, ya no es el mismo, y para bien. Lo visitamos en el “Manuel Ascunce”. Permaneció los días necesarios en la Sala de Cuidados Intensivos, luego pasó a la de Cuidados Intermedios y ya estaba muy feliz porque iba hacia la de Medicina General.

Armando dijo tener apetito y ya podía incorporar otros alimentos a su dieta, conversó muy risueño y hasta jaraneó acerca de varios accidentes del tránsito y aunque se le rompieron algunos huesos, ninguno tuvo tanto impacto como esta experiencia. Caminó sin ayuda porque expresó, a lo cubano: “Estoy entero”.

Eso sí, se preguntó: “Con tantos millones de cubanos, ¿por qué yo el primero?”, a lo que respondimos varios de los allí presentes: “¿Sabes acaso cuántos en el mundo la han necesitado y no han podido ser beneficiados?

El floridano “famoso” agradece a tantos, que sería imposible hacer un listado exacto. Dijo que todos se han portado de una manera espectacular y hasta lo han “malcriado”, mencionó al personal de ropería, al de enfermería encabezado por la licenciada Bárbara Ulloa Escobar, en la Terapia Intermedia, a sus médicos y a su cirujano el Doctor Miguel E. García Rodríguez, quien lo visitaba en ese momento, a todos.

La complejidad del proceder quirúrgico puso a prueba, además, la competencia del Dr. Arián Benavides Márquez, quien garantizó desde su responsablidad un actuar sin complicaciones y una recuperación del paciente menos dolorosa de lo que podía resultar.

SOLO UNA INCONFORMIDAD Y UNA ÚLTIMA PREGUNTA…

Resulta indescriptible lo que sentimos al ver a los doctores Miguel y Koelig chocar sus manos deportivamente por encima del paciente. Tenían una satisfacción que transmitieron a todos y luego, ya un poco más íntimo se estrecharon en un fuerte abrazo de cirujanos, de amigos y con mucha alegría. Esas dos imágenes no las conseguimos por “traiciones” de la tecnología.

Mi última pregunta fue al Dr. Miguel: “¿Cómo pueden resistir tanto desde el punto de vista físico?, y él, muy rápidamente respondió: “Cuando logras salvar una vida se quita todo, hasta el cansancio”.

No por los 56 años de fundado la prestigiosa institución hospitalaria deja de sorprender a enfermos, familiares y población en general, quienes en definitiva son los más agradecidos.

No, no he olvidado el porqué del título. Resulta que en el 2016 entrevisté al Profesor Miguel E. García Rodríguez, acerca del cáncer del pulmón y la adicción al tabaquismo. En la red social Facebook uno de sus alumnos y de quien no tuve la precaución de guardar su nombre y nacionalidad porque no era cubano, escribió: “las manos de Dios”. Así, repleto de admiración quedó ese galeno de su Profe, manos que tuve el privilegio de observar y sí, coincido con su alumno: Vi las manos de Dios.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Fotos: Leandro Pérez Pérez

Las fotos ofrecen una secuencia de la operación:

El Dr. Miguel E. García en el acto quirúrgico.

En plena intervención quirúrgica.

Cuando era extraído el tumor.

La Dra. Ludmila Acosta Rondón, especializada en prótesis.

Cuando la prótesis era colocada.

Esta foto, muy aficionada y desde mi celular, para dejar constancia de que ya la prótesis estaba insertada y se disponían a cerrar.

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