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Tres quimeras más disfrutadas por Adriana

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Adriana junto a su cirujano, el Dr. Miguel García, y el Dr. Manuel Chávez, residente en cirugía, de México, quien participó en alguna de esas siete operaciones como asistente.

 

Estuve a punto de pasar por alto esta publicación en el blog, pues por diversas causas fueron transcurriendo los días y parecía que no había nada por decir.

Sucedió entonces que algunas personas me preguntaron acerca del porqué del silencio y al final decidí dejar constancia de este acontecimiento de tanta importancia, sobre todo para Adriana Beatriz Rojas Betancourt, esa joven de 20 años que pasó por tanto y en un futuro no muy lejano, igual será para el que hoy es un bebé, su hijo Samuel de Jesús.

Cuando di a conocer el suceso, o mejor, los sucesos, me referí a que los misterios de la salud humana son infinitos…, algo que corroboro hoy, aún no deja de sorprenderme todo lo que sorteó esta muchacha para continuar viviendo, con el disfrute de ser madre y ofrecerle su calor a ese bebito que lo agradecerá siempre.

Cuando la visité en el hospital lamentó que no podía fotografiarse —en ese momento— con su cirujano, Miguel E. García Rodríguez, Doctor en Ciencias Médicas, Profesor Titular, especialista de Segundo Grado de Cirugía General y director del hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, Cuba, porque él estaba en el salón de operaciones.

Adriana permaneció poco más de dos meses, desde el 22 de junio, en esa institución hospitalaria. Reside en La Emboscada, en la carretera que va hacia Esmeralda, pero perteneciente al municipio de Carlos Manuel de Céspedes. Cabe recordar aquí que con su embarazo a término comenzó con complicaciones aparentemente digestivas que le produjeron vómitos y deshidratación. Fue atendida en el hospital Manuel “Piti” Fajardo, de Florida, desde donde la remitieron al “Manuel Ascunce”, allí estuvo, en la sala de cuidados intensivos, según la expresión del Dr. Juan O. Roura Carrasco, especialista en Medicina Intensiva y Emergencia, y Profesor Auxiliar y jefe de servicio: “... mucho tiempo entre los azulejos y el techo de la sala”.

El Profesor Roura explicó: “...el embarazo, el parto y el puerperio son etapas normales, pero hay que tener sumo cuidado ante cualquier evento de enfermedad por las complicaciones que pueden enfrentar y que, de perderse un segundo en la atención, pueden ser fatales”.

Ella comenzó a presentar diversos y complejos problemas de salud, incluso, dijo el Profesor Roura: “… quedó sin plaquetas, las que tienen como función formar coágulos de sangre que ayuden a sanar las heridas y a prevenir el sangrado. Tenía una anemia severa por lo que hubo que interrumpirle el embarazo mediante cesárea y después fueron necesarias seis reintervenciones quirúrgicas por sangramiento.

Estos deterioros la llevaron a perder en dos ocasiones toda su volemia (término médico que se refiere al volumen total de sangre circulante en un individuo), o sea, que se mantenía con sangre que no era propia sino repuesta y perdió hasta volumen magro, que es referido a los músculos y a veces hasta incompatible con la vida”.

Las siete veces Adriana fue intervenida quirúrgicamente por Miguel E. García Rodríguez. En dos ocasiones, le practicó un tipo de cirugía a la que se acude como medida heroica, y consiste en que ante el sangrado de los órganos se opera, estos se empaquetan, o sea, se conservan con compresas y se cierra. En una de esas hubo que reintervenirla de nuevo y aunque no se contaba con ella, el Profesor Miguel lo hizo, y la reempaquetó.

Ese segundo empaquetamiento de los órganos el Dr. Miguel tuvo que realizarlo en la cama de terapia intensiva; si la movíamos iba a morir en el intento”, aseguró el Dr. Roura.

El Dr. Eldis Quintana Carbonell, especialista en Medicina Intensiva Emergencia, y Profesor Asistente se refirió a que: “La familia confiaba, nunca cuestionaron nuestros planteamientos. La cesárea se realizó aquí 48 horas después de su ingreso por un equipo de obstetricia, encabezado por el Profesor Auxiliar Dr. Ernesto Lafontaine Terry, del hospital materno infantil Ana Betancourt. El bebé es un varón con mucha vitalidad y ya está de alta.

Nunca había visto a un paciente con tanta necesidad de hemoderivados en tan poco tiempo; todo se le garantizó, la nutrición parenteral, los medicamentos y ventilación mecánica artificial, que la necesitó en dos ocasiones”.

El licenciado en enfermería Raúl Morales Rivero, especialista en Enfermería Intensiva y Emergencia, Profesor Auxiliar y jefe de esa Sala de Cuidados Intensivos, precisó que a la hora de particularizar en el trabajo de alguien en un servicio de terapia es muy difícil: “No podemos omitir ni equivocarnos, pero el personal de enfermería es un complemento importante de un gran equipo que incluye a tantos y tantos, con la participación de los Profesores Consultantes. Hacer sobrevivir a la paciente de las intervenciones quirúrgicas no es tan fácil, todas las indicaciones médicas e higiénicas hay que cumplirlas con exactitud.

Contamos —abundó — con personal bien calificado para las maternas complicadas, aunque cada enfermo es importante. Como parte del Programa de Atención Materno Infantil (Pami), su atención tiene sus particularidades por ser mujeres, casi siempre jóvenes, embarazadas o recién paridas, o tienen más hijos, son definitorias para nosotros y para la sociedad. Así garantizamos el futuro”.

A los dos meses decidimos dar alta a Adriana de la terapia intensiva”, dijo el Dr. Roura. Hubo despedidas y hasta lágrimas de ella, su familia y el personal”, a lo que agrego que también hubo ojos con lágrimas entre los entrevistados.

La joven agradeció a Dios y a sus médicos, así se refiere a ellos: “mis médicos”. Tuvo palabras de elogio hasta que un nudo en la garganta la llevó al llanto, sobre todo al comentar acerca de su bebé Samuel de Jesús Balboa.

Su esposo José no estaba en ese instante, pero sí su madre Olga Betancourt Ruiseco, quien dijo: “Sentirme en las nubes es poco. Agradezco a Dios por poner a esos médicos en el camino de mi hija, pido por ellos día a día. Lo que hicieron por ella ha sido muy grande, no han descansado un solo día y el director del hospital, quien la operó tantas veces, hasta en sus vacaciones estuvo pendiente.

Mi nieto está bien, el 17 de agosto le dieron el alta de la sala de neonatología del Hospital Materno, querían quedarse con él hasta que la mamá saliera de aquí. Desde luego, sufrí mucho, pero confié y todo salió bien. Nuestra familia se mantuvo unida y con mucha fe y amor para dar. Eso también ayudó y sentí el amor de los médicos de una manera muy especial”.

Adriana ya consiguió la realidad de otras tres de sus quimeras; una, fotografiarse con su cirujano antes de marcharse del hospital; otra, precisamente esa, regresar a su hogar; y la tercera que le hacía una ilusión intensa, tener a su bebé cerca y ofrecerle todo su amor.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Fotos: Otilio Rivero Delgado y cortesía del Dr. Manuel Chávez

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