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Con mucho aderezo de amor

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A la izquierda Abel Antonio realiza uno de los ejercicios del día.

Hace seis años el nacimiento de Abel Antonio Torres constituyó una verdadera preocupación para su familia. Sintieron mucho dolor, pero también una buena dosis de incertidumbre. Sus padres acudieron de inmediato a los servicios de Salud y conocieron cuáles eran las dificultades de su bebito.

El niño padecía de una catarata congénita y del Síndrome de West, una dolencia neurológica que afecta su desenvolvimiento psicomotor, o sea, que tiene dificultades en la visión y en su equilibrio, entre otras.

La rehabilitación era algo que se imponía entonces y al conocer del Centro de Equinoterapia y Rehabilitación Jardín de Sueños, de la Empresa Nacional de Flora y Fauna y de Salud Pública, en Camagüey, Cuba, no lo dudaron y de manera activa y sistemática se les ve por allí.

“Este servicio es maravilloso –dice Abel, el padre del niño--, fíjese que mi hijo comenzó aquí en silla de ruedas y ya viene, aunque con ayuda, por sus propios pies. Ha adelantado de una manera increíble, lo traemos desde que tenía un añito”.

Abel Antonio es único hijo y durante su primer año de vida es lógico que esta transcurriera de una manera diferente a la de cualquier niño sano. A partir de que fue atendido en este Centro, rodeado del verdor de la Naturaleza, de aire puro, de caballos y actividades de juego muy bien dirigidas a estimular y motivar la atención y distracción de los infantes, sin lugar a dudas, la calidad de vida mejoró y volvió la ilusión al hogar de esta familia.

En ese seno familiar conocen al detalle los sucesos relacionados con estos problemas de salud y cuál será el futuro, pero por sobre todas cosas, ha tenido la oportunidad de estar al tanto de cuánto desvelo hay detrás da cada unos de los trabajadores de esa instalación y que con todos pueden contar.

“Mi hijo ha aprendido aquí a relacionarse con los demás niños y con otras personas en general. Juega y se entretiene, a la vez que mejora sus movimientos. Le encantan los caballos, los conoce a todos y los identifica por sus nombres. Le repito, esto aquí es maravilloso, mucho agradecemos a este servicio”, aseguró su papá.

Este caso y otros que abordaremos en diferentes espacios nos demuestran que aquí no habrá cabida nunca a la indiferencia ni a la indolencia y sí a mucho compromiso, amor, dedicación y consagración sin límites.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

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