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Desde Haití, una voz camagüeyana

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El devastador y feroz terremoto que redujo a ruinas a Puerto Príncipe, capital de Haití, no fue el inicio de la odisea en esa nación sino más bien el remate. Es evidente que organismos internacionales acudieron con miras a apoyar tras el fatídico 12 de enero; sin embargo, da la impresión que nada es suficiente para levantar tamaña obra de ingeniería social como algunos medios la han calificado.

A pesar de los recursos financieros y materiales disponibles somos testigos de un mundo en que los países poderosos son mucho más eficientes al utilizar éstos en función de las guerras ante que ponerlos a merced de auxiliar a los humanos necesitados por enfrentar las secuelas de catástrofes naturales.

Conscientes de que lo primero es proteger a la humanidad, Cuba no ha cesado de ofrecer sus asistencias médicas a los más necesitados y excluidos de este mundo y Haití es una muestra de tal aseveración. Para conocer detalles al respecto nos comunicamos vía Internet con el doctor Jorge Tomás Balseiro Estévez, especialista en Psiquiatría y en Administración de Salud y director del hospital Psiquiátrico René Vallejo de esta ciudad, el que ofrece sus servicios en ese pueblo hermano.

-- El doctor Balseiro, llegó al país caribeño a los pocos días de la catástrofe. Ya en contacto con nosotros comentó:

-- Mi función aquí cambió desde que pisé el suelo haitiano. Realmente salí de Cuba con la misión de integrar un grupo de trabajo para atender la salud mental de nuestro equipo de respuesta durante el sismo, así como asistir de forma priorizada mediante el apoyo psicosocial a los niños y adolescentes grupo de mucho riesgo en estas circunstancias; entonces, me encomendaron la tarea de dirigir un hospital de campaña de nuestra brigada Henry Reeve de la cual formo parte, ubicado en Leogane, a  30 Km. de la capital, lugar muy cercano a donde se localizó el epicentro del evento sísmico aquí.

“Por tanto, dirijo el mencionado hospital, tarea que alterno con un equipo de salud mental que trabaja en la zona, y así cumplo, a la vez, con la tarea encomendada inicialmente.

“Este hospital de campaña, que se puso en funcionamiento cuatro días después del terremoto, tiene la misión de brindar atención a la población afectada directamente por el desastre. Cuenta con 12 carpas o tiendas de campaña que ofrecen los servicios de urgencias, terapia intensiva, quirófano, salón de partos, central de esterilización, rehabilitación, además de tener un equipo de trabajo o brigada que atiende la higiene y epidemiología de la zona y el control de vectores. Somos 38 cubanos y 17 haitianos.

“A este bloque  se le añaden las carpas dormitorios con facilidades para el baño y los servicios sanitarios improvisados, desde luego, para  condiciones de esta naturaleza. Contamos con un grupo electrógeno que asegura el funcionamiento básico del hospital y además, con la fuente de abasto de agua para cumplir la misión encomendada.

-- ¿Cuentan con personal médico de otros países?  

-- En mi hospital no, pero si en los alrededores hay de Alemania, Médicos Sin Fronteras y militares de una base canadiense, quienes ya comienzan a retirarse. Las relaciones con nosotros son buenas, todos están cooperando y la posición nuestra es esa, de cooperación.

-- A estas alturas, ¿qué es lo que más le preocupa de ese pueblo?

-- Lo difícil que será salir de esta situación. Es mucha la destrucción y demasiada la necesidad de recursos y financiamiento.

-- ¿Cómo han sido acogidos los cubanos?, a pesar de que los medios internacionales de comunicación silencian lo más que pueden nuestra presencia en ese país, o sea, ¿Qué percibe de la población nativa?

-- Mucha confianza en nosotros, por nuestro nivel profesional y la capacidad resolutiva de nuestras instituciones. Grandes multitudes se agolpan cada mañana desde horas bien tempranas en las improvisadas salas de espera. Son jornadas verdaderamente extenuantes.

Nos adoran, nos distinguen entre otros, nos prefieren, nos buscan, manifiestan mucho agradecimiento de cuanto hemos hecho, hacemos y haremos por ellos. Tienen confianza.
“Ese sentimiento está bien avalado. Pasadas  tres semanas de mi estancia aquí, hemos atendido a más de 28 mil personas, en su mayoría niños, que en los primeros momentos, acorde con la morbilidad, predominaron los casos quirúrgicos, más de 450, fundamentalmente amputaciones de miembros debido al estado de afectación por el trauma.

“Ahora momentos predominan las enfermedades transmisibles propias del empeorado estado de insalubridad del medio ambiente, a esto se le añade el gran número de partos, más de dos mil vacunaciones y 15 mil actividades sanitarias educativas, además de curas e inyecciones”.

-- ¿Qué es lo que más le ha impactado?

-- Sin dudas, el número de víctimas fatales, muchas de ellas aún bajo los escombros, así como la gran cantidad de personas a las que se les practicaron amputaciones, dado el estado en que quedaron sus miembros como ya le comenté.

“El  escenario recuerda lo que hemos visto después de un bombardeo en situaciones de guerra, ahí, en el suelo, observamos miles de viviendas, mercados, instituciones de salud, escuelas… Prácticamente todo está destruido, el panorama es devastador, no creo que otro terremoto haya producido semejantes consecuencias.

-- Dentro de tanta desolación, ¿encuentras alguna experiencia positiva?

-- La presencia cubana, que como dijera nuestro Comandante en Jefe Fidel, no llegó con el terremoto. Desde hace poco más de diez años ya había cubanos aquí. Ese 12 de enero se encontraban en Haití unos 400 cubanos en una brigada médica, y que milagrosamente ninguno sufrió lesiones graves. El número se ha ido incrementando a causa de la catástrofe, y ya la cifra alcanza más de 1 500 colaboradores, con un gran impacto pues estamos aquí en los lugares más afectados y en aquellos más inaccesibles y peligrosos, aún se mantienen las réplicas del terremoto, al amanecer (se refería al día que respondía) hubo una de 4,7… La notamos bien duro y ahora mientras escribo estas notas he sentido los temblores leves dos veces.

-- ¿Qué es lo más significativo en estos días?

-- Precisamente es cómo ha ido cambiando el tipo de paciente, acorde a una morbilidad con predomino de enfermedades infectocontagiosas, al mismo tiempo que muchos integrantes de organismos internacionales llegados para cooperar, ya comienzan a retirarse por considerar que la emergencia ha terminado.

-- ¿Y qué hay con los cubanos?

-- Nosotros seguimos y seguiremos aquí hasta que sea necesario, ya de hecho nuestro país está contribuyendo al diseño de lo que debe ser el sistema de Salud haitiano en lo adelante, por ahí andamos.

-- ¿Cómo calificaría el comportamiento de la Brigada Médica Cubana?

-- Como de costumbre, trabaja con mucha disciplina y entrega, sin horario, con breves descansos reglamentarios y el tiempo necesario para la alimentación, con un altísimo nivel de consagración y solidaridad sin límites, eso nos diferencia entre otros que prestan su ayuda aquí. Sin chovinismo alguno, somos un ejemplo muy difícil de imitar… ¡Oiga, cuando arrancamos no hay quien nos siga! Nuestro colectivo ha expresado la gran voluntad de servir en cualquier parte que necesite este pueblo, de hecho a muchos de nuestros compañeros ya les han asignado nuevas tareas en otros departamentos del país.

“No lo dude, nuestro colectivo es de avanzada, lo integran profesionales de todo el país, de nuestro Camagüey me acompañan cuatro más que están trabajando muy bien y son excelentes compañeros”.

-- ¿Han contado con la presencia de los militares estadounidenses?

-- No, pese a estar ubicados al lado de una base Militar, por supuesto, no ha faltado la oferta de protección, mas la rechazamos por considerarlo innecesario. Hemos sido capaces de organizar la atención y educar a la población  para que reciban de forma organizada la atención que procuran en nuestro centro, además, como le comenté este pueblo nos respeta y nos quiere, ellos mismos nos protegen y cuidan, no nos hacen falta militares.

“En Puerto Príncipe, sobre todo en los primeros días, frente a los hospitales como debe haber visto por nuestros medios de comunicación y los internacionales, sí se apreciaba la presencia de militares armados, cuya conducta era muy hostil para controlar al personal que acudía desesperado a recibir atención o a aquellos que deseaban acompañar a sus seres queridos hospitalizados, esto lo hacían bajo el supuesto de “brindar seguridad”.

-- ¿Qué ha significado para usted tamaña experiencia?

-- Sin dudas una vivencia irrepetible, jamás podré olvidar tantas escenas de dolor, tanto sufrimiento. Veo, además, un futuro ensombrecido para esta tierra, pues se necesitará de mucho tiempo y recursos para la reconstrucción de Haití, entorpecida por la presencia militar estadounidense que poco hace por las verdaderas necesidades de este pueblo, sumado a lo precario de la infraestructura socioeconómica arrastrado por tantos y tantos años.

“Igual me ha dado la oportunidad de comparar, una vez más, cuánto tenemos en Cuba aun cuando es un país bloqueado por los Estados Unidos y cuánto debemos cuidar nuestro sistema social.

“Es esta una huella imborrable por acompañar a un pueblo víctima de semejante desgracia y que quedará por siempre en nuestro corazón y es lo que me inspira y me compromete en tan noble empeño, unido al aliento que me brinda mi querida familia cada día, que aguarda pacientemente  por mi regreso”.

-- Dentro de tanto trabajo y preocupación por el prójimo, ¿tiene cabida algún orgullo?

-- Siento la honda satisfacción de cumplir con el sagrado deber internacionalista que enfrento por tercera ocasión (antes en Angola y Guyana) y por contribuir a devolver la sonrisa a este noble pueblo con su endeble sistema de Salud, apoyado por la colaboración cubana, para enfrentar un cuadro de morbilidad matizado por el predominio de las enfermedades transmisibles, que recibe además ayuda de organismos internacionales que no logran la cobertura asistencial necesaria dada la alta incidencia de estas enfermedades.

-- De las tres misiones ¿cuál ha sido la más impactante?

-- Ésta, para qué le cuento.

El doctor Balseiro dejó dos hijos en Cuba: Jorge de 19 años, que estudia Medicina, y Carlos que termina el 9º grado, también a su esposa Idanis y un poco más lejos a Grétel, su hija Estomatóloga, próxima a terminar su misión internacionalista en Guyana.

Por medio de nuestra publicación quiso hacer llegar un saludo a sus colegas del Hospital Psiquiátrico, que junto al colectivo de trabajadores seguro comprenden con creces su justificada ausencia por la tarea que hoy cumple.

“¡Saludos a mi Camagüey!”

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Cortesía del entrevistado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

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