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En Camagüey: Intercambio de saberes sobre artroscopia de hombro

En Camagüey: Intercambio de saberes sobre artroscopia de hombro

Desde ayer y hasta hoy sesionó en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, Cuba, el encuentro académico sobre artroscopia de hombro con la presencia del Profesor suizo Eduard Buess, experto en ese proceder médico mínimamente invasivo, con vistas a enriquecer e intercambiar conocimientos con los especialistas del patio.

El Doctor Buess tuvo a su cargo un número importante de conferencias magistrales, incluso ante los pacientes, cinco de ellos beneficiados, además, al ser operados por el galeno y como actuaron como asistentes los Doctores en Ciencias Médicas Osvaldo García Martínez, de Ciego de Ávila y Alejandro Álvarez López, del citado centro hospitalario.

Reidel J. Romero Ayala, de 46 años, trabajador del Combinado Cárnico Álvaro Barba Machado en Colombia, localidad de Las Tunas, Ania Guevara Basulto, de 44 años, médico de la policlínica Joaquín de Agüero y Wilfredo Quincoses Santana, de 53, licenciado en terapia física y rehabilitación en Medicina Deportiva, los dos últimos de Camagüey, luego de ser intervenidos quirúrgicamente por daños en uno de sus hombros, evolucionaban perfectamente y mostraron agradecimiento hacia los profesionales de la Salud involucrados.

Estaban en proceso de ser operadas una paciente de la capital del país, y otra del municipio de Vertientes.

Reconocidos especialistas y residentes de ortopedia, tuvieron la posibilidad de intercambiar hasta sus saberes con el Doctor Buess, quien se refirió a las técnicas operatorias más novedosas y cuáles son los caminos a seguir en cuanto a la posterior rehabilitación.

Por su parte, la Dra. Lisset López Barrueco, especialista de 2do. grado en anestesiología y reanimación, dio a conocer la complejidad a la hora de lograr estabilidad y relajación en los pacientes, sin olvidar la necesidad de la analgesia, por lo cual combinaron el bloqueo del plexo braquial con la anestesia general, todo en favor de mantener la hipotensión y controlado el sangramiento.

El Dr. Javier Lorenzo Estévez Benavides, especialista en imagenología y jefe de ese servicio en el "Manuel Ascunce", fue otro eslabón fundamental en esa cadena que constituyó el equipo médico para conseguir el éxito.

En la mencionada institución se aplica la artroscopia también para otras articulaciones como la rodilla y tobillo, mientras la de hombro se inició en el 2016, de conjunto con los especialistas de Ciego de Ávila y en la mayoría de los casos reportados hasta la actualidad, provincia visitada por el Doctor Buess desde hace más de diez años.

El Profesor Osvaldo García dijo que se preparan para el XIV Simposio que responde al Proyecto Haciendo Puentes a través de la Artroscopia, previsto entre el 18 y 21 de abril próximo y que acoge anualmente en la provincia avileña a especialistas en Ortopedia y Traumatología de diversos países, oportunidad donde exponen los logros en la artroscopia aplicada en todas las articulaciones en Cuba y se conocen las novedades a nivel internacional, como una vía de ampliar conocimientos y hacer sostenible lo alcanzado en este proceder médico tan útil y económico para el paciente y el Estado.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Fotos de Otilio Rivero Delgado

Camagüey: tasa de mortalidad infantil más baja de su historia

Camagüey: tasa de mortalidad infantil más baja de su historia

Hace apenas unas horas la provincia de Camagüey, Cuba, finalizó el 2017 con la mejor tasa de mortalidad infantil de su historia, o sea, con tres fallecidos por cada mil nacidos vivos, incluso, por debajo de la media nacional.

Más ilustrativo resulta conocer que durante los últimos doce meses fueron registradas 10 defunciones menos en niños menores de un año, al compararlas con las del 2016 que terminó con una tasa de 4,33, aun cuando los nacimientos fueron superados en más de 240.

Los municipios Florida y Najasa cerraron sin fallecidos, mientras estuvieron por debajo de la registrada a nivel provincial: Minas, Nuevitas, Sibanicú, Camagüey y Santa Cruz del Sur, de acuerdo con los datos preliminares ofrecidos por especialistas del Departamento de Registros Médicos y Estadísticas de Salud, de la Dirección Provincial de ese sector.

Por su parte, la Dra. Ivette Alicia Prince Martínez, jefa de la sección del Programa de Atención Materno Infantil (Pami) en ese nivel, especialista de 2do grado en Pediatría y en Cuidados Intensivos y Emergencias, se refirió a que durante el 2017 en el territorio agramontino hubo estabilidad en los indicadores trazadores, debido a que el Ministerio del ramo invirtió recursos en la capacitación de su personal, en la adquisición de tecnologías de avanzada y en la mejoría del confort y de estructuras de los centros asistenciales, y con equidad, no importa el sitio en que estuvieran enclavados.

Incluso así, abundó la también Máster en Enfermedades Infecciosas los resultados podrían modificarse para bien, si toda madre apta lactara a su hijo de manera exclusiva durante los seis primeros meses de vida del bebé, y la mantuviera combinada por dos años, si la anticoncepción estuviera respaldada por métodos convenientes y nunca mediante el aborto, y si las adolescentes evitaran embarazarse.

Se registra en este año una muerte materna directa y dos indirectas, estas últimas por encontrarse embarazadas, pero las causas de fallecimiento fueron ajenas a ese estado.

Cabe mencionar que en el hospital Materno Ginecobstétrico Universitario Ana Betancourt, el segundo más grande de Cuba, donde los partos superan anualmente los 6 000, y en este último 6 201 nacidos vivos, la tasa fue de 1,1 fallecidos por cada mil nacidos vivos, igual la más baja de su historia, sin muertes maternas en los últimos cuatro años.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto del álbum familiar

Mirada íntima al primer trasplante con donante vivo en Camagüey

Mirada íntima al primer trasplante con donante vivo en Camagüey

         En la foto de Otilio Rivero Delgado ya el riñón había dido perfundido.

La noticia fue ayer, envuelta de mucha tensión, expectativa y felicidad. El hecho sucedió en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, Cuba. Era el primer trasplante renal con donante vivo o emparentado genéticamente como también se le denomina.

El suceso en sí mismo ya era relevante, pero al conocer que el donante solo cuenta con 23 años de edad y es el hijo del receptor, de 51, la admiración ocupó un espacio muy especial entre todos los que fuimos testigos del acontecimiento. Se hablaba de esa incertidumbre que rodea una operación de tal naturaleza, pero siempre acompañada de ese gesto de infinito amor entre los dos protagonistas.

Carlos Peón Casas, quien padecía desde hace seis meses de una insuficiencia renal crónica, que le provocó la necesidad de acudir a la hemodiálisis como método depurador tres veces a la semana, conversó con los periodistas con gentileza, seguridad en sus médicos y en su fe, para más era el Día de la Inmaculada Concepción. Pudo hacerlo porque la anestesia recibida fue la peridural. Estaba seguro de que todo saldría bien, no podía ser de otra manera. Para conocerlo un poco más decir que es licenciado en Lengua Inglesa y bibliotecario del Arzobispado aquí.

Con Francisco Javier, ese hijo con tan lindo acto de amor y desprendimiento, fue diferente, su anestesia era general y no alcanzamos a intercambiar criterios. De todas maneras quedó pendiente la posibilidad de hablar con ambos ya en otras circunstancias y antes de que regrese a La Habana a continuar sus estudios de Química Pura, carrera que terminará el actual curso.

Mi colega de la televisión Rosa Blanco Ramos me decía bajito: “Aquí se respira muy buena vibra, todo saldrá bien”. Y tenía razón, en esas tres horas y en quirófanos contiguos los doctores Roberto Cruz Mayo, urólogo y jefe de servicio de trasplante del hospital Lucía Íñiguez, de Holguín, Abel Ruiz de Villa Suárez, jefe del servicio de trasplante de la región Centro-oriental del país, y Ramón Estopiñán Cánovas, los dos últimos cirujanos de la institución camagüeyana, y Aurelio Monterrosa, residente colombiano, finalizaron con éxito y con la satisfacción incluida de que aún en la mesa operatoria se observó la diuresis inmediata, o sea, emisión de orina.

Vivir algo así reconforta. Esos médicos son reparadores de vidas, no pierden un segundo y aunque se cansan, no lo parece. Verlos cómo disfrutan con sencillez la felicidad de otros hace que sintamos un aprecio superior, y me refiero a todo el equipo, a los que logran mantener a los pacientes sin dolor, sin miedos, aseguran sus vidas y a aquellos que con sus manos quitan, ponen, conectan y al final llevan calidad de vida al prójimo.

Fue muy estimulante ver el actuar de los especialistas en anestesiología y reanimación, los doctores Arián Benavides, Pedro Julio Hernández y Gabriel García Molina, quienes estuvieron acompañados por los licenciados Oscar Cárdenas, Cristian Figueroa y Doralis Mendoza, indistintamente, según el acto quirúrgico. Con un equipo como este es obligado que el enfermo se sienta bien, confíe y muestre su orgullo hacia estas personas. No los dejaron un solo instante, y en el caso de Carlos, con una conversación oportuna y de aliento.

Hoy en la mañana pasé un mensaje al celular del Profesor Ruiz de Villa para conocer la situación, el que me respondió así: “Todo está muy bien, los dos pacientes en muy buen estado y todos felices…”, y aunque ayer no pensamos mucho en esto, hoy la noticia se enriquece porque la felicidad de esa familia nos alimenta el alma máxime al saber de primera mano que cuando el órgano se extrae de una persona viva, este sufre menos, las posibilidades de éxito son mayores porque la intervención quirúrgica es planificada para el mejor momento del receptor y el donante, pues no tiene carácter urgente, el grado de compatibilidad es óptimo, con la consabida reducción de las probabilidades de rechazo y se eleva la supervivencia del receptor.

Como un sueño hecho realidad calificó el doctor Ruiz de Villa lo logrado en esta ocasión, el trabajo en equipo, dijo, ha sido fundamental, pues se requiere de mucho apoyo y cooperación entre directivos y galenos, opinión aprobada por el doctor Estopiñán Cánovas, a lo que agregó que ahí es donde está el secreto del éxito en cualquiera de nuestras instituciones. En esta son realizados los implantes de riñón desde 1978 y hasta la fecha se han efectuado 553 trasplantes renales con este último. Los anteriores con órganos de pacientes fallecidos.

Otra familia feliz después de vivir meses de dolor. Ese es el mejor acicate de ese equipo dedicado a la trasplantología, con disposición de continuar, siempre en busca de elevar la calidad de vida de tantos y tantos, que a su vez, agradecen.

Texto y vídeo: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto de Otilio Rivero Delgado, al instante en que fue extraído el riñón.

Ya los cirujanos tenían listo a Carlos (el receptor), para recibir el riñón. Foto de Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui).

Los cirujanos perfundían el órgano. Foto de OLVV (Cuqui)

El vídeo muestra una pequeña parte del acto de trasplante.



 



3 de diciembre: Día de la Medicina Latinoamericana

3 de diciembre: Día de la Medicina Latinoamericana

   El Profesor Rafael V. Pila, cuando era reconocido Por la Obra de la Vida.

Doy fe de que cada 3 de diciembre los trabajadores del sector de la Salud celebran su Día y el de la Medicina Latinoamericana de igual manera y diferente a la vez. Como cada año, en esta ocasión, para homenajear y recordar el 184 aniversario del natalicio del insigne médico e investigador camagüeyano, Carlos J. Finlay, sesionó el Consejo Científico Provincial de la Salud, aquí, precisamente en el teatro del hospital universitario Manuel Ascunce Domenech.

Ante lo ocurrido sucede que uno se pregunta antes de escribir, ¿cómo relaciono los hechos?, y piensa: todos tienen importancia por igual, y es cierto, solo que al andar juntas las evocaciones y los reconocimientos, la duda llega.

La Oración Finlay es una práctica anual con sus orígenes en 1933 y fue la Dra. María del Carmen Romero Sánchez, presidenta del Consejo Científico Provincial y Rectora de la Universidad de Ciencias Médicas, que lleva el nombre de ese grande de la medicina universal, quien la tuvo a su cargo.

Trascendió que el Dr. Carlos J. Finlay estudió la carrera de Medicina en Filadelfia, EE.UU., donde se graduó en 1855, considerado entre los diez mejores egresados de todos los tiempos del Jefferson Medical College. Dejó su impronta en la medicina clínica y quirúrgica, con una dedicación particular a la oftalmología más allá de su trascendental aporte al descubrir el modo de contagio de la fiebre amarilla e identificar el agente biológico (mosquito hembra) que la transmite de un individuo enfermo a uno sano mediante su picadura.

Este eminente científico fue un estudioso de la prevención del tétanos en el recién nacido, y según el criterio de historiadores fue el que describió el primer caso de hipotiroidismo en Cuba. Tuvo las características esenciales de los grandes hombres: la sencillez, humanismo y empeño de mejorar la calidad de vida del prójimo.

Ahora los reconocimientos. Todos importan igual. Por la trayectoria laboral y entrega sin límites fueron reconocidos los profesores Rafael Víctor Pila Pérez y Odrey Ravelo Gutiérrez, por el Sindicato de los Trabajadores de la Salud y la dirección provincial del sector.

El Premio Anual de Publicación 2016, por la destacada inserción de artículos en la Revista Archivo Médico, de esta ciudad, se les otorgó al miembro Titular de la Sociedad Cuba de Ortopedia y Traumatología y de la Internacional de esa especialidad, Investigador Titular, Máster en Urgencias Médicas y Doctor en Ciencias Médicas, Alejandro Álvarez López; y al Dr. en Ciencias Epidemiológicas Carlos M. Ardila Medina, Profesor Titular de la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia, de manos del Doctor en Ciencias Jorge Santana  Álvarez, director de dicha revista.

Un momento muy especial resultó cuando el Doctor en Ciencias Médicas Miguel E. García Rodríguez, director del “Manuel Ascunce Domenech”, dio a conocer la resolución que ampara la decisión de que el Teatro de esa institución, escuela de excelentes profesionales, lleve a partir de ahora el nombre del Dr. Rafael Víctor Pila Pérez, a quien la Dra. Romero Sánchez entregó el justo reconocimiento Por la obra de la Vida, precisamente por su brillante trayectoria docente, asistencial e investigativa, con perseverancia y disposición de enseñar a las nuevas generaciones, y de estas dice él mismo: “aprendo”.

Texto y foto: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Gran Premio para Camagüey en Concurso Anual de Salud 2017

Gran Premio para Camagüey en Concurso Anual de Salud 2017

El Dr.C. Valentín Salvador Rodríguez Moya recibe de manos del Dr. Roberto Morales Ojeda, Ministro de Salud Pública de Cuba y miembro del Buró Político del Comité Central del Partido, el Gran Premio, durante el acto de entrega del Premio Anual de Salud 2017, en la sede del ministerio. Foto: Marcelino Vázquez (ACN)

Vía Internet y desde La Habana, conocimos que el Doctor en Ciencias Valentín Salvador Rodríguez Moya, de esta ciudad, fue merecedor del Gran Premio de la edición XLII del Concurso Nacional Premio Anual de la Salud, primera ocasión que lo recibe un profesional fuera de la capital, donde sesionó el certamen con este fin desde ayer y culminó hoy con la entrega de galardones.

El lauro fue concedido por su artículo científico: Reclutamiento alveolar y surfactante exógeno en el tratamiento del síndrome de dificultad respiratoria aguda, en el que refleja los resultados de la investigación original, multicéntrica y nacional, salida de un ensayo clínico que muestra la eficiencia del Surfacén, producto natural cubano con importantes resultados contra esa enfermedad.

La información fue ofrecida por el Dr. C. José Luis Cadenas Freixas, director del Consejo Provincial de Sociedades Científicas aquí; dio a conocer, además, que en este Concurso, el más relevante del Ministerio de Salud Pública (Minsap), esta vez el del 2017, recibieron menciones: Identificación molecular de genotipos papiloma virus humano en pacientes con cáncer de cuello uterino, también en artículo científico, del  Dr. Juan Carlos Piña Napal y otros autores, todos de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Carlos J. Finlay.

Asimismo, alcanzaron menciones: Actualización de los hábitats larvarios de Aedes aegypti (Diptera: Culicidae) en Camagüey, Cuba, del MS. c. Lorenzo Diéguez Fernández, acompañado de otros investigadores del Centro Provincial de Higiene, Epidemiologia y Microbiología; y Patrón común y variables anatómicas del círculo arterial del cerebro en población camagüeyana, en la categoría de Tesis de Especialidad, de la Dra. Mayrelis Pacheco Mayedo, y otras autoras, de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Carlos J. Finlay.

Quiere decir que las cuatro investigaciones finalistas de la provincia agramontina obtuvieron reconocimientos.

El Dr. C. Cadenas Freixas comentó que para  la LXII Edición del Premio Anual de la Salud 2017 se presentaron en la instancia nacional un total de 124 investigaciones y el jurado evaluador estuvo conformado por 38 Doctores en Ciencias.

Las premiaciones sucedieron hoy,  en el salón Ernesto Guevara, del Minsap,  con la presencia del Ministro del ramo, Dr. Roberto Morales Ojeda, viceministros y funcionarios, directores provinciales de Salud, rectores de las Universidades Médicas del país, y directores de los Consejos de Sociedades Científicas de la Salud en Cuba.

Por alcanzar los mejores resultados fueron reconocidas las provincias de Camagüey (la dirección provincial de Salud y la Universidad de Ciencias Médicas), juntamente con Holguín y La Habana.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto: de Marcelino Vázquez (ACN), tomada de adelante. cu

En Camagüey, segundo trasplante de riñón en edad pediátrica

En Camagüey, segundo trasplante de riñón en edad pediátrica

    Yurisan quiso posar de pie con sus médicos Estopiñán y Ruiz de Villa.

No puede decirse que la mirada de Yurisan Villavicencio Matos, de 16 años de edad es triste, pero tampoco vi en ella la alegría de un niño de su edad. Le pregunté cuáles eran sus planes y respondió no saber. Más bien creo, que lejos de no saber, lo que reina en su alma es la indecisión mezclada con cierta sorpresa. Él, con residencia en el municipio de Florida, de Camagüey, Cuba, disfruta de una vida diferente a la que llevaba hace apenas unos días.

Les cuento. Resulta que con 15 años fue remitido desde su territorio de origen al hospital pediátrico Eduardo Agramonte Piña, con un cuadro de hipertensión arterial grave y se comprobó que padecía de una insuficiencia renal crónica terminal. Así nos dijo la Dra. Isabel Ma. Vallina, especialista en Pediatría, verticalizada en la Nefrología en el mencionado centro asistencial. Hasta ella llegamos y percibimos su infinita alegría.

Desde entonces se mantuvo bajo un chequeo exhaustivo y fueron solucionándose no pocas complicaciones debido al daño en sus dos riñones.

Yurisan fue ingresado cuando se sufría en Camagüey el paso del huracán Irma. Se adoptó esta medida para protegerlo: “por si acaso”. Se chequeó y todo en su organismo marchaba de manera estable. Me contó la Dra. Isabel María que al ver los resultados todos los médicos del servicio de Nefrología para niños coincidieron en: “Está en un momento ideal para recibir un riñón”.

Pasado el peligro del ciclón fue para su casa floridana y allí le llegó la noticia. Una familia solidaria estuvo de acuerdo en donar el riñón de uno de los suyos acabado de fallecer. Eso ocurrió el 17 de septiembre, día en que fue extraído el órgano por el mismo equipo que lo implantó después.

El lunes 18  Yurisan recibió ese riñón de manos del MS. c. Doctor Abel Ruiz de Villa, quien actuó como cirujano principal, asistido por el Dr. Ramón Estopiñán, y formaron parte de ese equipo los anestesiólogos y reanimadores el Dr. Gabriel García y la licenciada Doralis Mendoza, los licenciados en enfermería Oscar Cárdenas y Cristian Figueroa, el Dr. Raymundo Abreu, como coordinador regional de trasplantes, y el personal de servicio. El acto quirúrgico fue en el Centro de Nefrología, del hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de esta ciudad.

Todos están felices al igual que los galenos del servicio de Nefrología de la institución pediátrica y los que allí laboran, donde supieron llevar los tratamientos adecuados para llevar al niño a este acontecimiento que duró apenas una hora y 20 minutos, tiempo en que le quitaron de encima ese gran peso de venir a Camagüey tres veces por semana para beneficiarse con las hemodiálisis (para extraer su sangre, pasarla por un filtro a través de un monitor y devolvérsela depurada, limpia de toxinas), algo que necesitó por nueve meses.

Él fue el segundo chico más joven que recibió un riñón ajeno y quiso la casualidad que los dos fueran del mismo municipio. Supe que se conocen, Reilandy Barrueto, el primero, llegó hasta la sala y se asomó por los cristales para verlo y ofrecerle su seguridad en este proceso.

Yurisan y su tía Milady Matos, quien lo cuidaba al momento de nuestra visita, mostraban optimismo porque ya la vida era diferente, aunque, al parecer, están medio sorprendidos aún. Reconocieron la atención profesada por los profesionales de la Salud durante toda la evolución de la enfermedad, en la que se mantuvieron unidos los de ambas instituciones hospitalarias con un mismo fin: normalizar su existencia.

El chequeo, más la cantidad de orina que avacua y otros parámetros, indican que todo marcha muy bien.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Fotos de Otilio Rivero Delgado

Condecito: un héroe anónimo

Condecito: un héroe anónimo

Damaris Hernández Marí, profesora en las carreras Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, me pidió publicara aquí esta entrevista realizada por ella cuando daba sus primeros pasos en los estudios de la carrera. Gustosa accedí, primero por ser una joven colega que admiro; y segundo, por tratarse de un médico querido. Ella creyó oportuno hacerle este exordio, algo que pienso es necesario para entender, y se los dejo. Gracias.

Cuando un amigo se nos va nos quebranta el alma porque supone decirle adiós, hasta nunca, hasta más ver. Hace poco el neonatólogo Dr. Arturo Conde Ramírez decidió partir de este mundo, pero es de esos hombres que amén de las distancias físicas dejan huellas indelebles en todos aquellos que conocen. Muchas camagüeyanas y camagüeyanos vieron la luz gracias a él y muchos estudiantes de medicina aprendieron cómo se materializa el amor y la entrega en una de las profesiones más humanas viéndolo obrar cada día en el Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piña, de Camagüey, Cuba, al que dedicó gran parte de su vida. Aún recuerdo cuando empezaba a estudiar Periodismo y nos pidieron que hiciéramos una entrevista a alguna personalidad de la provincia, y enseguida pensé en Condecito —como cariñosamente lo llamábamos— el médico prestigioso, el profesor consagrado, el vecino servicial, el amigo entrañable. Aquí la comparto como sencillo homenaje a quien merece nuestro agradecimiento por haber existido.

 

 El mayor anhelo de cualquier periodista es entrevistar a una personalidad, a esos hombres  y mujeres cuya vida y obra los ha colocado en la palestra pública, a tal punto que con solo decir su nombre atraen multitudes ansiosas de estrecharles la mano. Pero… ¿y qué me dicen de esos héroes cotidianos confinados al anonimato, esos que desde muy temprano encontramos desandando nuestras calles camino al trabajo para servir al pueblo – y servirlo bien – y de los cuales, sin embargo, desconocemos su historia? El neonatólogo, Dr. Arturo Ramón Conde Ramírez, es uno de esos héroes cotidianos al cual muchos camagüeyanos y camagüeyanas le deben la vida ¿Cuántos al nacer habrán sido recibidos por él?.

Condecito, como cariñosamente le llaman familiares y amigos, me recibe en su casa con una sonrisa en los labios. La sala, ambientada con estantes de libros perfectamente clasificados, revela su gran afición a la lectura y su constante estudio de la literatura médica. Conde me abre la puerta a su hogar y relata su vida en un hablar pausado que no cree en premuras, lección tal vez aprendida en su trato con pacientes y alumnos.

— ¿Cómo su niñez marcó al hombre que es hoy?

— Nací en Camagüey el 12 de noviembre de 1948. Mi niñez transcurrió en esta casa, donde viví  con mis padres y mi hermano, nacido cuando yo tenía once años. Realmente fui muy feliz.

“Mis padres pertenecieron al Partido Socialista Popular, presidido por Blas Roca Calderío, por lo que desde pequeño me formé en el seno de una familia revolucionaria.

"Mis estudios transcurrieron siempre en esta ciudad. A los doce años, en 1960 ingresé en la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) y en 1962 pasé a la Unión de Jóvenes Comunistas, por lo cual fui fundador de la misma. Durante mi estancia en la AJR ocupé el cargo de secretario general del comité de base.

"En el año 1978 pasé al Partido Comunista de Cuba (PCC), donde actualmente milito. He sido miembro del Comité del PCC por varios años en los diferentes hospitales en que he trabajado y fui miembro del Comité Municipal durante mi estancia en Nuevitas".

— ¿Qué le cautivó de la medicina que lo llevó a decidirse por ella en 1967?

— Me incliné hacia la medicina por dos motivos fundamentales. Primero, sería el primer  médico de la familia, y segundo había una gran necesidad en el país de especialistas de la salud. En esos años la mayoría de los médicos lo abandonaron y se fueron a otros lugares en busca de mejoras económicas y sociales, lo cual creó un déficit de personal médico en los centros de salud. A la nueva generación nos tocó asumir ese gran desafío.

"Comienzo estudiar medicina en Santiago de Cuba en el año 1967 hasta el cuarto año. A partir del quinto año regreso a Camagüey porque ya se había inaugurado aquí la facultad.

"Y al terminar la carrera en 1973, soy ubicado en el Hospital Comandante Piti Fajardo del municipio  Florida y me desempeño allí como Jefe de Pediatría hasta el año 1980. También he prestado servicios en los municipios Carlos Manuel de Céspedes, Nuevitas y en Camagüey, mi ciudad natal".

— ¿Por qué tanta pasión por la pediatría?

— Siempre me gustó trabajar con el niño. Es más difícil. El adulto al llegar a la consulta puede explicarte qué siente, dónde es el dolor; pero los niños pequeños no saben decirte qué sienten, en qué lugar les duele. En el caso de los neonatos que atiendo, no hablan siquiera y como médico tengo que interpretar los síntomas a partir de su llanto, del reconocimiento clínico que les hago y de la información que puedan brindarme los padres. El éxito del tratamiento depende de los conocimientos, las habilidades y la intuición que el pediatra haya adquirido con la experiencia. Eso sí, para ser pediatra tienes que amar a los niños.

— ¿Por qué trabajando en Camagüey decide ir a prestar sus servicios al municipio de Nuevitas?

— En el año 1985 se inaugura el Hospital Martín Chang Puga, de Nuevitas y se requería que médicos de Camagüey prestaran sus servicios en él. Ante esta necesidad decidí dar el paso al frente y fui como especialista en recién nacidos. Nunca antes en ese lugar hubo una especialidad como esta. Fue una experiencia muy bonita, guardo gratos recuerdos de ese hospital, del cual fui uno de sus fundadores y en el que trabajé durante 18 años.

— En 1985 termina el primer grado de la especialidad de neonatología, sin embargo continúa sus estudios…

— El fin de todo médico es alcanzar la categoría de segundo grado, aunque esta se obtiene únicamente en Cuba. Significa más años de experiencia, estudio, profundidad y solidez en los conocimientos, lo que permite atender con mayor profesionalidad a los pacientes. Esta categoría tiene un reglamento muy estricto; si no lo cumples no puedes obtenerla.

Muchos tal vez no sepan del gran valor de este hombre de menuda complexión física y poco entrenamiento militar que se alistó en las filas de la brigada médica que cumplió misión internacionalista en Angola.

— Corría el año 1978 cuando se hizo un llamado a los médicos integrados políticamente. Te diré que fui como médico general, para atender heridos y otros menesteres de la guerra. Así pasé algún tiempo. Después se enteraron de que yo era pediatra y comencé a trabajar en un hospital de maternidad en Luanda. Luego me trasladé a un municipio para inaugurar la especialidad de pediatría y por último trabajé como médico para adultos en las caravanas militares.

— ¿Qué le aportó en su carrera el haber permanecido 18 meses en Angola?

— Aprendí mucho como médico: que se puede ejercer la medicina sin muchos recursos y que se puede curar a veces con una sonrisa.

Aún hoy se emociona cuando habla de esta tierra hermana. Su mirada se escapa como aferrándose a los recuerdos que prefiere no comentar ante la petición de una anécdota.

 — Realmente el pueblo angolano es humilde. A lo largo de la historia fue reprimido por muchos países que saquearon sus riquezas y lo mantuvieron en un estatus de colonia. Por eso su sistema de salud era precario. Cuando conoces a los angolanos y sientes amor por ellos son incondicionales. ¿Recuerdos gratos? Muchos, muchos. Otros, por lo demás, muy duros y crueles, como las emboscadas, las bombas en los caminos, los bombardeos nocturnos en los cuales vi morir a varios de mis compatriotas…Prefiero no tocar ese tema.

Arturo no es solo médico. El magisterio ya forma parte indisoluble de su vida y no se imagina sin esas ocho horas diarias que dedica al arte de enseñar y que muchas veces se multiplican.

En el momento de esta foto impartía clases a dos estudiantes argentinos.

— ¿Qué experiencias conserva al saberse formador de nuevas generaciones de médicos desde hace cuatro décadas?

— Ahora en 2011 se cumplen cuarenta años. Recuerdo que en 1971 impartía clases de Anatomía en la Escuela de Enfermería de forma gratuita. Cuando vas por la calle o llegas a algún lugar y te reconocen como su profesor es una forma de alimentar el espíritu de maestro que todos llevamos dentro.

"Actualmente me dedico a la docencia de Pre-cátedra de Pediatría en la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay, de esta ciudad, donde atiendo a los estudiantes de cuarto y sexto años".

— Y al saber que sus conocimientos y un pedacito de usted se hallan diseminados por África y Latinoamérica en los jóvenes que ha ayudado a formar,  ¿qué siente?

— Es lindo, es saludable tener la oportunidad de ver fotos o videos en los que reconozco los rostros de mis alumnos trabajando en otros países. Y cuando tengo contacto con ellos y me dicen: “gracias a usted hemos llegado hasta aquí”, me lleno de satisfacción —refiere algo sonrojado, como quien no cree merecer tantos elogios—. Es bueno saber que estás ejerciendo la medicina no por el dinero, sino por la deuda que tienes con la humanidad.

Aunque su modestia le impide hablar de sus éxitos, el doctor Arturo Conde ha participado en más de cincuenta eventos científicos provinciales y municipales relacionados con la pediatría. Participa en el Congreso Nacional de Pediatría que se efectúa cada dos años y fue delegado al Congreso Internacional de Neonatología 2010, celebrado en Cuba por primera vez. Numerosas son las distinciones de este médico, Máster en Atención Integral al Niño, entre las que resaltan, la XXX Aniversario de la Fundación de la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay,  la medalla de trabajador internacionalista 1980 y la medalla José “Piti” Fajardo por treinta años de servicio en el sector de la salud.

— ¿Quién es Arturo Conde cuando no viste la bata blanca?

— Pues un hombre que disfruta de su familia y de su tiempo libre. De vez en cuando hay que escuchar música, ver la televisión, un video, tomarse un café con las amistades… Ahora que los tiempos han pasado y ya las hojas que le van quedando al almanaque son menos tengo la necesidad de este tiempo en familia. Me encanta leer, es una excelente manera de relajarme y aprender, pues el médico al igual que el periodista debe aprender y estudiar diariamente. “Aunque mis horas libres son pocas, las aprovecho para compartir con mi esposa Marieta, que es enfermera y siempre ha sido mi compañera de luchas, y con mi hijo Arturo, que no siguió mis pasos en la Medicina, sino que se inclinó por la Contabilidad.

—A su casa acuden madres y padres buscando atención médica para sus pequeños hasta altas horas de la noche. ¿Qué significa ser esa persona en la que se depositan todas las esperanzas?

— Cuando era joven me disgustaba que me molestaran fuera del horario de trabajo. Ahora lo veo como una necesidad tanto para el paciente como para mí. Comprendí que la carrera de médico es de veinticuatro por veinticuatro horas y que se es médico todo el tiempo. Si no me “molestan” no estoy realizado, no soy feliz.

— ¿Qué le recomendaría a los jóvenes galenos que hoy se inician en la pediatría?

— La pediatría es una especialidad que en nuestro país cuenta con muy pocos profesionales. Hay un principio inviolable y es que tiene que gustarte trabajar con el niño, tienes que amar al niño. El pediatra es un sacerdote del infante. Si no te gusta ni te asomes a ella. Pero de que estamos necesitados actualmente en el mundo entero de esta especialidad es una realidad absoluta.

—Y si no hubiera sido pediatra, ¿qué otra profesión le hubiera gustado ejercer?

— Esa pregunta es muy fácil y a la vez muy difícil de contestar. Cuando tú eres joven fuiste de una forma y ahora eres de otra, porque los cambios te ayudan a pensar. Por lo tanto he pasado desde limpiabotas hasta aviador, pero si tuviera la oportunidad de volver a vivir elegiría nuevamente mi profesión.

Y es que para Arturo Conde la medicina es: “Ayudar a la humanidad sin condiciones. La medicina es igual a cualquier religión, si crees en ella es para entregarte en todos los aspectos y no para verla con fines de lucro. El dolor humano es infinito como infinito es el deber de ayudar, al único precio de estar en paz contigo mismo”.

Me voy de un hogar que me acogió como a una amiga. Es tarde, pero aún no termina el trabajo para este héroe del día a día, llegan una madre con su hija en brazos necesitados del tratamiento oportuno y dos alumnos en busca del consejo certero del tutor para su tesis final.

Me voy convencida de que este hombre sencillo continuará salvando vidas en el anonimato aunque lo encuentres al doblar la esquina de una calle cualquiera y no lo reconozcas.

Texto y fotos: Damaris Hernández Marí (Profesora Universidad de Camagüey) 

La suerte de Kevin

La suerte de Kevin

Los cuatro añitos del niño, de seguro el cumple más feliz para él y su familia. Fue el 11 de julio último, en la foto con su mamá, por cortesía familiar.

 

Confieso que hubiera sido mejor no escribir sobre esta historia de vida, corta, pero intensa; sin embargo, como lo sucedido ya fue un hecho, me honra referirme a un niño muy especial: Kevin Hernández Acosta, nacido el 11 de julio del 2013, hijo de Yamila y Karel, y con el que es imposible no involucrarse después de conocerlo.

Nació afectado de una malformación conocida como atresia esofágica con fístula tráqueo esofágica distal, dificultad congénita en su esófago que lo llevó a ser intervenido quirúrgicamente en sus primeras 24 horas por la Dra. Yudeilys Rodríguez Ávalos, especialista en Cirugía Pediátrica del hospital Eduardo Agramonte Piña, de Camagüey, Cuba; luego le sucedieron otras operaciones.

Esto quiere decir que debía eliminar la saliva por su cuellito y ser alimentado por el abdomen. Así estuvo hasta abril del 2016, cuando se le sustituyó el esófago con parte del colon. En todos los casos fue sufriendo de las complicaciones descritas en la literatura médica, y otra vez volvía a desechar la saliva por el cuello y continuar con la alimentación por el vientre, no podía hacerlo de manera directa.

Antes de la última operación, era alimentado por ese "botoncito" en su abdomen, mientras por su cuellito eliminaba la saliva.

No obstante, y aunque parezca paradójico, Kevin, a quien ya “entrevisté” sin él saber la magnitud de sus expresiones, ha tenido mucha suerte, primero porque nació de una familia que lo ama, lo cuida y posibilitó, junto a su médica, Yude, como él la llama, y quien ya es parte de su familia, mantenerlo apto para lo que estaba por lograr.

Cuando llegó el instante tan esperado y abordé su caso por primera vez, estaba tan repleta de esperanzas como sus familiares y los profesionales del servicio de cirugía del Hospital Pediátrico mencionado. Kevin, luego de gestiones de la propia Dra. Yudeilys iba a ser operado por el Doctor Alfred Maier, de la Universidad Médica de Graz, Austria, en este, su hospital.

El Profesor asistió al Simposio de Cirugía Torácica Pediátrica efectuado en abril de este año y dicha intervención quirúrgica resultó la práctica del encuentro científico, acto del profesional que la familia de Kevin agradece de manera muy especial. Él, entrenado en dicha praxis, vista por primera vez aquí, le reemplazó el esófago al niño con parte de su propio estómago, proceder conocido como ascenso gástrico pediculado, o sea, convirtió ese segmento en forma tubular hasta el cuello.

La foto de Otilio Rivero Delgado recoge el momento de la intervención quirúrgica, realizada por el Dr. Alfred Maier.

En aquella ocasión dijo: “Con la ventaja de requerir de una sola sutura a ese nivel, por lo que no debe necesitar luego de otra intervención, ni vivir con limitaciones”, y aseguró: “Su calidad de vida será a partir de ahora como la de cualquier otra persona”.

La propia Dra. Yudeilys Rodríguez le daba su primera comida por la boquita, después de ser operado. Ella me facilitó la foto.

CON KEVIN EN CONSULTA

Rodeado de dos de sus amores: Yude y su mamá. En esta consulta, a la que asistí hizo galas de su talento y rapidez a la hora de responder.

A tres meses de esa última intervención quirúrgica a Kevin le cambió la vida, ya se alimenta como los demás. Lo encontré en el hospital en un chequeo de rutina, pospuesto por su médica porque estuvo lloviendo y quería evitarle un catarro. Cuando le pregunté si se acordaba del Profesor me respondió: “Profesor no, cirujano”.

¿Qué prefieres comer?

Carne de “muuu”, carne de pío y arroz. El cirujano y Yude me “operó” —así fueron sus palabras—, pa’ que comiera carne.

Ese día iba a “conocer” el cake, nunca lo había probado.

El equipo que asistió al Profesor estuvo integrado por los doctores Yudeilys Rodríguez Ávalos y Aldo Arredondo Garateix, este último residente de 4to. año de la especialidad; los doctores Carlos A. Fernández Marrero y Georgina Sánchez Andújar, especialistas en anestesiología y reanimación; y la licenciada en enfermería Silvia Tamayo Rodríguez.

 En ese momento, los padres y los abuelos de Kevin estaban nerviosos y a la vez confiados y agradecidos de todos, porque gracias al empeño de sus médicos, en especial de la Dra. Yude, alcanzaron un vuelco en sus vidas. Yamila sueña con los inicios de su hijo en la escuela, y hace planes para ese momento.

Aunque Kevin se rehabilita aún en la sala del área de Salud Este porque necesita fortalecer sus músculos debilitados al estar acostado tanto tiempo y para caminar debía auxiliarse con un andador, ya lo hace solito, domina sus juguetes y es muy ocurrente. Dice Yamila: “Le darán el alta de la rehabilitación cuando brinque y corra, y ya está a punto de lograrlo”.

CON KEVIN EN SU CASA

A la hora de merienda en su casa, con galleticas de soda y helado y el beso de Yude en su carita que exhibía con orgullo.

Como pez en el agua, así encontré a Kevin. Ahora sí admite que se le llame Profesor al médico austríaco del que tanto habla. Le envía recados mediante pequeños videos y le dice: “Ya como solo, ya camino solo, tengo un tambor y una pistola de agua”.

Prefiere las galleticas de soda a las de dulce, saborea el helado, e insiste: “Me gusta la carne de muuu”.

 

Agradezco a Alberto Santos Casas, director y guionista del programa Despejando X, de Televisión Camagüey, dedicado —esta vez— a tan importante suceso, por darme la posibilidad de utilizarlo aquí:


 

 

También reconozco el despendrimiento de su familia a la hora de poner en mis manos este vídeo, cuando se rehabilitaba y aún no caminaba solito:


 

 

En su casa quise dejar constancia de su juego con Yude, quien acababa de salir de su guardia médica durante 24 horas.


 

Tiene especial aprecio por su tambor. Dice que fue a los carnavales (el San Juan de junio pasado), además, le comenta aquí al Profesor Alfred Maier, que tiene un tambor, ya camina solo y come solo. Espero tenga el gusto de verlo y escucharlo.


 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)