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Pipo: evocación por tu cumple 105

Pipo: evocación por tu cumple 105

“El día de mi cumpleaños 80 se celebró de sorpresa en casa de mi hermana Laura, estaban todos mis hermanos y casi todos mis sobrinos. La verdad, me emocioné, pues al llegar  comenzaron a besarme y a abrazarme, ¡fue algo inolvidable!” Así escribió mi padre en sus memorias acerca de este suceso que recoge esta foto junto a Mima, su esposa y mi madre.

Hoy 24 de octubre cumples 105 años. Aunque digo cumples y aseguro te siento conmigo, te fuiste de este mundo con 97 años de edad, pero con la satisfacción de que supiste que te amábamos, lo mismo tu familia de origen que la creada por ti después. Tuviste esa suerte.

Te cuento que tus hijos sí leímos tus memorias en las que decías no tener la seguridad de que lo hiciéramos, me pregunto ¿por qué?, ¿acaso creíste no nos importarían?, lo dudo. Al leerlas, algunas cosillas me hicieron reír, otras me hicieron llorar; unas ya las sabía y otras no, mas en todos los casos me hicieron feliz porque tú lo fuiste en tu niñez, adolescencia, juventud y adultez y en eso tuvimos que ver muchos.

Pipo: conversaba tanto contigo que hoy vuelvo a hacerlo aunque de una manera diferente. Lo hago desde los recuerdos y buscaré la forma de darte alguna noticia. Tuviste mucha suerte por la familia que te “tocó”, como siempre digo, y con la que formaste, la que se selecciona.

Como todo ser humano no soy perfecta y estoy segura de que algunas insatisfacciones provoqué en ti; sin embargo, si con alguien puedo comparar cuánto te quiero es con tu devoción hacia mi abuelo Pedro. Te pido permiso para compartir este escrito de tus memorias y cito: “Cuando papá me llevaba al cine él mismo me preguntaba, ¿qué película viste? Y yo siempre le contestaba ‘a papá’ porque lo quería tanto que no le quitaba los ojos de encima”.

Veo cual suerte de película cómo me enseñaste qué eran el mar, las nubes, cómo ver en cada una de ellas una figura distinta, también me explicaste cómo se miraba al horizonte y hasta qué era ser un hombre de seis pies, y no precisamente porque le sobraran extremidades.

La primera vez que monté en avión me diste una lección de la diferencia en el verdor de la naturaleza, me decías: “Mira cuántas tonalidades de verdes”.

Nunca te impusiste sin argumentos a alguna decisión mía por joven que yo fuera, y cuando lo hiciste ¡acertaste!, sobre todo cuando con apenas 11 años quise irme a estudiar a Minas del Frío, nada menos que Magisterio, esa profesión que tanto respeto y que jamás me llamó la atención. Me dijiste entonces: “A tus años todavía no puedes decidirte por una carrera que arrastrarás para el resto de tu vida, si cuando crezcas mantienes esa inclinación seré el primero en apoyarte”. Te doy las gracias por eso.

Mi primer novio pidió mi mano de traje, cuello y corbata y sin tener mi sí por respuesta porque aún pequeña me comentaste un día: “Cuando pidan tu mano primero tengo que darle el visto bueno y si a mí no me gusta a ti tampoco”. Cuál fue mi sorpresa cuando casi con 16 años pidieron mi mano y me llamaste muy asombrado casi para ofrecerme disculpas delante del casinovio porque aquello había sido una jarana: “Cuqui —me dijiste medio en broma y medio en serio— a ti es a quien tiene que gustarte el muchacho”.

Tras nueve meses de relación a distancia, pues él estudiaba Medicina en la Universidad de Santiago de Cuba, ni corto ni perezoso me comentaste: “La novia del estudiante jamás será la esposa del doctor”.

Cuando me ponía holgazana en los estudios y quería que me contaras la obra literaria a estudiar porque todas te las habías leído me respondías: “Mejor la lees y después la comentamos”. Eso también te lo agradezco.

Me dijiste un día: “Lee Las Impuras y Las Honradas para que te des cuenta que las impuras no lo son tanto”, y cuando te pregunté: ¿Y las honradas?, con una rapidez tremenda me aseveraste: “Para mí las mujeres siempre son honradas”; me diste una clase de caballerosidad y respeto hacia las mujeres.

Me llevaste de la mano a estudiar Ballet Clásico y lo dejé pasados algunos años en contra de tu voluntad y cuánto me pesó después, esa es como digo a menudo mi mayor frustración confesa.

Por supuesto, no éramos dos robots uno frente al otro que coincidíamos en todo. Discrepamos muchas veces en temas de política internacional, nacional, asuntos sociales y hasta personales, pero te confieso algo que no estoy convencida de habértelo dicho a tiempo: al final de la jornada siempre tuviste la razón.

Si tuviera otra oportunidad de vida, quisiera ser hija tuya y de Mima de nuevo, eso sí, sería mejor en todo, menos leguleya, más estudiosa y mejor persona.

Se me olvidaba la noticia. Con el post que coloqué en mi blog acerca de cómo te fijaste en Mima por vez primera, pese a vivir a solo dos cuadras y que titulé: Amor de otro tiempo, no importa, amor igual, alcancé un Premio en el Coloquio de la Prensa Escrita 2012, en Periodismo Digital. Te lo cuento porque es muy reciente y sin la vanidad del Premio en sí mismo, sino porque a partir de esa historia real comenzó el romance que nos trajo al mundo a mí y a mi querido hermano Fefi, eso es lo que me enorgullece del hecho.

Tienes que saber algo más: te necesito todos los días de mi existencia. Si estuvieras a mi lado cuántas cosas te contaría y más que eso: te amo siempre, recibe mi beso cumpleañero, tu hija, Cuqui.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto: Otilio Rivero Delgado

10 comentarios

Cuqui -

Mi querida Dania:
Claro, me acuerdo que el tuyo era tu Pipo también y como el mío, de esos que no se olvidan.
Gracias por tus elogios y tu felicitación, otro abrazo y un beso para ti en la distancia, pero sincero.

Dania -

Querida amiga: El mio era mi Pipo tambien. Gracias por escribir cosas tan hermosas y tan humanas que encajan en mi vida de hija tambien y felicidades por tan merecido premio. Un abrazo en la distancia.

Cuqui -

Amigo Mendo:
Mejor no decir cuántos añosssssssssss, pero es así, tenemos la dicha de haber disfrutado de una amistad que nos acerca y nos hace familiar.
Otro abrazo para ti de mi parte y por supuesto, otro de Pipo.

Cuqui -

Sergi:
Mil gracias por tu entrada y sincera opinión. Es como dices, uno extraña a sus seres queridos, pero a la vez debemos sentirnos satisfechos de haber disfrutado de ellos, que como en mi caso, mi Padre fue excepcional. Otro abrazo y otro beso para ti,

Angel Mendoza -

Los que te conocemos, a ti y a tu familia, desde hace añoooosssss, sabemos cuánto de cierto hay en estas palabras.
Un abrazo, para ti, y para Pipo!

Sergi Llobell Perez -

Olga, Cuqui, me llegaste al fondo de mi con este artículo. Lo has escrito con el corazón, y con el mío lo he leído, pues no veo otra manera. Siempre digo que no hay que estar tristes por peder un ser amado, sino muy contentos por haberlos tenido, por tenerlos para siempre en nuestro corazón. Un abrazo y un beso.

Cuqui -

Mi querido Alfre:
Gracias por las lindas cosas que dices.
Tenemos que asirnos a estos detalles y a otros más importantes para mantener la educación formal, esa que todavía nosotros llevamos dentro y que otros han perdido o nunca han tenido.
Si toqué tu corazón, imagínate cómo está el mío en un día como hoy.
Un beso.

Alfredo Santana -

Querida Cuqui:
No podia ser distinto ni mejor viniendo de ti, muy tierno y aleccionador comentario, todos hemos aprendido algo de el, pues esas anecdotas y maximas dichas en su momento por tu papa son ciertas y mantienen vigencia, lastima que en sentido general nuestra sociedad de hoy este perdiendo virtudes en cuanto a la educacion formal con la que nos educaron, me gusto mucho y tocaste mi corazon con este escrito. Te felicito

Cuqui -

Mi querida Nelly:
Entraste temprano al blog, mi gracias por eso, y claro que piensas como yo, pues me consta que tus padres lo merecen igual.
Un besito inmenso.

Nelly -

Querida Cuqui, muy lindo, muy sentimental, es muy cierto que aunque no seamos muy jovenes, siempre los necesitamos y nunca, nunca los olvidamos, quisieramos tenerlos para preguntarle y cntarle nuestras cosas, y digo igual que tu, si existe otra vida quiero ser la hija de mi papá y mamá de nuevo.
un beso amiga