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El simpático se opera

El simpático se opera

En la combinación fotográfica encontramos al Dr. José Luis, a la paciente en fase preparatoria (arriba). Debajo la imagen del nervio cortado y a la derecha en pleno momento quirúrgico.

Por supuesto, me refiero al nervio, porque es lógico que a las personas se les intervengan quirúrgicamente, sean simpáticas o no, pero, ¿cuántas veces hemos escuchado decir: “los nervios no se operan”? En infinitas ocasiones ante casos de enfermos de los “nervios”, como los identificamos a veces.

Mi desconocimiento me había llevado a pensar que quienes padecían de hiperhidrosis, enfermedad que provoca la sudoración excesiva en diversas regiones del cuerpo, tenían que resolver su problema en el propio cerebro, no sé el porqué, mas así creía; sin embargo, hace unos días supe —para mí la buena nueva —, de que en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, Cuba, ya habían realizado en el transcurso de un año más de 80 intervenciones quirúrgicas de toracoscopía, con la técnica conocida como simpatectomía, de manera bilateral por mínimo acceso a nivel torácico, todas con éxito.

Cabe señalar que este proceder médico, que lleva al cirujano a cortar el nervio simpático, es efectivo para aquellos pacientes con el padecimiento, solo en las axilas y las manos. Quiere esto decir que este nervio sí se opera.

Este tipo de cirugía es menos invasiva que la convencional y la recuperación del beneficiado muy rápida, de acuerdo con los datos ofrecidos por el doctor José Luis López Montaño, especialista de 2do. Grado en Cirugía General y Profesor Auxiliar, a cargo de este tipo de abordaje, quien aseguró, además, que al otro día de efectuado la persona deja de sudar.

Antes de ser intervenida quirúrgicamente, conversamos con Misleidys Cruz Téllez, de 44 años de edad y residente en el municipio camagüeyano de Guáimaro. Ella manifestó que padece de sudoración exagerada en las manos desde los 14 años y con otros tratamientos médicos no resolvió su malestar. Con gran optimismo y la alegría de encontrar la solución a su problema entró al quirófano y con mucha precisión y destreza a los 10 minutos ya el doctor José Luis había terminado con el apoyo de su equipo, pese a que como promedio el tiempo quirúrgico es de unos 10 a 15 minutos a cada lado.

Participaron en la operación los doctores Magaly V. Gómez Gómez e Ismedy Echemendía Acosta, especialista y residente en Anestesiología y Reanimación, respectivamente; Alexis Salgado Lezcano, cirujano general y primer ayudante del principal; la jefa de Enfermería en ese servicio, la licenciada Irene Castillo Carrillo; la enfermera Marilyn Ventura Martínez; y Daniel Ramos García, residente en Cirugía General.

El servicio de Mínimo Acceso en esta institución hospitalaria cuenta con 18 años de fundado y el doctor Israel González Moya, como su jefe desde entonces. Mediante esta pericia se contribuye a la disminución de la estadía hospitalaria y sus costos, y a algo tan vital como que el paciente se reintegre a su vida habitual con mucha más celeridad que en los casos de las cirugías convencionales.

En los inicios solo realizaban las intervenciones por mínimo acceso de vesícula; actualmente son abordadas todas las relacionadas con la ginecología, de tórax, como las toracoscópica (en casos diagnósticos y terapéuticos), en las lesiones pleuro-pulmonares, hiato esofágico (enfermedad por reflujo), gastro esofágico, hernia hiatal y acalasia esofágica (estrechez por hipertrofia del esfínter esofágico inferior) y vídeo-laparoscópico diagnóstico. Como promedio son registradas unas cien operaciones mensuales en este tipo de asistencia médica.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto y fotomontaje: Otilio Rivero Delgado

El miedo me mantiene vivo

El miedo me mantiene vivo

En la foto, a la extrema izquierda arriba, el doctor Saavedra en la preparación para su actuar cotidiano, una imagen de él debajo, y luego ya con su traje protector.

Contacté vía Internet con el doctor José E. Saavedra Pacheco. Él es especialista en Medicina General Integral (MGI) y en Anestesiología y Reanimación, del hospital docente clínico quirúrgico Amalia Simoni, de la ciudad de Camagüey, Cuba. Actualmente se encuentra en Sierra Leona; en Porto Loko, distrito rural a unos 120 kilómetros de la capital del país.
Es de los médicos cubanos que enfrentan la epidemia de la fiebre hemorrágica del Ébola, y uno de los 14 camagüeyanos.

No lo conozco personalmente, pero doy fe de su extrema sencillez y espíritu de solidaridad, como otros con los que ya he contactado: pareciera como un virus que llevan en sangre los galenos y enfermeros cubanos dedicados a esta y otras misiones en el mundo.

Esa sencillez hizo que nos tuteáramos y supiera en primera persona que su brigada, a punto de regresar a la Patria, el próximo 22 de marzo, está formada por 42 de estos trabajadores de la Salud cubanos, dos de ellos agramontinos nos. Al momento de su respuesta me comentó acerca de la situación higiénico-ambiental, y la calificó de: “Bastante estable en relación con la encontrada al momento de su llegada”.

-—¿Y la epidemia cómo se comporta?

—Si bien hay focos activos, el ritmo de contagio es mucho menor; antes veíamos 20 casos diarios y ya nos llegan entre tres y cuatro, y algunos días ni uno. Al recibir los resultados del laboratorio suman más los negativos que los positivos, los cuales son entregados entre las seis y 24 horas.

“Entre los focos de infección más importantes tropezamos con los entierros clandestinos, mucho más frecuentes en las zonas rurales, como este lugar donde me encuentro. Hay una alta población musulmana, cerca del 70 %, que mantiene ritos y costumbres de un arraigo tremendo y hacerlos cambiar su cultura es algo muy difícil”.

—¿Cómo es tu composición familiar?

—Tengo una bella familia. Mi esposa Diarelys García Díaz, licenciada en Enfermería, trabaja en el mismo hospital que yo en Camagüey; tenemos tres hijos, José, de 18 años, estudiante de primer año de Medicina en la Universidad Carlos J. Finlay; Claudia, de 17, en el último año del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Máximo Gómez Báez; y Joel, de 14 años, que cursa el noveno grado en la Escuela Secundaria Básica Juan Marinello, todos en la ciudad de Camagüey. Vivimos en la calle Padre Valencia, específicamente en el asentamiento destinado a los médicos.

"Además, a mis padres: Norma y Asdrúbal, los máximos responsables de mi formación. Han sido paradigmas en mi vida. Ella trabaja en la Secretaría General y él es Doctor en Ciencias y Profesor Titular del departamento de Mecánica de la Facultad de Electromecánica, ambos en la Universidad de Camagüey".

—¿Cómo acogieron tu determinación de marchar hacia ese lugar?

—Lo primero fue un sentimiento de sorpresa, luego vino algo así como la consternación. Todos sabíamos, con la inclusión de ellos, cuánto riesgo iba a correr. La morbilidad y la letalidad de esta epidemia son muy elevadas. Luego de ese sentimiento vino el razonamiento lógico y la conversación oportuna con mis hijos, mi esposa, mis padres, acerca de la necesidad de evitar, en primer lugar, que esta catástrofe llegara a Cuba con su paso que sería devastador.

—¿Solo ese objetivo te llevó a dar el paso al frente ante esta misión, considerada para muchos como misión suicida?

—Por supuesto que no. Es que la formación de los universitarios en Cuba, sobre todo los de la carrera de Medicina, está basada en los principios éticos y morales de la solidaridad, el altruismo, el ayudar al prójimo, y sí, también, me motivó esa necesidad de que no entrara a nuestra nación.

—¿Qué pensaste al ser propuesto, como parte de la brigada Henry Reeve, para Premio Nobel de la Paz?

—No lo puedo negar, sentí una alegría inmensa, porque estoy acostumbrado a que a nuestro pueblo se le reconozcan los esfuerzos que hacemos, pero esta vez fue más allá, era una gratitud internacional que reconoció ante el mundo la brillante idea del Líder Histórico Fidel Castro, creador del contingente, incluso, al glorioso pueblo cubano que ofrenda a sus hijos ante causas nobles y a la vez arriesgadas.

—Cuénteme un día de trabajo.

—Estoy, como te dije, en un área rural, me alojaron en un motel, que como en el resto de la región y casi el país no tiene energía eléctrica. Aquí hay un pequeño generador que funciona solo de siete de la noche hasta las siete de la mañana, hora en que me levanto, desayuno y 30 minutos más tarde salgo en un autobús hacia el hospital a unos tres kilómetros más o menos, al llegar voy al sitio de la entrega de guardia, ahí nos encontramos entre nosotros, los norteamericanos y los enfermeros nacionales, de ahí paso al área de descanso donde me visto con el traje de protección personal. Siempre lo hacemos en dúo, jamás solos.

“No puede quedar parte del cuerpo fuera del traje protector porque podría ser fatal, por eso nos vamos vistiendo y revisando el uno al otro para no cometer errores. Toda esa parte del hospital es la zona verde con un riesgo de contaminación mínimo, al menos en teoría. Después y previa orientación en la entrega de guardia me traslado hasta la zona roja, la de mayor peligro, y donde se encuentran las salas de hospitalización. Allí dentro hago de todo, como los demás, desde canalizar una vena para la administración de fluidos hasta dar de comer o beber a los enfermos, bañarlos, limpiar sus secreciones, vómitos y sangramientos. Recuerda que el Ébola se trasmite por los fluidos corporales, incluido el sudor. Imagina entonces cuánto cuidado hay que mantener y cuánto estrés; pero lo hacemos con profesionalidad y hasta el momento, con la ayuda de Dios y el cuidado que ponemos, vamos saliendo victoriosos.

“Te aclaro que el traje protector es soportable por una hora, aunque en ocasiones lo he traído encima un poco más por necesidades de tratamiento y además, porque es muy difícil en medicina dejar un proceder a medias. Reconozco que el calor es insoportable, recuerda que todo el cuerpo queda cubierto, por eso sudamos mucho. Al terminar salgo hacia el área donde me desvisto. Allí está el mayor peligro, un error en ese momento cuesta la vida porque vienes de tocar los pacientes y estar en contacto con sus fluidos, el desvestido como el vestido, es supervisado por el otro y nos cuidamos y alertamos de cualquier detalle.

“Todo lo hago, al igual que mis compañeros, bajo cumplimiento de la técnica que aprendimos en la preparación que pasamos en Cuba y al llegar aquí. Luego voy a la zona de descanso donde me hidrato y repongo de tanta sudoración. Este mecanismo es diario, de ocho de la mañana a dos de la tarde, y de dos de la tarde hasta las ocho de la noche”.

—Relátame un día de descanso.

—Muy aburrido. Me levanto en la mañana a la misma hora, desayuno, me quedo en el motel, unos conversamos, otros escribimos en la laptop, o lavo alguna ropa sucia si la tengo. En la habitación es muy difícil mantenerse porque en  África hay mucho calor y al no tener energía eléctrica este se incrementa. Así estoy hasta la hora de almuerzo, me acuesto a reposar un rato, luego me baño, como; más tarde al tener corriente eléctrica me comunico con la familia, envío y recibo correos, hasta que llega la hora del sueño y a dormir. Así hacemos todos.

—¿Son adecuadas las condiciones de vida?

—Sí, las habitaciones tienen aire acondicionado, solo que se usan si hay corriente eléctrica, televisión y los servicios son sanitarios. El cambio de ropas de cama y toallas es frecuente, la alimentación es buena y variada; el agua y refresco son embotellados, lo cual disminuye el riesgo de adquirir infecciones del tracto digestivo u otras.

—A tu modo de ver, ¿cuánto han aportado ustedes a la disminución de casos de esa fiebre hemorrágica?

—Para serte sincero en cuanto a la profilaxis y manejo en la comunidad no hemos podido hacer labor alguna; el trabajo está concentrado en tratar a los enfermos que llegan al hospital, ya sea con Ébola o con otras dolencias concomitantes. La mayoría lo hizo a los cinco o siete días de enfermos ya con el virus muy extendido, pero logramos combatirlo, también a otros padecimientos como la malaria.

—¿Cuánto de provechosa ha sido para ti esta experiencia?

—Muy positiva desde el punto de vista personal y profesional. He aprendido, en primer lugar, a valorar sinceramente el Sistema de Salud en Cuba. Hay que estar aquí para darse cuenta de lo que tenemos y aunque a veces por cotidiano no lo apreciemos en su justa medida. Es sin lugar a dudas, algo inigualable. Esta es mi segunda misión, y en Venezuela, aun con la ayuda cubana, la solidez de su sistema de Salud dista del nuestro, no he encontrado otro igual.

“No hay una proyección comunitaria, por lo tanto la epidemia no puede controlarse completamente porque no se ataca en la comunidad. Si no se busca el mal, como se hace en Cuba, casa por casa, centímetro a centímetro, a cada sospechoso o enfermo, no es posible. Desde que llegamos aquí bautizamos al país como del 70 %. El 70 % no tiene acceso a esta sagrada asistencia, ni a la educación, ni a la corriente eléctrica, a la radio, a la televisión. De esta manera es imposible hacer labor profiláctica, educativa.

“Un gran número de los ingresados en estos centros son portadores de tuberculosis, Sida, malaria o paludismo; todos sin tratamiento médico y menos aún seguimiento por profesional alguno. Desde el punto de vista personal, quizá porque tengo hijos, es que estoy de acuerdo en la visión  que tuvo la dirección de la Revolución cubana de que solo viniéramos hombres. Hubiese sido terrible para las madres de nuestro país ver y vivir este cuadro.

“He aprendido que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, o en este caso, lo tiene lejos. Esa es la realidad”.

—¿Cómo es la relación con los profesionales de otras naciones?

—Son magníficas. Estoy en el hospital Maforki New, con una Organización No Gubernamental, la International Humanitarian Partner Ship (IHP), de nacionalidad norteamericana, con quienes trabajo diariamente, junto a enfermeros nacionales que se sumaron. En este país se habla el Creol y otras lenguas y dialectos, pero el idioma oficial es el inglés.

—¿Notas agradecimiento o indiferencia de los nacionales?

—El agradecimiento es palpable a nuestro paso por las comunidades, al trasladarnos en el autobús desde o hacia el hospital. Ya nos conocen y sienten que gracias a nosotros y los cuidados que les ofrecemos han fallecido menos personas. Por lo demás, la barrera del idioma y lo contagiosa de esta enfermedad hace que el contacto físico con los africanos sea casi nulo.

—¿Qué dirías a tus colegas en Cuba?

—Sé que esta barrera la hubiese traspasado cualquiera de ellos porque están preparados y capacitados, pero como nos tocó lo hacemos lo mejor posible para poner en alto el nombre de la patria, en primer lugar; y de la Medicina cubana, en segundo y fíjate, no solo la cubana, también la latinoamericana en general. Así nos dijo un representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un mexicano que visitó Sierra Leona, quien dijo: “Estoy contento porque ustedes representan a toda América Latina”.

—¿Has sentido miedo?

—Todos los días. No me avergüenzo de ello. Cuando dejes de sentirlo te descuidas y cometes errores. Al entrar a la zona roja es como si la muerte esperara por ti y tienes que cuidarte y evadirla, y si te confías te lleva. El miedo es un reflejo que me mantiene vivo.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)   Fotos: Cortesía del entrevistado

Fotomontaje: Otilio Rivero Delgado

Campaña 54 por más salud para los cubanos

Campaña 54 por más salud para los cubanos

Mañana 9 de marzo y hasta el 15 del propio mes; y del 27 de abril al 3 de mayo se llevarán a cabo las dos etapas de la 54 Campaña de Vacunación Antipoliomielítica, y quedarán inmunizados 32 874 niños de Camagüey, Cuba. Esta será simultánea en todo el país.

De esos infantes serán vacunados con dos dosis 25 484 desde los 30 días de nacidos hasta los dos años, 11 meses y 29 días; mientras, 7 390 recibirán la reactivación con una sola aquellos de nueve años (hasta nueve años, 11 meses y 29 días), previstos para el segundo período.

La doctora Alina Tejeda Fuentes, responsable provincial de Inmunización, refirió que al ser beneficiados con esta vacuna no interfiere en lo absoluto con otras que coincidan en los bebés de 18 meses de nacidos; sin embargo, agregó, no debe administrárseles a quienes en ese momento padezcan de fiebre elevada, vómitos o diarreas. Estos la tomarán en otra ocasión.

Recomendó, asimismo, que los chicos no pueden beber agua ni 30 minutos antes ni después del acto de vacunación. Las contraindicaciones están dirigidas a los inmunodeficientes o alérgicos a cualquiera de los componentes de ese producto. L segunda etapa de esta Campaña coincide con la Semana 12 de Vacunación en Las Américas.

Antes del 1ro. de enero de 1959 solo se mantenían eliminadas dos enfermedades prevenibles por vacunas: la fiebre amarilla (1908) y la viruela (1923), y de acuerdo con los datos ofrecidos por la doctora Tejeda, entre 1962 y el 2014 permanecen erradicas seis dolencias que pueden evitarse mediante este proceder, y también algunas formas graves de otros padecimientos.

El tétanos, la meningitis por Hemophilus influenzae tipo B y la meningocócica dejaron de constituir un problema de salud en esta nación por registrarse tasas inferiores a 0,1 por 100 000 habitantes. La fiebre tifoidea y la hepatitis B redujeron de manera notable su morbilidad y mortalidad durante estos años.

En Cuba se han suministrado alrededor de 83 millones de dosis de la vacuna antipoliomielítica entre 1962 y el 2014; por lo tanto, la población menor de 68 años está protegida contra este mal.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto: Archivo del periódico Adelante

En Camagüey: Técnica quirúrgica realizada por primera vez solo por Oftalmólogos

En Camagüey: Técnica quirúrgica realizada por primera vez solo por Oftalmólogos

         Momento en que se perforaba el orificio en el hueso nasal.

La doctora Lupe Lugo Díaz, especialista en Oftalmología y entrenada en cirugía plástica ocular (oculoplastia), realizó en Camagüey la primera dacriocistorrinostomía en el Centro de esa especialidad y de Referencia Carlos J. Finlay, adscrito al hospital universitario Manuel Ascunce Domenech,  de la ciudad de Camagüey, Cuba, sin la presencia de otros especialistas. Dicha intervención se convirtió en docencia para el resto de los galenos interesados.

Con una habilidad propia de expertos, esta camagüeyana aplicó la técnica quirúrgica que consiste en eliminar la obstrucción adquirida del conducto nasolagrimal (de las vías lagrimales), y que provoca el déficit funcional u orgánico de drenaje. Ella dijo haberse ejercitado primero en Camagüey y el resto con el apoyo de otros cubanos en Argelia, país donde cumplió misión internacionalista por más de tres años.

Mediante este proceder convencional, bajo anestesia general, se logra un segundo trayecto desde el saco lagrimal del afectado hasta el conducto nasal, o sea, se comunica la vía a la nariz a través de un orificio en el hueso nasal, y la colocación de una sonda de silicona durante seis meses, cuando es retirada. La efectividad del método está entre un 85 y un 90 %, de acuerdo con la opinión ofrecida por la doctora Lupe, quien agregó, además, que estos casos predominan en las mujeres y en el ojo derecho, aunque en ocasiones se encuentran de manera bilateral.

En una hora y 45 minutos, Graciela Alfonso Miguel, de 45 años de edad y residente en la vecina provincia de Las Tunas, fue la beneficiada por padecer de lagrimeo, abundantes secreciones de su ojo derecho y aumento de volumen del párpado inferior.

En el acto quirúrgico participaron como primera y segunda ayudantes las doctoras Sara Osoria Gallo y Juana Molina Socarrás; en la especialidad de anestesiología y reanimación estuvieron las doctoras Zaily Fuentes Díaz, y como residente Rosario Montejo Morell; mientras el licenciado en Enfermería, Eladio Calcines Morell, se mantuvo al tanto del instrumental.

Es una aspiración inminente de este equipo de trabajo, que cuenta con tres oftalmólogas ejercitadas en oculoplastia, el llegar a este tipo de operación por la variante de mínimo acceso, por ser menos invasiva y riesgosa, conducta que gana más adeptos cada día.

Las especialistas reconocieron la labor realizada por el Dr. C. Jorge Santana Álvarez, especialista de 2do. Grado en Otorrinolaringología, Investigador Titular y Profesor Titular, diplomado en Cirugía de Cabeza y Cuello y Otocirugía, del hospital militar clínico-quirúrgico docente Dr. Octavio de la Concepción y de la Pedraja, de esta ciudad, por ser el promotor de esta técnica en Camagüey, quien ha puesto su experiencia a disposición de los profesionales de la Oftalmología.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto: Leandro Pérez Pérez

2014: Camagüey, por debajo de cinco tasa de mortalidad infantil

2014: Camagüey, por debajo de cinco tasa de mortalidad infantil

Aún distante de lo esperado a nivel nacional, la tasa de mortalidad infantil de la provincia de Camagüey cerró con 4,70 —dato preliminar— el 2014, por debajo de la registrada en el año precedente, y con la buena nueva de que representó diez fallecidos menos en niños menores de un año, que los del 2013, según los datos ofrecidos por Elizabeth Cardoso de Armas, jefa del departamento de Registros Médicos y Estadísticas Sanitarias de la Dirección Provincial de Salud Pública.

El mes de diciembre se mantuvo con una morbilidad —bebés enfermos— crítica, pero estables y con los medicamentos necesarios asegurados. Las defunciones en los menores de un año estuvieron vinculadas con infecciones respiratorias agudas, otras enfermedades infecciosas y a la prematuridad, esta última muy relacionada con la cantidad de adolescentes en estado de gestación, de acuerdo con la información dada por la doctora Clara Gallo Borrero, jefa del Departamento Provincial del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI).

Casi un 20 % de las embarazadas fueron muchachas menores de 20 años, entre las cuales se reportaron casos de hipertensión, anemia y otros factores asociados que las llevan a parir niños con bajo peso o prematuros, o con ambas dificultades. También en las mujeres con complicaciones en torno al embarazo o el parto, encontramos a este segmento de la población.

Más de diez defunciones en menores de un año respondieron a bebés con malformaciones congénitas, dentro de estos algunos diagnosticados oportunamente, solo que como la disposición de interrumpir el embarazo es voluntaria hubo parejas decididas a continuar el curso de este hasta el momento del parto. Incluso así, la oportunidad de diagnóstico prenatal puede mejorarse aún más; no obstante, es un logro fehaciente la no transmisión de VIH/sida materno-infantil desde hace más de diez años, cuando unas 50 mujeres han decidido concebir sus hijos a sabiendas del peligro que corren.

No hubo fallecidos en menores de un año durante el 2014 en los municipios de Minas y Jimaguayú; se mantuvieron por debajo de la media provincial, Nuevitas, Florida, Esmeralda y Vertientes y la sobrepasaron Santa Cruz del Sur, Camagüey, Guáimaro, Carlos M. de Céspedes, Sibanicú, Sierra de Cubitas y Najasa.

Cinco embarazadas fallecieron, cuatro de las cuales con vinculación directa a su estado durante el año que recién termina. Con un seguimiento adecuado de las mujeres en estado de gestación en la Atención Primaria de Salud (APS) disminuyen los partos pretérmino y los niños con bajo peso al nacer.

Fueron 8 229 los nacimientos, 277 menos al compararlos con el año anterior. El decrecimiento de estos se convierte en una situación compleja, máxime por ser Cuba un país envejecido, con una mayoría de hijos únicos y varones, quienes no garantizan el reemplazo poblacional.

A pesar de ser esta una tasa de mortalidad infantil envidiable para cualquier país, incluso desarrollado, reina la insatisfacción entre los trabajadores del sector, esos mismos que han logrado otras tan bajas como la del 2007, la mejor de todos los tiempos aquí y que fue de 4,16 y hasta el 2010, todas por debajo de cinco.

Los bebés nacen en Cuba con promedio de esperanza de vida por encima de los 78 años, cerca de 20 más que entes del triunfo revolucionario.

Resultados de esta naturaleza son posibles porque a las embarazadas les son garantizadas alrededor de 17 consultas y unos 30 exámenes diagnósticos con vista a evitar que sus hijos lleguen al mundo con enfermedades graves o malformaciones congénitas, y como algo vital, que son inmunizados progresivamente en el primer año de vida contra 13 dolencias.

El Programa de Atención Materno Infantil —creado en 1980— está concebido, tanto para las hembras como para los varones adolescentes, las mujeres en edad fértil, la familia y la comunidad.

No como un recuerdo, sino como un reto a reconquistar, la provincia aspira a regresar a las tasas mantenidas entre el 2006 y el 2010, todas por debajo de cinco.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto: Álbum de familia

Hernani: antes y después del Ébola

Hernani: antes y después del Ébola

En la foto el doctor Hernani compartía con los nacionales antes de la llegada del Ébola. Luego, con su uniforme de protección.

No conozco personalmente al doctor Hernani González Novoa, especialista en Ginecobstetricia del hospital materno infantil Ana Betancourt, de la ciudad de Camagüey, Cuba. Aún así se me antoja como alguien muy dedicado a su profesión y también con buen sentido del humor que me ha hecho sentir cómoda en este intercambio en el que nos tuteamos desde su primera respuesta, vía Internet. De ahí que algunas de sus “confesiones” sean impublicables.

Este hombre de 46 años tiene su residencia aquí en la carretera de Nuevitas, kilómetro 11, Arroyón, acompañado de su padre, de 87 años, quien sufrió hace muy poco un infarto del miocardio y ya está recuperado. Su hija de 19 años trabaja en el círculo infantil del reparto Lenin y vive cerca. Tiene una hermana y dos sobrinos. Esa es su familia, la que está al tanto de cada suceso alrededor de la epidemia de la fiebre hemorrágica por el virus del Ébola, porque Hernani está en Guinea Conakry, esa parte del África Occidental, hace casi tres años, o sea, desde antes de presentarse la letal enfermedad en ese lugar.

—¿En qué sitio de esa geografía trabajas?

—En el Hospital Regional de Labe o Labé (se identifica de las dos maneras), que es la principal ciudad y capital administrativa ubicada en una gran región de este país densamente poblada, donde se trabaja duro y en condiciones muy difíciles; a veces me siento cansado, pero aquí estoy, cumplo con mis obligaciones de lunes a sábado; y cada dos semanas paso una completa de guardia.

“Esta región es la mejor de todas y me la gané a partir del segundo año, porque el primero fue heroico. Me ubicaron en una región pésima a unos 500 km de la capital. Para llegar se va a través de la selva por un camino lleno de huecos inmensos imposibles para avanzar y pasaba 12 y 13 horas de viaje y al arribo tenía que ‘fajarme’ con un hospital para mí solo. No hay más ginecobstetras. No dormía más de tres horas en la casa. Me la pasaba en la ambulancia y metido día, tarde, noche y madrugada en el hospital. No iba a una fiesta, no podía tomarme una cerveza. No sabía a qué hora me venían a buscar. Terminé allí que no sabía si correr, gritar o perderme. Fue inmensamente agotador, pero salí y ahora de esta también saldré. Bicho malo revienta, pero no muere.

—Y ahora, ¿cuántos médicos de tu especialidad te acompañan?

—Soy el único ginecobstetra, por tal motivo ayudo a mis colegas guineanos que son generalistas, como se conocen aquí y además, hacen bien su trabajo, pese a que no están especializados en esta parte de la Medicina que considero estresante en cualquier parte del mundo que la ejerzas, porque toda embarazada espera ver llegar una nueva vida y eso está en tus manos.

—¿Eres el único cubano por esos lares?

—No, somos 15 en esta brigada distribuidos en cinco regiones; aquí laboran, además, una enfermera en la parte quirúrgica; un enfermero diplomado en anestesia y es lo que hace; y una doctora especialista en Medicina General Integral (MGI) que se desempeña como Pediatra. Todos vivimos juntos en un gran apartamento.

—Cuéntame un poco ¿cómo cambió tu vida luego de la entrada del Ébola?

—Sabes que esta es una fiebre hemorrágica viral, y para ponerle algunos calificativos te diría que es muy seria y de respetar. Tiene un comportamiento ascendente. Cada mes son diagnosticados más casos nuevos, pero nuestra brigada no trabaja, hasta ahora, con estos enfermos porque son concentrados en hospitales destinados al efecto, para lo cual nuestro país envió una brigada específicamente para ellos, algo muy divulgado a nivel internacional.

—Puede decirse entonces que ustedes están fuera de peligro…

—En lo absoluto. A nuestra consulta pueden llegar personas infectadas de Ébola en cualquier momento y debemos estar alertas. Esta población mantiene una cultura atrasada, con la religión musulmana muy arraigada y la pobreza es impresionante. Por tal motivo adoptamos medidas para protegernos.

—¿Cómo era un día cualquiera antes del Ébola y cómo es después del Ébola?

—Los días no son muy especiales. Amanece, sales al trabajo, terminas, vas a la casa haces tus obligaciones de lunes a sábado; los domingos haces compras en el mercado para la semana. En ocasiones te haces de algo para alegrar la vida y regresas a preparar la comida, lavar, limpiar. Ese día duermo más que de costumbre, escucho música, canto, bailo, hago ejercicios. O sea, entre col y col, lechuga.

“Una vez cada dos meses me tomo alguna cervecita, celebramos los cumpleaños, los días festivos de nuestra Cuba y así formamos la fiesta y bailamos, cantamos, nos reímos de nosotros mismos; sin embargo, no hay un solo instante en que deje de pensar en nuestra tierra, la familia, los hijos y así nos damos fuerzas para seguir.

“Llegó el Ébola y continuamos la rutina, aunque con una preocupación añadida y con tristeza te digo que mantenemos poca relación con los nativos, en los inicios era diferente. Trabajamos bajo presión porque no sabes qué te puede llegar. No salimos como antes con amigos, el hacerlo nos expone mucho más al riesgo. Te hablo así, en plural porque es la actitud tomada por todos, no solo mía. También uno le pide a Dios que te proteja y seguimos andando, con trabajo y más trabajo”.

—¿Cuentan con los medios de protección y saben usarlos?

—Aquí se comenzó a hablar del Ébola en marzo pasado. Nuestro jefe nos llamó e informó de la presencia de esta enfermedad viral grave, muy grave. Yo, particularmente, me di a la tarea de hacer búsquedas en Internet. Entonces me di cuenta de que estábamos ante un gran peligro. Pasamos unos días preocupados, adoptamos algunas medidas de prevención en el hospital.

“Se nos informaba cómo aumentaba la cantidad de enfermos, aunque en mi región no había reportes. En junio nos fuimos los 15 para la capital a ciertas gestiones y nos olvidamos del Ébola, confieso que lo subvaloramos y no le dimos la importancia que requería; sí nos tomábamos la temperatura y salimos para Cuba el 1ro. de julio, y al menos yo, no pensé más en el asunto.

“En agosto comenzó la epidemia y las informaciones y decía: eso no es posible, dejé aquello tranquilo, siempre con la determinación de que si me mandaban de nuevo iba ‘tumbando’ y que sea lo que Dios quiera. Así llegué el 28 de agosto a Guinea Conakry y percibí que ellos no tienen preocupación alguna, solo Dios les ocupa y solo Él los protege. Sigue la misma pobreza, la falta de higiene ambiental. Conocimos que esa epidemia había proliferado y extendido a Liberia y Sierra Leona.

“Así y todo nos incorporamos cada uno a nuestras regiones y a trabajar, por supuesto, con mayor estrés y conscientes del problema que respiramos. Fíjate, hasta rezamos, le pedimos a Dios y a nuestra Virgen y para adelante. Así somos los cubanos.”.

—¿Han recibido preparación para protegerse? ¿Tienen contacto con los otros cubanos que sí están frente a los enfermos?

—Este tema es difícil de abordar para que se entienda. El Ébola es una enfermedad tan difícil, altamente contagiosa que uno no llega a sentirse plenamente preparado porque no tengo experiencia en ese tipo de atención. Sí hay expertos dedicados a estos enfermos lo que no nos quita el riesgo de encima.

“Antes de venir pasamos un curso en Cuba y aprendimos un poco, por eso ahora es diferente, los preparan para eso específicamente. A pesar de no trabajar con enfermos de Ébola sí lo hago con pacientes desconocidos, sin diagnóstico que me llegan vírgenes en cuanto a la asistencia médica. Por eso adoptamos las precauciones. En Cuba nos dieron medios de protección, esos trajes que parecen de cosmonautas y así le decimos, sabes que los cubanos sacamos lasca de todo. Dentro de esos trajes te ahogas, te deshidratas, pero los tenemos. Y no contactamos con los médicos y enfermeros que vinieron en esa misión de erradicar el Ébola. Ellos saben que van a atender casos de Ébola ya diagnosticados. Nosotros no estamos al corriente de qué pacientes vamos a recibir. Pienso que todos estamos en riesgo

—Qué mecanismos utilizas para chequear a tus embarazadas, y así detectar si traen consigo alguna enfermedad sobreañadida?

—Solo estar bien atentos, incorporar en tu cerebro el riesgo al que estás expuesto y protégete. Claro, hay preguntas claves como si han viajado, y adónde. Les encanta moverse de un lado a otro y eso es un problema. También indagamos acerca de si han tenido fiebre, vómitos, diarreas o en contacto con enfermos de Ébola o si murió algún familiar, amigo, vecino. Me informo sobre a quién trato, y los casos sospechosos son evacuados a centros diagnósticos.

—¿Cómo recuerdas a tu familia ante condiciones de vida tan difíciles?

—Tus preguntas no son fáciles. ¡Ay!, cómo quisiera estar a su lado ahora mismo. La recuerdo todos los días, horas, minutos. Estos meses me parecen años, pero me conformo al estar seguro de que allá se está bien y con mejor suerte. Yo seguiré aquí hasta terminar y regresaré, estaremos juntos de nuevo y la vida continuará. Así pienso.

—Si hubieras estado aquí, ¿te habrías ofrecido para ir a combatir el Ébola?

—He aprendido que la vida es una y que el día de tu partida está programado y solo Dios conoce cuándo. Estudié Medicina para salvar vidas, no importa cuántas ni dónde; siempre que me necesiten en cualquier parte del mundo lo haré con gusto y me uniría a la brigada médica que sea para enfrentar las circunstancias necesarias.

—¿Cuándo te graduaste de médico y te hiciste especialista?

—Terminé la carrera en 1992. Hice la especialidad de Medicina General Integral (MGI) en 1997 y culminé la Ginecobstetricia en el 2002.

—¿Cumpliste otras misiones internacionalistas?

—Estuve seis meses en Bolivia y ahora aquí, que llevo 26 meses. Increíble cómo pasa el tiempo!!!!

—¿Sabes que tu hospital en Camagüey fue reparado y aún continúan con otras obras?, ¿qué piensas al respecto?

—Estoy enterado. Sé que ha sido reconstruido y embellecido y le doy gracias a quienes se ocupan de esto. Esa es la casa de quienes trabajamos allí, pasamos el mayor tiempo de nuestras vidas en ese lugar y te digo, ojalá se mantenga así, pues vivir en una casa vieja, fea y destruida te dificulta la vida y otra cosa, allí hemos nacido una buena parte de los camagüeyanos y vendrán otras y otras generaciones. Es el sitio donde abrimos los ojos y comenzamos la vida. Es triste abrir los ojos a este mundo y ver nuestra Maternidad fea. Estoy contento por eso.

—¿Qué tiempo te queda allá?

—Mi contrato es de tres años. Debo terminar en julio-agosto del 2015.

—De ese país, ¿qué te ha impresionado más, para bien y para mal?

—Antes de llegar aquí por cuestiones de viaje pasé más de un día en Francia, estuve en la embajada cubana en París. Caminé por la ciudad y me entusiasmó aquello por su belleza. De la misma manera me dijeron: ‘prepárate, mañana verás lo contrario’, y al llegar me dije: ¡ñooo! Adónde rayos llegué. Todo lo encontré feo, sucio y un olor horrendo. Los nacionales me tocaban, me pellizcaban, me decían patrón y pedían dinero porque tenían hambre, algo muy difícil realmente, nosotros en Cuba somos reyes.

“También hay cosas buenas, son gente que nos quieren y respetan muchísimo. Cuando saben que somos cubanos nos elogian, hablan de Fidel con respeto y recuerdan que él anduvo por este país, además que la colaboración cubana tiene muchos años aquí y no solo en la esfera de la Medicina. También me gusta mucho, mucho la comida africana, sus mujeres la preparan de manera excelente.

“Antes del Ébola campeaba en la capital y en su gran mercado donde muchos me conocen y se saben mi nombre, ya soy de los viejos por acá y en la región que trabajo es lo mismo, solo que el Ébola nos vino a bloquear la existencia”.

—¿Piensas que los cubanos ganarán la batalla al Ébola?

—Es un trabajo difícil, pero ¿qué batalla no ganamos los cubanos?, y esta será una más. Costará sacrificio, pero se cumplirá.

—Algún mensaje para tu familia pequeña y para la grande que es tu Camagüey…

—Para mi familia que estén tranquilos, que la misión la terminaré sin dificultades y voy a regresar bien de salud. Que vivan tranquilos y se cuiden.

“A mi hija que la quiero mucho, le pido que cumpla sus deberes diarios, pues es una mujer. Para mi padre, que no vea mucho el Noticiero, no quiero le repita el cuadro cardíaco con las noticias del Ébola. Las imágenes son estresantes realmente y en mi región no hay casos hasta el momento. A mi hermana que se mantenga fuerte, ella tiene tareas difíciles, aunque no imposibles y que pida a Dios todos los días para que el Ébola se acabe y regresemos todos sin dificultad. A mis sobrinos, que se cuiden y me escriban todos los días.

“A la gran familia camagüeyana algo sencillo. Este pequeño grupo de valientes cubanos, como siempre ha sido, mirando hacia adelante con una gran fuerza en nuestros corazones para dar y dar lo mejor de nosotros y así ayudar a todo el mundo en cualquier parte donde nos necesiten. Allí estaremos siempre sin importar los obstáculos, y sabremos poner el nombre de nuestro país bien alto y triunfaremos. Muchas gracias a ti y a todos lo que de una forma se desvelan de preocupación por nosotros. Un abrazo y salud”.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Fotos: Cortesía del entrevistado

Fotomontaje: Alejandro Bonet

El médico más útil dentro de la población

El médico más útil dentro de la población

En aquel entonces ni siquiera podía soñar con ser Médico de la Familia, me había formado en una rotación puramente hospitalaria, y un internado vertical en la especialidad de Pediatría, en el que si concursaba era muy probable hubiera podido tener la dicha de conseguirlo. Eso me conmocionó, al extremo que pensé no me sería posible llevar a la práctica lo que nos pedían. Esa es la realidad”.

Así comenzó la conversación con la doctora Alina de la Paz Carmona, médica de la familia desde sus inicios hace 30 años y a partir del 1ro. de diciembre de 1988 en el consultorio No. 6 en la barriada de La Caridad, de la ciudad de Camagüey, Cuba. Siempre con horario de consultas, pese a otras responsabilidades, y con algún residente. Desde agosto del pasado año está todo el tiempo aquí, y solo comparte espacios con ultrasonografías.

Pero desde el primer día —añadió— que comencé a trabajar, el 22 de octubre de 1984, y atendí a mi paciente número uno, me sentí necesaria, me sentí útil. Comprendí que ser médico es ante todo, una profesión que se siente, por vocación. ¿Qué cosa fue para mí muy difícil? —se preguntó—, el llevar a la vez elementos de la medicina que nada tenían que ver con mi formación, y era la atención preventiva, muy lejos de lo aprendido en las aulas y hospitales, la atención de promoción de salud, que tampoco tenía relación y en aquellos momentos no había mucha experiencia profesoral en ese sentido.

Otra cosa muy difícil era el marco contextual en que nos íbamos a relacionar: un hogar, un barrio, en contacto directo con la población todo el tiempo, pero quizás esa misma comunicación con la familia, con la comunidad, ese intercambio continuo, esa necesidad de ayudar, de ser aceptado fue el acicate principal que me hizo superarme cada minuto, cada instante y tratar de incorporar todos aquellos conocimientos hacia la ginecobstetricia y la medicina interna que habían quedado un poco dormidos en mí desde el cuarto año de la carrera”.

¿Cómo consiguieron formarse entonces?

Con los primeros profesores a los cuales debo un respeto y una consideración especial. Algunos se han jubilado y otros han muerto; solo se mantiene trabajando el Dr. Claudio Abreu, especialista en Medicina Interna. Todos con esta misma intención y esa voluntad trataron de superarse y así ayudarnos y contribuir a nuestra formación. Si pienso hacia atrás, en estos 30 años transcurridos, me doy cuenta de que fueron verdaderos paradigmas para nosotros, y en lo que a mí respecta traté, al menos, de parecerme a ellos.

La atención secundaria es vista como lo máximo en la medicina y las fundadoras como usted, que son pocas, han roto con este esquema, ¿qué puede decirme al respecto?

Atender a la población, lograr que fuéramos aceptados debía estar directamente relacionado con nuestra capacidad y posibilidades diagnósticas. De ahí que la superación era un reto para demostrar en la comunidad de lo que éramos capaces. No se pudo lograr con el primer paciente, pero no creo que lo hayamos alcanzado en el número cien, porque fue una magia que fue envolviendo nuestro trabajo en el trascurso de los días.

Esos primeros cuatro años de mi formación como médico y me hice especialista en la comunidad donde trabajé, en el reparto La Zambrana, en lo que es el consultorio número Uno, sembraron en mí bases muy sólidas de la medicina familiar y consideré que el equipo básico de salud en el diagnóstico, en la consecuencia de la enfermedad y su riesgo para la vida, en la aceptación ante los eventos difíciles como es la muerte, de cualquier tipo de enfermedad terminal o la felicidad de la llegada de un recién nacido, o incluso, el deterioro producto de la edad y los fenómenos que la acompañan nos permitieron una interrelación tan mágica, reitero, con la comunidad y los pacientes, que cambió el modo de enfrentarnos a esto tan necesario.

Tuvimos la posibilidad de inaugurar uno de los primeros círculos de abuelos, demostramos que podíamos realizar ingresos domiciliarios y todo este tiempo nos permitió, de una manera adecuada lograr que la comunidad respetara nuestro trabajo.

El tiempo ha pasado y cada persona que recibo de esa comunidad me recuerda con entusiasmo, agradecimiento, incluso, algunos que no conozco ya porque son nietos de los que atendí y ahora he tenido que ver con ellos por otras funciones dentro de la medicina, me reconocen y hablan como si me hubieran tratado y esa es la mayor magnificencia que he sentido, pues se ha demostrado que esta especialidad, si se hace con conocimiento, dedicación y entrega es como mismo lo soñó Fidel, el médico más útil dentro de la población, porque es el que está de verdad a la cabecera del enfermo y al lado de sus penas y de sus alegrías”.

¿Desde el punto de vista de la capacitación?

Empezamos, digo así porque éramos un grupo, a superarnos desde el primer día, vivimos una revolución dentro de la medicina, tuvimos la posibilidad de ser docentes sin ser especialistas y formamos a los primeros médicos que nos siguieron, de cursos, incluso, muy cercanos al nuestro. Inmediatamente que nos hicimos especialistas, ya siendo docentes, nos fuimos categorizando, nos superamos en la investigación, armamos los consejos científicos de todas las unidades asistenciales que se formaron posterior a nosotros y de esta manera, evaluando y promoviendo a los educandos en aquella etapa.

En mi caso, he pasado por todas las funciones que desde aquí la Salud Pública ha puesto en el camino. Durante un tiempo hice de Pediatra; durante 15 años fui jefa de un grupo básico de trabajo como otros compañeros, y recibí todos los cursos de superación que pude. Concursé en el diplomado de Imagenología, en las relacionadas con la atención materno-infantil, con ultrasonografía, partes blandas y me mantengo con mucha satisfacción para mí, porque fue un mundo nuevo que descubrí hace ochos años y es maravilloso y útil, sobre todo para el servicio de genética.

Por otra parte, la Maestría en la Atención Integral a la Mujer me dio la posibilidad de perfeccionar aún más mis conocimientos acerca de la salud reproductiva, tanto de la adolescente, de la pre pubertad, de la mujer, y de la adulta mayor y he sido capaz de preparar a las promociones posteriores a las mías. Me gusta la investigación y ayudo a mis compañeros en este campo porque para mí el médico que no investiga no se preocupa por lo que sucede a su alrededor y vive al margen de la realidad. Soy especialista de 2do. Grado en MGI, Máster en Atención Integral a la Mujer, y Profesora Auxiliar.

Hago ultrasonidos en dos frecuencias semanales en un área de Salud, en la policlínica que me corresponde, la Ignacio Agramonte, y también suplencias en las que sean necesarias. Ahora cubro horario parcial en la policlínica José Martí (Centro). Lo importante es que nuestras embarazadas no se atrasen en sus estudios genéticos, tan importantes para diagnosticar precozmente cualquier malformación o anomalía”.

Indicadores fundamentales en su área.

Atiendo una población de 1 067 habitantes. No tenemos mortalidad materna ni infantil. Sí han fallecido cuatro adultos por enfermedades malignas, la primera causa de muerte en nuestra policlínica, en la provincia y el país.

¿Goza de buena salud el Programa del Médico y Enfermera (o) de la Familia?

Sí, y no va a morir nunca, porque la concepción por la cual se creó es una de las más humanas de la medicina. Uno debe permanecer al lado del enfermo y para lograrlo tiene que estar donde surge la enfermedad y es en la comunidad. ¿Qué hay que alcanzar con la medicina familiar? Dedicarle mucho más tiempo a la verdadera atención clínica. El médico y el enfermero estar junto al paciente, para orientarlo, educarlo, atenderlo y destinar todos nuestros esfuerzos a mejorar la calidad de los servicios para satisfacer sus necesidades y simplificar la parte burocrática de la especialidad que la ha convertido en algo muy difícil, hasta para mí que trabajo con un licenciado en Enfermería, un docente, con grandes habilidades y domina perfectamente la labor con la comunidad. Es muy bien aceptado por esta.

Nosotros no miramos el reloj, no tenemos horas para terminar, si es tiempo de almuerzo o de merienda. A veces nos preocupamos uno del otro porque ni siquiera hemos ido a tomar agua. Llega la noche y actualizamos documentos. Es muy difícil porque a veces dejamos de lado nuestro hogar, nuestros hijos.

En particular en esos momentos tan difíciles de epidemias de dengue y diarreas tipo cólera nos hemos dedicado a los controles para incentivar la participación comunitaria. Si algo no hemos logrado es el sentido de responsabilidad de la comunidad por ella misma, que se cuide”.

LA DOCTORA DEDICÓ UN APARTE PARA SU ENFERMERO.

Mi enfermero, mi amigo, se llama Carlos González Tagle, tiene 30 años de servicio en salud; primero como técnico en enfermería, luego licenciado y como especialista, es Profesor Asistente, Master de Atención Integral a la Longevidad Satisfactoria. Trabajó mucho en la hospitalaria y eligió un día la Atención Primaria y fue capaz de adaptarse de una manera extraordinaria al trabajo de la comunidad.

Tiene un carisma muy particular para llegarle a las personas, tratarlas y conducirlas y de apoyarlas en los momentos difíciles, de hacerlas reír hasta en momentos de dolor. Es excepcional como ser humano y profesional de la Salud. Disfruto de un equipo básico de salud en correspondencia con las necesidades de la comunidad”.

¿Se siente realizada?

Sí, estoy satisfecha y lo que me falta es lo que no he querido hacer y lo que me queda por aprender es lo que todavía debo estudiar y mientras me sienta capaz, útil, necesaria voy a seguir adelante. Hace unos días una paciente me hizo sonreír. Me dijo: “Doctora, vengo con usted porque es médico de una sola receta”. Eso nunca me lo habían dicho y de momento no le di importancia, pero al rato me dije: Parece ser que me lo he ganado. Y esa es la mayor satisfacción que como médico puedo recibir, como docente no hay un instante de mi vida que deje de ser profesora, ni siquiera con mis propios pacientes porque no puedo tratar a un enfermo sin explicarle lo que tiene, cómo hacer para mejorar su salud o recuperarla.

Con las generaciones que me ha tocado formar nunca me he alejado de la docencia porque hasta en los momentos de exámenes trato de hacer el proceso docente, instructivo para que aprendan y sepan todo lo que les queda por saber y nunca dejen de estudiar para ser buenos profesionales”.

¿Sufre, como persona, al lado de sus pacientes?

Sí, me ha costado mucho trabajo despersonalizarme, que es como lo llamamos en medicina. Me duele diagnosticar enfermedades con malos pronósticos y nunca me alejo del dolor humano. Así y todo he creado los recursos a mi manera para tratar de ayudarlos hasta los últimos instantes y me parece que lo he hecho de la mejor manera a mi alcance.

¿Tiene antecedentes familiares en la medicina?

Y sucesores también. Mi hijo Frank Ernesto es médico y está en Venezuela. Mis dos hermanos los son y uno de ellos se encuentra en Brasil. Mi otra hermana, ya jubilada, era profesora.

Un consejo para las nuevas generaciones…

Que no vean la medicina familiar como un castigo o como algo transitorio, que amen el trabajo con la comunidad y encuentren más allá de los papeles y documentos, esa parte escondida que es ayudar al paciente. El único lugar que lo pueden conseguir, el único espacio y el único instante es aquí. No olviden que en este sitio nace el ser humano, se forma, crece, llega a su adultez, se incorpora a la vida y finalmente muere.

¿Ha aprendido Alina a ser confesora?

Tenemos que serlo. Hay que escuchar a las personas, saber dar un buen consejo y saber callar, respetar los silencios de los demás y, sobre todas las cosas, sus secretos. Esa es la llave de la confianza y de que los seres humanos lo elijan a usted. Si uno pierde esa confianza deja de ser el médico de esa comunidad aunque siga allí.

Sirva de reconocimiento esta modesta entrevista a los trabajadores de la Salud cubanos, y a la Medicina Latinoamericana, en especial a los médicos y enfermeras de la familia, a quienes ha sido dedicada la Jornada de celebración, desde 8 de noviembre y hasta 3 de diciembre, fecha de nacimiento del científico e investigador Carlos J. Finlay, nacido en la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, hace 181 años.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona.

Foto: Otilio Rivero Delgado

No olvidarnos del VIH/sida, menos hoy, 1ro. de diciembre

No olvidarnos del VIH/sida, menos hoy, 1ro. de diciembre

A veces da la impresión de que el VIH/sida ya no es un problema de Salud. Escuchamos y nosotros, los medios de comunicación, publicamos poco al respecto, o solo lo dejamos para hoy, 1ro. de diciembre, Día Mundial de Lucha contra el VIH/sida. Esta situación puede crear una falsa expectativa, bajar el interés y continuarse entonces por un camino equivocado, con el consabido problema de contraer el virus, enfermar y hasta morir.

También se maneja el tema de una vacuna prometedora que no acaba de aparecer y la única manera eficaz de evitar esta dolencia es mediante relaciones sexuales seguras (sin penetración), o protegidas (con el uso del condón). Aunque hay otras formas de adquirirla como: por vía sanguínea (transfusiones con sangre contagiada), el compartir jeringuillas, agujas con portadores del virus o de madre al hijo durante el período de embarazo, el parto y la lactancia.

En la provincia de Camagüey el número de casos detectados desde 1986 (el primero), al 15 de noviembre del 2014, registra 992 personas diagnosticadas con VIH/sida, de estas 203 del sexo femenino y 789 masculinos, de las cuales 105 fallecieron, por lo que 887 son seropositivos o están enfermos.

El doctor Andrés Ponce Peláez, especialista en Epidemiología y jefe del Programa Provincial de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS)- VIH/sida llamó la atención acerca de que en el año 2013 aparecían, como promedio, 2,94 nuevos casos cada dos días, al tener en cuenta los 124 reportados; sin embargo, en lo que va del 2014, cada dos días, 19 horas y 58 minutos, han sido descubiertos 2,86, o sea, que ya fueron detectados 105 y el año no termina aún.

Resulta interesante conocer cómo de ese universo de individuos con VIH/sida, 330 son heterosexuales —tienen relaciones con el sexo opuesto—; 591, homosexuales —con su mismo sexo—; y 71, bisexuales —con uno y otro sexo—. Quiere decir que el mayor número está entre los homosexuales. Entre estos y los bisexuales sobresalen los masculinos.

Del total mencionado, el 34,6 % clasifica en la categoría de paciente sida, porque presenta un proceso séptico con parámetros de inmunodeficiencia o padecen expresiones clínicas de enfermedades oportunistas, o ambas. El profesor Ponce opina que estos se niegan a recibir el tratamiento médico o lo abandonan inconsultamente y, por lo general, son indisciplinados, quienes al sentir los resultados de tal dejadez quieren recuperar lo perdido, aun cuando los medicamentos los reciben gratuitamente, pero casi siempre cuando lo deciden, ya es tarde.

Otra manera de catalogarlos es como debut sida, correspondientes a aquellos que acuden a solicitar asistencia médica con cuadros severos del padecimiento, y son 87 los casos de este tipo desde 1986 a la fecha. En 1995 se manifestó el primero de estos, número que creció a través de los años; el 2013 cerró con 17, y en el transcurso del 2014 suman once.

Es de suponer que el VIH/sida aparece en edades de más actividad en la vida sexual; por ejemplo, entre los 15 y 49 años hay 907, sin desdeñar que hay casos de 14, y 16 tienen entre 60 años y más.

Uno de los logros palpables en la provincia es que 50 mujeres con VIH decidieron parir, incluso, algunas hasta en más de una ocasión; a 21 se les descubrió por los exámenes de rutina en el período de gestación y siete interrumpieron su estado por voluntad propia. De las 37 a las que se les aplicó la cesárea sus hijos no presentan síntomas de infección y seis están en plena gravidez. Debido a las precauciones adoptadas no hay transmisión de madre a hijos.

Vale destacar que aquí están involucrados los médicos y personal de enfermería de la familia, clínicos, pediatras, ginecobstetras, epidemiólogos, en fin diferentes especialistas que ofrecen su atención y seguimiento, a estos bebés mientras sea necesario.

Estos datos, que a groso modo ofrecen una panorámica de la presencia del VIH/sida en el territorio, indican que cualquier persona sin protección está expuesta a contraerlo. Esa es la respuesta a la interrogante de ¿por qué a mí?, que la mayoría se hace al ser citado por estar en las llamadas cadenas de contagio. Cuando fue detectado el último caso en la provincia de Camagüey, en Cuba sumaban 21 631.

El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) contamina a las células del sistema inmunitario, altera y anula sus funciones, lo que trae aparejado el deterioro progresivo de ese sistema y así llega la inmunodeficiencia.

En los estadios más avanzados de la contaminación por VIH el término utilizado es el de sida o Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y se define por la presencia de una de las más de 20 conocidas como  oportunistas o de cánceres relacionados.

Uno de los problemas más graves de salud pública en el mundo continúa siendo el VIH/sida, con un incremento en la sobrevida y mejor calidad de esta, por los adelantos y acceso a los medicamentos, en el caso de Cuba, repito, suministrados gratuitamente.

De acuerdo con datos consultados en la red de redes, la epidemia mundial alcanza cifras alarmantes, pese a los avances de las ciencias médicas. Los primeros casos fueron descubiertos en 1981, en San Francisco, EE.UU.

En sus inicios la enfermedad le fue indilgada solo a las comunidades gays y le llamaban la “peste rosa”, de ahí su estigma. Luego la culpa se llevó a los adictos, y como la vida ha demostrado que no hay un segmento poblacional único para ser contagiado sería algo monstruoso ignorar las medidas preventivas, con el uso del condón y otros actuares con la sangre al aplicar las transfusiones.

Para el 2014 la Organización Mundial de la Salud (OMS), propuso como tema para este Día…: Cerremos la brecha. Por una generación libre de sida, y busca, el acortamiento de la distancia entre quienes reciben los servicios de salud que necesitan y quienes quedan rezagados.

Según afirmación de la directora de la OPS/OMS, Carissa F. Etienne, a propósito del Día de Lucha Mundial contra el VIH/sida: “En la última década, los países de América Latina y el Caribe han ampliado el acceso a los servicios de salud que las personas que viven con VIH necesitan, incluidos los medicamentos”, y añadió: “Controlar la epidemia para 2030 es posible si los países aplican una estrategia de prevención combinada y si todas las personas conocen su estado de VIH, reciben el tratamiento que necesitan y viven libres de estigma y discriminación”.

Por primera vez la región de América y el Caribe presenta datos como que tres de cada diez personas tienen VIH y no lo saben y que el 35 por ciento de los nuevos casos llegan tarde al diagnóstico, por lo tanto ocurre lo mismo con el tratamiento adecuado para salvarles la vida.

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Imagen: Tomada de Internet