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Felicitaciones especiales para un médico especial

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Hacerle una visita de amigos en su casa al prestigioso Pediatra Doctor Manuel Oliva Palomino y a su esposa Teresita resulta sencillo por la personalidad de ambos. Allí se conversa de diversos temas y si le preguntas a él sobre su especialidad recibes una clase magistral entendible a todos los niveles, pero a la vez el encuentro se torna difícil y les cuento el porqué.

Cuando uno está más embullado en la plática asoma alguna mamá o papá, o ambos, con su niño. En una ocasión me tomé la atribución de contarlos y llegaban a 16. Ese día desistí de la visita porque, por supuesto, él prioriza a sus enfermitos.

Desde que mi hijo nació él ha sido su médico y Orielito lo quería tanto que un buen día lo estaba bañando y me dijo: “Mamá, Oliva es el mejor médico del Mundo”, y le respondí sin querer demeritar sus sentimientos: “Figúrate nené, hay tantos médicos en el Mundo que sería imposible asegurar algo así” a lo que me respondió con una rapidez tremenda: “Bueno mamá, para mí sí”.

Las veces que acudí a Oliva, como le decimos sus amigos, nunca falló en su diagnóstico ni tratamiento, daba en la diana con una seguridad que me ponía a meditar. Ante una fiebre “pegada” de mi hijo me dijo: “Verás que ahora le saldrá un rash de la cintura hacia arriba y se le quitará la fiebre”. Confieso que quedé pensativa y me pregunté: “¿Cómo lo sabe?”.

La respuesta la encontré al llegar a mi casa, al rato ya había aparecido el rash y la fiebre desapareció, y así tengo anécdotas como para nunca acabar. Como que mi hijo con un año de edad identificaba con movimiento a todos los  instrumentos musicales un día mostró sus habilidades histriónicas delante de su médico-padrino y Oliva se percató de que el único al que le ponía música era al violín y me dijo: “Tienes que alimentarle esa inclinación, el violín es el único que tararea”. Hoy mi hijo es violinista.

Comparto estas experiencias acerca del Profesor Consultante del hospital pediátrico provincial Eduardo Agramonte Piña, porque el 3 de diciembre es el Día de la Medicina Latinoamericana y de los Trabajadores de la Salud en Cuba, por ser la fecha del natalicio del eminente científico camagüeyano Dr. Carlos J. Finlay y Barrés, hoy su número 179.

Otro pretexto es adecuado para dar a conocer solo por “arribita” como decimos los cubanos cuando apenas tocamos un asunto, cuestiones de la vida de este hombre manzanillero de nacimiento y camagüeyano de corazón, porque recibió la Medalla Jesús Menéndez, que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba, a propuesta de la Central de Trabajadores (CTC) de este país.

El reconocimiento intenta resumir una vida entera de entrega, altruismo y consagración de este baluarte de la Medicina camagüeyana y cubana, paradigma de ética profesional y personal, de Profesor e internacionalista.

El Salón de Protocolo Nicolás Guillén, de la Plaza de la Revolución Ignacio Agramonte y Loynaz sirvió de sede para homenajear a este hombre que ha representado a la Salud cubana en más de 30 naciones y cumplió misión internacionalista en Nicaragua.

En un aparte con el Profe Oliva, como cariñosamente le dicen muchos, rememoró cómo la vida, cual si hubiera sido una premonición lo fue llevando a la figura de Jesús Menéndez. Cuando asesinaron al General de las Cañas como lo calificó Nicolás Guillén fue expuesto, antes de trasladar sus restos a La Habana, frente al gremio de estibadores de Manzanillo y su padre lo llevó, él estuvo allí.

Cuando estudiaba Medicina conoció a dos compañeros que eran hijos del médico que le practicó le necropsia, quienes le contaron de los chantajes y presiones que sufrió para cambiar su veredicto, y además, conoció a Casillas Lumpuy, "el capitán del odio": el asesino.

Otros recuerdos alrededor de tan triste y abominable hecho vinieron a la mente del Dr. Oliva. “Fíjate cómo la vida me ha llevado a este hombre —me comentó y añadió con la gracia que lo caracteriza—, al uno vivir bastante suceden cosas como estas”.

Él asegura que el mayor reconocimiento lo recibe de los familiares y de sus niños enfermos, máxime, por tratar a aquellos de la sala de Oncología de su querido hospital: “Uno trabaja y trata de hacer las cosas bien y no por ganar una medalla, solo por cumplir con el deber que le toca, por eso creo, no merecer tanto”.

El Profesor Oliva, un Pediatra de talla extra considerado una autoridad acerca de los temas relacionados con la oncología pediátrica, pertenece a ambas sociedades científicas cubanas y tiene en su haber la publicación de más de una decena de libros. Atiende a todos los niños con cualquier padecimiento y siempre con agrado. Cumplirá 77 años el 16 de diciembre venidero y por eso también lo felicito desde ya.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona (Cuqui)

Foto: Otilio Rivero Delgado

 

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