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Ojo con su peso

Ojo con su peso

Esta exposición constituye un reto para algunos y no permite lograrlo a otros y está relacionada con la ganancia de peso. La mayoría de los estudios que encontramos en la literatura al respecto parte de grupos de personas con aumento de peso, y los esfuerzos para disminuirlo; pero, en este momento quiero introducirlos al análisis de un interesante trabajo publicado en la Revista “The New England Journal of Medicine” en relación con los  cambios en la dieta y estilos de vida en un grupo de 120 877 personas de ambos sexos,  observados durante unos veinte años y que al inicio eran libres de enfermedades crónicas no transmisibles y tampoco obesos. Los participantes se evaluaron cada cuatro años y sus resultados nos permiten comprender mejor la forma de luchar para evitar la obesidad y entonces disminuir las enfermedades crónicas.

Se observó un promedio de 3,35 libras ganadas en el periodo; y este se asoció de manera principal a la ingesta de chicharritas de papas, papas fritas “francesas”, bebidas dulces, carnes rojas no procesadas y carnes procesadas y fue lo contrario en su desarrollo con la ingestión de vegetales, granos enteros, frutas y el yogurt.

Los hábitos de vida analizados fueron: actividad física, tiempo observando televisión, uso de bebidas alcohólicas, duración del sueño y la dieta. Cuando compararon el hábito de fumar con aquellas personas que nunca fumaron, los que habían eliminado ese vicio tuvieron un aumento neto de unas 5 libras por año.

Analizaron también el consumo de frutas, vegetales, granos enteros, los cuales no se observaron asociados al aumento de peso.  Las bebidas dulces, los dulces y postres, las carnes procesadas, las carnes no procesadas, los alimentos fritos fueron los más implicados en los aumentos de peso. Las bebidas alcohólicas ingeridas resultaron objeto de estudio y consideraron que los hallazgos son complejos por el heterogéneo resultado en relación con el sexo, el tipo de bebida ingerida y los cambios en los hábitos. 

La práctica de ejercicio físico fue un elemento que no se asoció al aumento de peso. El tiempo de sueño encontró aumentos de peso cuando se dormía menos de seis horas o más de ocho horas al día. El tiempo observando televisión también sugiere una vinculación con el aumento de peso, aunque, consideraron que puede tener conexión con el tiempo disminuido de sueño. Este estudio nos actualiza en cuestiones básicas cuando esperamos enfrentar el problema del aumento de peso de la población.

Deseamos que si al leer estas líneas tiene algunas preguntas, dudas o la necesidad de realizar comentarios pueden hacerlo en el propio blog o enviarlo por nuestra dirección electrónica: justog@infomed.sld.cu o a vilato@enet.cu

Y no lo olvide: ¡Cuide su corazón!

Autor: Dr. Justo de Lara Abad, especialista de 2do. Grado de Cardiología y Profesor Auxiliar.

Camagüey a la vanguardia en el uso del Heberprot-P

Camagüey a la vanguardia en el uso del Heberprot-P

A las puertas del año 2012 Camagüey se ubica como la primera provincia del país, solo antecedida por la capital, en la cantidad de diabéticos con úlceras en sus pies (UPD) que reciben la aplicación del Heberprot-P, quienes ya completan la cifra de 500.

Si se toma en consideración la cantidad de pacientes incluidos en el uso de este producto cubano y la comparamos con la del año precedente nos encontramos con un número muy por encima y también que sobrepasa el 50 % del potencial de pacientes.

Este medicamento que ha cambiado de una manera eficaz las esperanzas de los aquejados de esta dolencia y también las perspectivas médicas ante situaciones que en la mayoría de los casos llevaban a los enfermos a ser amputados de alguno o de ambos miembros inferiores, ha prendido en los profesionales de la Salud camagüeyanos por esa tradición indiscutible que figura en la especialidad de Angiología y Cirugía Vascular.

Las áreas de Salud se han integrado al proceder médico, con sus enfermeras y podólogos muy bien adiestrados, y de ahí la apropiada interrelación entre la atención primaria y secundaria de Salud.

Es un hecho demostrado que este medicamento producido en Cuba, y altamente costoso, es el único en el Mundo de su tipo, y ha abierto una nueva expectativa porque la tasa de amputaciones puede reducirse a un nueve por ciento tanto nacional como internacionalmente. Sin la aplicación del

Heberprot-P la literatura médica recoge entre un 60 y un 80 por ciento de mutilaciones de miembros inferiores por encima o debajo de la rodilla en las personas con UPD.

El hospital universitario Manuel Ascunce Domenech ocupa el quinto lugar en el país por el número de nuevos pacientes integrados al uso del producto en el 2011, lo cuales ascienden a 190.

En nuestra nación este medicamento está al alcance de todo necesitado y es inyectado intralesión, con la ilusión de curar en una etapa entre los 56 y los 120 días.

Cada vez son más los países que solicitan este producto ya aplicado en 18 centros de los que agrupan la Unión Europea  y es comercializado en casi 20 naciones.

De cualquier manera lo fundamental es que el diabético conozca acerca de su padecimiento, cómo mantener una dieta adecuada para prevenir las descompensaciones y cómo evitar las lesiones en sus pies.

 

Autora. Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Tomada de Internet

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

Educación en Diabetes

Educación en Diabetes

La educación diabetológica es esencial para una mejor evolución de la enfermedad, tanto en los pacientes como en sus familiares cercanos, si no el principal, en las estrategias de prevención y control de la enfermedad.

La persona receptora de educación diabetológica deja de ser espectador pasivo de la enfermedad y se convierte en protagonista de su seguimiento y control.

Esta enseñanza, impartida por todos los miembros del equipo de salud vinculados con el paciente diabético, llámense médico, podólogo, enfermera, nutricionista, fisiculturista u otros, constituirá un proceso educativo continuo con estos grupos, en relación con diversos aspectos relativos a la diabetes.

De vez en cuando, ellos deben recibir un refuerzo para mantener en estos educandos una motivación activa e informarlos, además, de los progresos en el tratamiento o las técnicas relacionadas con la enfermedad.

En una investigación conjunta del Centro de Diabetes Joslin, en Boston, y el Centro Médico Montefiore, en la ciudad de Nueva York, publicada recientemente en la revista Archives of Internal Medicine, se confirma cómo la educación diabetológica contribuye a mejorar el control de la glicemia en aquellas personas con problemas para controlar su enfermedad.

El estudio también muestra que la educación sobre la diabetes es fundamental y funciona, y que el tiempo y el esfuerzo invertidos en los pacientes se correlacionan de forma positiva con mejores resultados.

NUEVOS ENFOQUES EDUCATIVOS

Los autores de la investigación mencionada señalan la importancia de personalizar las enseñanzas según el tipo de paciente, pues lo que funciona con los que padecen diabetes tipo uno, no necesariamente funcionará bien con pacientes aquejados de diabetes tipo dos, y las personas que ya tienen complicaciones por la diabetes, probablemente necesiten una educación y seguimiento más intensivos que aquellas afectadas por diabetes estable y relativamente bien controlada.

El estudio también comparó una intervención que combinaba aspectos de estrategias cognitivo conductuales con una educación clásica sobre la diabetes, tanto en ámbitos grupales como individuales.

Por ejemplo, en la educación sobre la diabetes, una estrategia conductual podría ser lograr que la gente deje de pensar en los niveles de glucosa como "buenos o normales" o "malos o elevados".

En lugar de pensar simplemente que es malo mantener cifras elevadas de la glucosa sanguínea, se sugiere analizar qué podría haber contribuido a esa cifra y qué puede hacerse para reducirla y para evitar que aumente de nuevo.

Los investigadores compararon dos grupos de diabéticos, uno al que se le proporcionó enseñanza conductual estructurada y otro al que se le dio la instrucción normal. Al inicio y al final del estudio de varias semanas, a todos se les realizó una hemoglobina glicosilada (medida de los niveles de glicemia a largo plazo; mide entre dos y tres meses anteriores a la extracción sanguínea, los niveles promedios de glicemia).

Al inicio del estudio, la hemoglobina glicosilada promedio fue de nueve por ciento. Los del grupo conductual estructurado tuvieron una reducción de 0,8 por ciento, mientras los otros la redujeron solo en 0.4 por ciento.

De lo anterior se deduce la necesidad de individualizar a cada diabético dentro de un grupo de educación diabetológica y la importancia de las intervenciones conductuales.

 

Autor: Profesor Alberto Quitantes, Profesor Consultante y Jefe del Servicio de Endocrinología

Hospital Docente Dr. Salvador Allende

La Habana, Cuba.  E. mail: alberto.quirantes@infomed.sld.cu

Nota: Ya fue publicado en: cubahora.cu

Sencillo tributo por el Día de la Medicina Latinoamericana

Sencillo tributo por el Día de la Medicina Latinoamericana

En la foto los Profesores Agramonte, Hernández Díaz, Cuan, Mendoza, Casares, Arrieta, Ravelo y Pila, en ese orden.

Camagüey tiene a su bien ser la cuna del Doctor Carlos J. Finlay, (1833-1915). Nacido el 3 de diciembre, en la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, en la calle Cristo 2214, por eso hoy se celebra el Día de la Medicina Latinoamericana. 

“Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace…Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales”. Mario Benedetti

Sirvan este pensamiento de M. Benedetti muy a tono con las características que no pueden faltarle a un médico y las modestas entrevistas que de manera individual colocaré en mi blog para reconocerles hoy Día de la Medicina Latinoamericana, por supuesto, en algo, tanto bien que han hecho estos Profesorazos del hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, a la humanidad en Cuba y en otras naciones.  A ellos y a otros dedico la Portada de hoy; como a mis queridos Profesores Sergio Vega Basulto, Rafael León Díaz, Julio Blanco, Guillermo Jesús Pardo Camacho (Willy), Mario Acosta Sóñora que ya no están;  y también a Manuel  Oliva Palomino, Floro Cepero, Norma Hernández,  Félix González, Francisco Rodríguez (Paquito), Matilde Landín, Ramón Romero, Rafael León (hijo), Justo De Lara Abad, Jorge T. Balseiro, Víctor Pacheco, Andrés Hernández, Hipólito Izquierdo (Zazo), Sarah López, Telma Ferrá, Antonio Puente, Pedro Alfonso (Chuchín), Carmen Cuéllar, Concepción Pontón, Jorge Sugrañes, Raúl Fernández, Maruja Morales, Carlos Morán,  Leonardo Ramírez, Ernesto Abad, Daysi González, Carmen Proenza, Josefina Collot (Finita), José Ramón Guerra, Alberto Quirantes  y los hermanos Nelly, Luis y Manuel Nafeh Abi-Rezk. A quienes les debo, sobre todo, por haber sido o ser mis amigos.


Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Fotos: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

Pido salud para hacerle bien a la humanidad

Pido salud para hacerle bien a la humanidad

Con el Profesor Doctor Rafael Víctor Pila Pérez, de 73 años, me pasó algo peculiar. El Doctor Raúl Cepero, director del hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech y yo tuvimos que confabularnos para conseguir esta entrevista y lo logramos.

—Así, tan campechano como imagino lo haya sido siempre comenzó a decirme:

—Soy de origen campesino. Nací en el Central Colombia, antiguo Elia, en el barrio de Borboyón y me siento muy orgulloso de mis raíces.

“Eso de estudiar Medicina parece que venía en los genes. Mi padre empezó trabajando en una farmacia limpiando pomos, después pasó al mostrador y más adelante se hizo dueño de una, o sea, boticario. Yo veía todo aquello, él era medio médico, como era un pueblo de campo le consultaban cosas, y yo veía cómo se curaban las personas y le cogí un cariño a aquello tremendo. Eso marcó mi vida: tratar de curar a las personas, algo inculcado por mi padre y por mi padrino que era médico, era un negro matancero que estudió con mucho sacrificio, examinó tres veces la Fisiología con el doctor Ramón Grau San Martín y siempre la suspendió porque era negro, pasó un trabajo tremendo.

“Llegué a 4to grado en mi pueblo, no había más escuela y vine para Camagüey. Me presenté a Preparatoria, salí Bachiller, y fíjese pasé más trabajo para terminar el bachillerato que para estudiar Medicina. Yo era muy bruto, eso no era sencillo, había asignaturas que requerían de repasadores y no tenía cómo pagarles. Hasta que por fin pude terminar y perdí cuatro años de la carrera porque por cuestiones políticas cerró la Universidad de La Habana. “Terminé en 1967. Hice cuatro años de postgraduado y no dos como era debido porque casi no había médicos, caí aquí, tomé agua del Tinajón y me quedé, De todas maneras Elia pertenecía a esta provincia.

“Desde finales de la década del ’60 estoy aquí. Con honestidad disfruto mucho lo que hago porque lo mío ha sido trabajar y creo que la función del médico, independientemente del país en que esté, la que función que cumple es trabajar y ver enfermos y si no los veo no cumplo la misión que me propuse en la vida. Vivo orgulloso de eso.

—Debe sentirse marcado por el reconocimiento de sus enfermos y de sus alumnos, usted es muy respetado…

—Yo soy militante del Partido, pero nunca he dejado de creer en Dios y la única riqueza que tengo es dar gracias cada día al levantarme y pido que me dé salud para hacerle bien a la humanidad. No quiero más dinero, bienes ni nada, sino fuerza para hacer el bien. Con lo que tengo vivo. Y mis alumnos lo saben.

“La riqueza más grande que me puede haber ofrecido Dios es la de servirle a la gente. Hay veces que cometo errores y trato de censurarme cuando actúo mal. En la Medicina antes había cierto grado de respeto, ahora ha disminuido, pero trato de cumplir. Nací el 10 de marzo de 1938 y estoy aquí desde el '69.

“De mis alumnos no me quejo, ellos son como los forma el Profesor, parte de la integridad de los alumnos se la ofrecemos nosotros. El Profesor no solo tiene que enseñar Medicina, tiene que enseñar otras cosas porque el médico tiene que dominarlo todo, tiene que saber cuánto cuesta una cama, cuánto vale un bulbo de penicilina y de rocephin…y no sabemos, pregunte cuánto gasta este hospital al año en moneda nacional y divisa; mire los cuatro centrales que van a moler de Camagüey este año no alcanzan para pagar el gasto de este hospital y no se le cobra nada a la gente.

“Este es un momento que tenemos que enseñar a las personas, no solo a los alumnos porque así vamos muy mal, no hacemos nada con las terapias intermedia, intensiva, y muchos equipos si estamos perdiendo el equipo fundamental que es el corazón. Cuando un médico pierde la vocación deja de serlo, el médico no puede tener ni cliente ni paciente, solo enfermo.

“Algunas personas o alumnos se quejan y no se dan cuenta del momento que estamos viviendo, ni saben cómo está la cosa en Europa y en los Estados Unidos, no leen, no estudian, ni le decimos a los alumnos lo que está pasando. Debemos ofrecerle un poquito de filosofía y de entendimiento. Todo no puede ponérseles en las manos sin sacrificio alguno.

“Esto es muy complicado. La Medicina se interpreta de diferentes formas, pero lo primero que debe tener un médico es vocación y segundo deseos, si no lo tiene ese día lo mejor que hace es no venir al trabajo, de lo contrario todo sale mal, hay que hacer de tripa corazón y con una sonrisa en los labios si no podemos curar, al menos aliviamos a los que sufren, ese es el concepto de lo que debe ser un médico.

“La gente no solo debe saber del aspecto médico, del método clínico, del abuso de los medicamentos, del uso de la radiología. Ahora si usted ingresa a un enfermo y no le manda una Tomografía Axial Computarizada (TAC), o SOMATON como dicen ellos no salen contentos aunque ni lo toques, cuando la clínica es lo más importante y eso hay que decirlo.

“El especialista en Medicina Interna es integrador, el que orienta hacia dónde dirigir al enfermo y qué hacer. Usted va a un hospital y así va la Clínica así va el hospital, cuando la Clínica va para atrás, aunque tenga Resonancia Magnética, TAC, todos los equipos habidos y por haber ese hospital va en detrimento del desarrollo. Eso hay que rescatarlo. Hay que enseñar un poco más de ética, filosofía médica y de leyes.

—¿Algún recuerdo de cuando estudiaba?

—Son innumerables, pero mire, tuve un Profesor aquí, el Doctor Jorge Dieppa Recio, que me enseñó tanto que le tengo gratitud, de él aprendí muchas cosas que las llevo a la práctica todavía. Hay cosas viejas que sirven y nuevas que no, debemos encontrar un equilibrio para que los médicos sean mucho mejores. Claro tuve otros muy buenos Profesores, a todos los recuerdo. La calidad humana tenemos que formarlos nosotros y ser ejemplos.

—Otro suceso que comparto con los lectores es que al felicitarlo por el Premio Anual del 36 Congreso de Medicina Interna 2011, por su libro Sarcoidosis, tuve que hacer un pacto entre un caballero y una dama.

—Fíjese, me increpó con esa sinceridad que lo caracteriza, si no dice que solo once compañeros de este hospital me han felicitado, ni lo mencione.

—Cumplida mi promesa ahora añado su explicación acerca del texto.

—Está basado en una enfermedad sistémica que afecta  todo el organismo y que es el resultado de un estudio de 28 años. Decían que esa dolencia no existía, yo la encontré y trabajaron conmigo cinco médicos más, entre ellos mi hijo que es Profesor Auxiliar en Medicina Interna, él es más inteligente que yo, —dijo sonriendo con picardía—. Los otros cuatro son como si fueran mis hijos también.

—Sus enfermos y alumnos lo quieren y lo respetan...

—Sí, a veces se percibe, pero quisiera que mis alumnos fueran mejores que yo, la parte humana y afectiva no puede perderse.

—Y sentenció…

—El Estado cubano se ocupa mucho, pero antes con menos recursos la gente se sentía más complacida y eso hay que rescatarlo. La enseñanza acerca de relación médico-enfermo debe ser mejor, para que los médicos sepan que ese enfermo forma parte de su familia.

Datos necesarios: Es Profesor Titular y Consultante, especialista de 2do. Grado en Medicina Interna.

Medallas: de Trabajador Internacionalista, Certificado de reconocimiento por el Superintendente del Public Hospital de Georgetwm. Del Gobierno de Guyana, de la Asociación de enfermeras y de la Asociación de diabéticos, de ese mismo país y reconocimiento de la Guyana Medical Association.

Distinciones y condecoraciones: Trabajador destacado a nivel provincial, Medalla José Tey, Premio de Universidad de Montevideo, Uruguay, por el trabajo de Hipertensión Arterial en pacientes jóvenes: Factores y Pronósticos.

Premio de la Revista Servicios Médicos de Uruguay; Premio para un Maestro y Tiza de Oro, otorgados por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), Reconocimiento a la Maestría y a la excelencia en el ejercicio de la Medicina.

Certificado de la Distinción por el 492 aniversario de la fundación de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

Labor destacada como árbitro en la revista de Archivos Médicos de Camagüey.

Premio a la Perseverancia por los 40 años de labor asistencial, docente e investigativa. Reconocimiento de la policlínica docente de Previsora por 38 años de consulta médica que aún ofrece.

Tiene 296 trabajos presentados. 411 publicaciones, con la inclusión de su libro: Sarcoidosis.

Miembro adjunto de la Sociedad Cubana de Cardiología y Titular de la Sociedad Cubana de Medicina Interna.

Primer jefe de cátedra Clínica Médica cubana durante cinco años. Jefe de servicio de Medicina Interna aquí 1975-1979 y jefe de Terapia Intermedia del ‘78 al ‘82.

Misión internacionalista: en  Guyana (1981-1983)

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

Su gran pasión

Su gran pasión

El Profesor Doctor Oliverio Agramonte Burón, 73 años de edad. Nació en Camagüey. Dijo ser hijo de viejos y de familias muy humildes.

—Mucho le han sugerido que escriba sus memorias, pero asegura:

—Soy más comunicador que escritor. Tengo una historia que no es muy frecuente. De toda mi familia, de padre y madre, solo dos pudimos estudiar en la Universidad de La Habana, un primo que después se fue y yo.

Mi padre era ferroviario de toda una vida. Estuvo 49 años trabajando.

“Estudié Medicina, quizás, por intuición. Fui el más joven en mi curso de bachillerato y también en la Universidad. Me gradué de 17 años en el antiguo Instituto de 2da Enseñanza. Mi padre era un hombre educado, instruido, pero no profesional. Él me dijo: ¿Quieres estudiar? Le dije que sí, era ir a parar en Casa de Huéspedes y él me mandaba un dinerito.

“Fue con mucho sacrificio, un hijo de obrero no podía darse esos lujos entonces. Empecé a estudiar Medicina en 1955, pero como la Universidad era en centro de Revolución, Fidel estaba en México porque lo acababan de liberar, el Gobierno suspendía las garantías y entonces cerraba, que era autónoma, hice medio primer año hasta finales del ‘56, porque paraba mucho, en este año fue el desembarco del Granma y volvió a cerrar, quiso abrir en el ‘57 y fue el asalto a Palacio, y así fue hasta 1959.

“Recomencé y me gradué en el 1964, con internado y todo y vine a hacer el postgraduado como médico rural; me tocó Vertientes, allí estaba con el Dr. Floro Cepero, el Oncólogo, que era de un curso anterior al mío.

“Me motivaba la cirugía y pedí venir para este hospital. Aquí había 69 médicos en aquella época. Vine a trabajar a Cirugía y el Dr. Raúl Respall (ya fallecido), fue de los que se quedó luego del triunfo revolucionario y asumió la enseñanza, fue mi Maestro. Nos quedamos los dos, se trajo a Cuan de Ciego, a Orlando Zamora de Morón, y a Ravelo, de Antillas.

“A llegar la docencia me encontró a mí aquí y el Profesor Gerardo de la Llera me escogió, era docente sin tener categoría, me hice especialista en el 1974, hice docentes a algunos sin tener yo la categoría.

“En febrero de 1966, cumpliré 46 años en este hospital, sin alarde el que más tiempo lleva soy yo. La cirugía ha sido mi vida, hice guardia física hasta el 2003. En aquella época la guardia era fuerte y hacíamos la de pediatría también. Los médicos de aquí hacíamos 13 guardias físicas mensuales entre este hospital y el pediátrico, y al otro día a operar como si tal cosa”.

—¿Satisfacciones?

—Que mis padres me vieron médico y empezar la cirugía. También que mis dos hijas son médicas, una es Ginecobstetra y la otra especialista en Medicina Interna. Mi esposa es estomatóloga, especialista en Ortodoncia y fundadora de esa especialidad en Camagüey. Todavía trabaja.

—¿Tristezas?

—Figúrese, como cualquier ser humano, pero hay una muy particular. Mi madre enfermó y agravó cuando yo estaba en Guyana. Nunca más nos vimos porque ella hizo una hemorragia cerebral y al regresar ella estaba en Terapia Intensiva. Ella no me vio más, ni yo le pude decir adiós.

—¿Qué le quedó sin lograr?

—Quizás haber tenido una mayor cultura. No tuve la orientación de desarrollar la investigación y esa es una frustración que guardo para mí. Me tocó otra época, y eso de que la docencia me encontró aquí puede parecer petulante, pero fue así.

—¿Su gran pasión?

—Venir aquí. A veces sufro un poco. Tengo una impresión, muy personal de que las condiciones han cambiado. No veo la fuerza de los residentes actuales a la de los residentes que había aquí hace 30 años. Es feo comparar, pero es mi impresión y puede no ser real. En la década del ‘70 hasta el ‘80, los que se formaban aquí en todas las especialidades eran superiores a la actual, claro, hay otros cambios, otros factores, la tecnología que es para bien, no es muy buena para la enseñanza, se ha perdido el método clínico.

“El tribunal que examinaba era fuerte y el residente era fuerte. La gente disfrutaba ese claustro apretando y a aquel residente defendiéndose. Ese tribunal se regocijaba cuando le daba 100 o 99 puntos, esos factores han cambiado, quizás otros no compartan mi criterio.

“Los más jóvenes tienen que estudiar mucho, en la especialidad que sea y tienen que proponerse que para conseguirlo tienen que ser sacrificados. Las cosas no caen del cielo.

“Me gusta mi hospital, me gusta venir. Me parece que he cumplido y me he preocupado por este hospital”

—Sabe que es un cirujano muy querido y respetado por este pueblo:

—Piensa antes de responder y agrega: “Digo como dijo el Che en su carta: ‘alegra una parte de mi espíritu’”.

—¿Alguna anécdota?

—Un Profesor que ya murió y me quería mucho se quedó después del triunfo de la Revolución pese a que fue afectado económicamente. Él era un virtuoso y como docente ni hablar, tuvo mucho éxito, todos son discípulos hoy son virtuosos también. Él era muy incisivo y un día me preguntó: Agramonte, ¿por qué eres comunista?, y le respondí:

“Porque soy hijo de mi clase. Mi padre era obrero, a veces no tuvo trabajo, su clase es otra y yo no lo puedo criticar por eso, ha ofrecido sus conocimientos y creo hace bastante, al final se rió”.

—¿Sobre el retiro?

—No pienso en eso. No sé hacer otra cosa. No tengo otro oficio. Me siento útil todavía.

Datos necesarios: Profesor Consultante. Especialista de 2do. Grado en Cirugía General.

Distinciones y condecoraciones: Vanguardia Nacional, Por su consagrada dedicación al desarrollo Científico Técnico de la Universidad Médica; Por su contribución y enseñanza a generaciones más jóvenes; Asociación de Combatientes Raúl Quiala Castañeda; Premio para un Maestro; Distinción XXX Aniversario de la fundación de la Universidad Médica Carlos J. Finlay de Camagüey; Miembro de Honor de la Sociedad Nacional de Cirugía General, miembro fundador de la Asociación Médica del Caribe (AMECA); y miembro de la Sociedad Iberolatinoamericanada de Cirugía.

Medallas: Manuel Fajardo, Trabajador Internacionalista, Por la Educación Cubana, 40 Aniversario de la Universidad de Camagüey.

Ha ocupado diversos cargos de dirección.

Misiones internacionalistas: Jefe de la misión cubana en Guyana (1978-1980) y como cirujano en la República de Yemen, como colaborador (2004 al 2006).

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

 

“No debemos dejar nada debajo de la manga”

“No debemos dejar nada debajo de la manga”

El Profesor Doctor Ángel Hernández Díaz, 75 años de edad. Nació en Nueva Paz, antes La Habana, ahora Mayabeque. Fue de los primeros becados en G y 25.

“Soy un médico —dijo— formado por la Revolución, mi procedencia era muy humilde. Pude estudiar porque la Revolución me abrió sus puertas, aunque agradezco a mis tíos y a mis hermanos que tanto de esforzaron porque pudiera hacer mi carrera. Terminé en 1964 y pertenezco al primer grupo de médicos que renunciamos a las consultas particulares.

“Comencé la primera carpeta familiar, algo parecido al Médico de Familia, en 1971 vine para acá porque me mandaron y he conquistado grandes satisfacciones en mi carrera. Formé a muchos médicos en Otorrinolaringología de aquí y de Ciego de Ávila y las Tunas, y dirigí ese servicio por mucho tiempo.

“Siempre estoy al lado de los ya profesores y alumnos y con la mejor disposición de ayudar y ofrecer mis conocimientos. Soy de los Profesores que se sientan en el cuerpo de guardia, al igual que el doctor Oliverio Agramonte, eso ayuda, aporto a quienes comienzan. Nunca debemos dejar nada debajo de la manga. Pienso en el pueblo y hasta en mí mismo y mi familia, porque en un futuro quiénes nos atenderán la garganta, ellos.

“Gracias a esos preceptos hemos podido avanzar. Quiero a este hospital y me jubilo el día que no pueda hacer nada, ahora vengo y hago algo, aporto con mi experiencia. La Revolución me dio todo a mí y yo le he retribuido con algo. Sigo en cuerpo de guardia, en consulta, en pase de visitas, en todo”.

Datos necesarios: Profesor Auxiliar y Consultante, especialista de 2do. Grado en Otorrinolaringología.

Reconocimientos: Por integrar el primer claustro de profesores de la Universidad Médica Carlos J. Finlay de Camagüey; de los Servicios médicos del MININT.

Reconocimiento por 20 años como cuadro de dirección.

Distinción 30 Aniversario de la fundación de la Universidad Médicas camagüeyana.

Por árbitro de la Revista Electrónica Archivos Médicos de Camagüey y por ser fundador del Servicio Médico Rural.

Medallas: por Trabajador Internacionalista en Argelia, la Manuel Fajardo, Por la Educación Cubana, XX Aniversario del la Universidad Médica Carlos J. Finlay, de Camagüey, José Tey y la 40 aniversario de la Educación Superior en Camagüey.

Tribunal de 2do grado de 1991 a 2004 y jefe de cátedra de ORL del 1992 al 2009.

Curso de especialización en Praga, Checoslovaquia.

Diploma de la Perseverancia.

Misión internacionalista: Argelia por 30 meses de 1979 a 1981.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

“Seguiré trabajando”

“Seguiré trabajando”

El Profesor Doctor José Miguel Arrieta Morales, 77 años de edad, procede de una familia humilde del municipio camagüeyano de Esmeralda. Tuvo que trabajar y estudiar a la vez. Su padre era cortador de caña y su madre ofrecía clases de corte y costura y para trasladarse de un lado a otro lo hacía a caballo. Al abrirse el plan de becas de G y 25, después del triunfo de la Revolución en la capital del país se decidió por los estudios.

 —Tan solícito como siempre ante nuestras necesidades el Dr. Arrieta accedió a esta entrevista, que por cierto, no ha sido la primera, y comentó:

—En aquellos momentos se iban casi todos los profesores de las universidades y los estudiantes asumimos muy temprano la docencia, en la especialidad de Radiología estaba el Profesor Pedro E. de Castro, un viejo comunista y en el ‘61 empecé a darle clases a estudiantes de Medicina, como alumno ayudante de la Universidad.

“En la Guyana Inglesa me encontré con un médico asesor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y en una actividad oficial me dice que mi cara le era conocida y entonces recordó que fui su profesor en el Calixto García, cuando yo aún era estudiante. Tengo más experiencia de docente que de médico, en el ‘61 comencé con la docencia y me gradué en el ‘64.

“En el ‘63 me llamaron para apoyar la docencia en Santiago de Cuba, junto al Profesor Francisco Conde Otero, ya fallecido. Allí estuve mi último semestre y luego fui a La Habana a examinarme.

“Terminada la carrera estuve más de dos años en Santiago de Cuba en la docencia y como jefe administrativo del departamento de Rayos X, en el “Saturnino Lora”. El pueblo de Santiago me quiso y yo también a él.

“Regresé a La Habana, al “Calixto García”, y sin terminar la residencia me llamaron para Camagüey, y empecé el 1ro de enero del ‘69, desde entonces estoy aquí.

—¿La importancia de su especialidad?

—Es vital para orientar a los demás especialistas de acuerdo con lo que uno observa en la Radiología, máxima por ser una especialidad tan desarrollada actualmente..

—¿Presenta problemas con su salud?

—Sí, iba a salir de misión fuera del país y al chequearme me salió un problemita, pero me he recuperado y seguiré trabajando. También tengo mi continuidad, mi hija Rosaralis es genetista. Estoy orgulloso de ella.

“Cada 3 de diciembre rememoro qué he hecho y qué me queda por hacer. Siempre he cumplido con mi Revolución y seguiré haciéndolo”.

Datos necesarios: Es Profesor Titular y Consultante, especialista de 2do. Grado en Radiología.

Misión internacionalista: En Guyana Inglesa (1979-1982) y en 2005. En Guinea Ecuatorial (2000)

Estuvo en un Curso de Superación en Suecia, por ocho meses y participó de un Congreso Internacional, en Colombia.

Ostenta varios reconocimientos y condecoraciones.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto