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CuquiSalud

Casi con 80 y sigue ahí

Casi con 80 y sigue ahí

El Profesor Doctor Odrey Ravelo Gutiérrez (79 años de edad). Es de La Habana, hoy Mayabeque, Nació a media cuadra del origen del rio Mayabeque, en un pueblo llamado Catalina de Güines.

—Comenzó así:

—Estudié Medicina en la Universidad de La Habana desde 1951 y como cerró la Universidad terminé en el año ‘60. Vine para Camagüey a hacer el postgraduado, en Camalote, del municipio de Nuevitas y después pasé al mismo Nuevitas. Luego trabajé un año en el hospital viejo de Camagüey, actual Hogar de Ancianos, y también en el “Amalia Simoni”.

“En el ‘62 estuve en Antillas, en Oriente, y en Holguín cuando inauguraron el “Lenin”, alrededor de unos 4 o 5 años. Otro año en el clínico quirúrgico Joaquín Albarrán, y 4 meses en el Calixto García, ambos de la capital.

“En el ‘67, Machado Ventura era el Ministro de Salud pública y envió al doctor Gerardo de la Llera a iniciar la docencia aquí y mi esposa, con la que estuve casado 46 años, ya fallecida, que era de Camagüey quería venir para acá y lo logré. Los primeros internos formados fueron los de Cirugía, de manera que soy formador desde los inicios en este centro.

“La satisfacción de ser la médico es muy grande. No hay nada comparable con ver a un individuo que está muriendo, muy grave, uno luchar por recuperarle la vida y lograrlo. Hay quienes lo agradecen, otros lo agradecen enormemente y a otros no les importa, pero para uno es tremendo.

—¿A qué no ha podido acostumbrarse?

—A la pérdida de personas jóvenes. A mí ya casi me toca —y se ríe— , arribo a los 80 años el día antes del cumpleaños de Fidel, o sea, el 12 de agosto, pero a pesar de tantos años a mí me duele mucho cuando muere una persona joven que apenas empieza a vivir y no puedo salvarlo. Eso me sucede con mis compañeros. Sufrí mucho con el fallecimiento de los doctores Sergio Vega Basulto y Julio Blanco de aquí y el de Sixto Villanueva López, del hospital Amalia Simoni. Eran grandes personas, grandes amigos y grandes especialistas.

—¿Qué piensa de su relevo?

—Está preparado. Nunca imaginé que iba a ser docente, en un momento determinado de seis mil médicos en Cuba quedamos tres mil al triunfo de la Revolución. Éramos tan pocos cirujanos que hacíamos guardia un día sí y otro no, y al otro día a operar como si nada. Aquello era día y noche, y la docencia me llevó a preparar cirujanos, no por mí, sino por mis hijos, nietos, y para en un futuro, cuando no esté haya médicos que puedan hacerse cargo, de ahí mi empeño de enseñar a que se hagan las cosas perfectas o al menos, lo mejor posible porque dicen que lo perfecto no existe.

—En Camagüey supimos adueñarnos de este hombre inteligente, bueno en su hacer cotidiano y sencillo a la vez. Él quiso mencionar otra de sus dichas.

“Tengo tres hijas y la segunda es cirujana de este hospital. La mayor es Cibernética y Profesora de Matemáticas y la más pequeña es Bióloga, en La Habana”.

Datos necesarios: Profesor Titular y Consultante, especialista de 2do. Grado en Cirugía General.

Medallas: Manuel Fajardo, Trabajador Internacionalista, Distinción Por la Educación, José Tey, 40 Aniversario de la Educación Superior, 80 Aniversario de la Sociedad Cubana de Cirugía; las Placas 70 Aniversario de la Sociedad Cubana de Cirugía y 20 Aniversario de la Universidad Médica Carlos J. Finlay, de Camagüey.

Forma parte de Tribunales Estatales para Categorías Docentes de las especialidades de Cirugía General y Coloproctología.

Asistió a eventos científicos nacionales e internacionales, y ha recibido adiestramiento en el extranjero.

Tiene en su haber publicaciones nacionales e internacionales.

Participó en tres misiones internacionalistas: Guyana Inglesa 1980-1981. En Hanoi, Viet Nam en el 1984 y en Ghana (2006-2007).

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto. Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

La sensibilidad hecha Neurología

La sensibilidad hecha Neurología

El Profesor Fermín Casares Albernas, (67 años de edad), de Caibarién, Villa Clara. Era militar e iba a estudiar a la antigua Unión Soviética, pero Celia Sánchez Manduley le pidió que integrara el plan de ayuda de conocimiento técnico porque sabía que le gustaba la Medicina, y así se adentró en este mundo.

—Este hombre que se caracteriza por una sensibilidad infinita no reparó en acudir a mi llamado de entrevistas y dijo:

—Al graduarme en 1967 me asignaron a Camagüey y aquí creamos en 1968 junto a los doctores Domingo Pérez Díaz (fallecido), Alfredo Hernández Aguiar, Lino Zulueta, el Grupo Provincial de Neurología y Neurocirugía, a pesar de que había tres neurocirujanos y una era soviética. Allí estuve hasta el ‘69, que pasé a La Habana con vista a hacer la especialidad de Neurología en 1973. Me ubicaban en Santa Clara o en Camagüey y preferí Camagüey porque ya amaba a esta ciudad. Mi esposa, con 45 años de casados, es de Caibarién también, ambos tomamos agua de Tinajón, de la de verdad, pues nos sentimos muy bien aquí.

“En una ocasión que el Grupo Nacional de mi especialidad me hizo un reconocimiento me dijeron algo que no olvido: ‘Villa Clara lo vio nacer, La Habana lo formó y Camagüey lo acogió en su seno como a un hijo’, y así ha sido”.

—El doctor Casares ha sido formador de especialistas años tras años…

—Eso me hace feliz, añadió. Comencé mis labores docentes en 1968.

“Esta es una especialidad difícil, pero cuando usted la ama se mete en el camino de las neuronas. Son muchos los retos, es la tercera y ya va hacia la segunda causa de muerte en los países desarrollados y lo mismo ocurre en Cuba con la enfermedad cerebrovascular, y tenemos que tratar de disminuir esto entre las enfermedades no transmisibles.

“Otro desafío es que como esta dolencia viene aparejada de muchas discapacidades, tenemos que tratar de reincorporar a esas personas a la sociedad con una mejor calidad de vida y que sean útiles.

—Usted ha presentado problemas de salud, pero sigue, como decimos en buen cubano: al pie del cañón:

—Dejaré de estarlo cuando muera, este hospital es mi vida, sin él no soy nadie, pero fíjese dejo un relevo muy cercano, mi hijo es Neurocirujano aquí.

Datos necesarios: Es Profesor Auxiliar y Consultante; especialista de 2do. Grado en Neurología y en Terapia Intensiva y Emergencia Médica.

Fue jefe de servicio de Neurología y Neurocirugía; jefe del Grupo Provincial de ambos.

Miembro del Grupo Nacional para la Atención de la Parálisis Fláccida (OPS) y de la Sociedad Cubana de las dos especialidades. Entre otros participó en Curso sobre neurociencias en la Universidad Autónima de México y de Neurofisiología, en la Universidad de Buenos Aires, Argentina. También en diversos congresos nacionales e internacionales.

Fue fundador de la Milicias Nacionales Revolucionarias y del Ejército del Centro. Participó en la Lucha contra Bandidos en la zona Norte de Las Villas. Miembro del Batallón 332 en Girón. Jefe de Comunicaciones de la División 32 del Ejército del Centro. Jefe de batería Antiaérea en las Crisis de Octubre.

Recibió el Reconocimiento especial por 40 años de consagración a favor de la salud del pueblo y seguir el legado de médico revolucionario dejado por Ernesto Che Guevara.

También fue acreedor de las medallas: De la Lucha contra Bandidos, Trabajador Internacionalista, Por la Educación Cubana, la Manuel Fajardo y por el 40 aniversario de la Docencia en Camagüey.

Cumplió misión internacionalista en Tanzania, como jefe de la misión médica cubana (1994-1996) y como Profesor Asesor de Medicina Interna y Neurología, en el hospital Mbeya de Tanzania.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

Paradigma de la Oftalmología

Paradigma de la Oftalmología

El Profesor Doctor Rolando José Mendoza Cruz, (70 años de edad).

Graduado de 1966, en la Universidad de La Habana. En esa fecha partió hacia Santiago de Cuba hasta 1974, cuando regresó al hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, donde permanece desde entonces.

—Él comenzó:

—Siento una gran satisfacción en mi vida profesional. Comencé los trasplantes de córnea en esta ciudad y desde el año 1974 se han mantenido hasta la fecha con compañeros formados bajo mi égida y hoy los asesoro y los guío cuando es necesario. Ya se han realizado más de 600 trasplantes de este tipo. Solo en este año contamos 42 y la inmensa mayoría con éxito.

“Ver cómo el doctor Elías Cardoso, uno de mis alumnos, se convirtió en el director del Centro Oftalmológico Carlos J. Finlay, adscrito a este hospital, y mejor que él no lo quiero, para mí es un honor y un privilegio, y a otros especialistas, muy buenos todos, que pasaron por mí de alguna manera, eso lo reconforta a uno. Eso me hace sentir que he cumplido.

“Como todo médico he dejado de lado algunos placeres de la vida personal. Una vez bromeaba con el doctor Casares y le decía que hemos estado presos alrededor de 10 años, porque con una guardia cada 4 días todos, y hasta cada tres días, figúrese vivíamos aquí. Eran épocas de un cirujano en el cuerpo de guardia y otro operando y se acabó; y Oftalmólogo era uno solo y así en cada especialidad. La verdad uno se cansaba y al otro día seguía con ocho horas y más de trabajo.

—Alguna satisfacción de su vida privada…

—Tengo 3 hijos, una es médica, Oftalmóloga y también hace córnea, un tiempo aquí y otro en la policlínica Julio A. Mella.

Datos necesarios: Es Profesor Auxiliar y Consultante, especialista de 2do.Grado en Oftalmología. Introdujo la trabeculectomía (intervención quirúrgica que se realiza en Oftalmología para tratar el glaucoma) en Camagüey en la década del ’80. Creó aquí el servicio de córnea. Es miembro Titular de la Sociedad Cubana de Oftalmología. Fue jefe del servicio pre y postoperatorio en la Misión Milagro en la provincia.

Recibió las medallas de Trabajador Internacionalista, Manuel Fajardo, Por la Educación Cubana y la XX Aniversario de la Universidad Médica de Camagüey.

Cumplió misión internacionalista en Angola (1978-1979)

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

Un cirujano para respetar

Un cirujano para respetar

El Profesor Roberto Cuan Corrales, (76 años de edad). Comenzó sus estudios de Medicina en la Universidad de La Habana en el año 1953 y terminó en el 1962, porque la Alta Casa de Estudios cerró por más de dos años. Luego se especializó en Cirugía General en el Instituto Nacional de Cirugía y Anestesiología, de la capital, en el antiguo hospital de Emergencia. Terminó en diciembre del año 63 y de ahí vino a trabajar al municipio camagüeyano de Florida, hasta mediados del año ‘67 que marchó hacia Ciego de Ávila como director de su hospital y en el ’68, al iniciarse la docencia, lo trasladaron para acá, para el "Manuel Ascunce Domenech", hasta nuestros días.

Con especial fervor dijo: “He tenido el honor de ser fundador de la docencia aquí en la provincia, junto a los Profesores Odrey Ravelo, Oliverio Agramonte, Orlado Zamora y el fallecido Raúl Respall. Desde entonces trabajamos aquí en la formación de alumnos. Empezamos la docencia con cuatro internos, que hoy en día son médicos especialistas y con muchos años de graduados. Participo en tribunales de exámenes de especialistas, de alumnos, y presido el Tribunal Estatal Nacional de Cirugía General que se realiza en Camagüey.

“Todos estos años me he dedicado a trabajar en nuestra especialidad, en la formación de estudiantes para garantizar el futuro. Los 50 años de graduado en abril del 2012, los celebraré de una manera muy especial, por ser el mío el Curso de la Generación del Centenario

“Hoy, en una fecha tan especial quisiera haber alcanzado todo lo que soñé como médico, como cirujano y como Profesor y espero que lo haya logrado, aunque aún nos quedan otros por formar y estaré activo mientras pueda y me necesiten. Siempre recuerdo con afecto al Profesor Gerardo de la Llera, fundador de la docencia en Camagüey con nosotros, que hace pocos días estuvo aquí. Él reside en la capital”.

—Usted que ha viajado, ¿puede hacernos alguna comparación de los servicios de la salud?

—He vivido de cerca la Medicina en el capitalismo, en Etiopía la Medicina se paga. Allí tropecé con personas que no podíamos atender porque no tenían dinero, eran los más infelices.

“Una vez vi a un herido en el abdomen por arma blanca, con afectaciones en el colon y estuvo varias horas tirado en el hospital porque no podía ser atendido, no tenía dinero y falleció. Eso lo sufrí mucho, estoy acostumbrado a otro tipo de Medicina.

—¿Su mayor satisfacción?

—Recuerdo a un muchacho de solo 16 años en el hospital de Emergencia en La Habana, con una gangrena gaseosa en una pierna, que no se le amputó pero estuvo muy grave. Se salvó, hoy tiene casi 60 años y todavía se recuerda de aquello y es muy agradecido con uno. Es algo que rememoro porque fue la primera vez que choqué con esta enfermedad, se salvó y ha mantenido contacto conmigo.

“Además, me satisface que conocí a José A. Echeverría, a Fructuoso Rodríguez y a otros líderes de las luchas estudiantiles.

Por su puesto, también por tener dos hijos y ambos son médicos, incluso uno de ellos cirujano”.

Datos necesarios: Es Profesor Titular y Consultante, especialista de 2do Grado en Cirugía General, Profesor e investigador de Mérito, Jefe del Grupo Provincial de Cirugía y presidente de las Sociedades Científicas aquí.

Ostenta las distinciones Por la Educación Cubana, Jesé Tey, Frank País de 2do. Grado, miembro de Mérito de la Sociedad Cubana de Cirugía y de la Internacional de esa especialidad. Vanguardia Nacional en 1984 y 1985.

Cumplió misión internacionalista en Etiopía, 81-83, como Profesor en Addis Abeba, antes estuvo en el hospital Marie Lannelongue, de París, Francia, en el entre 1976-77, y en 1985 estuvo en el hospital Motol de Praga, en la entonces Checoslovaquia.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Foto: Otilio Rivero Delgado

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

OPS: EEUU, Canadá y Cuba eliminaron transmisión de VIH de madre a hijo

OPS: EEUU, Canadá y Cuba eliminaron transmisión de VIH de madre a hijo

Una embarazada era atendida en el hospital Materno Infantil Ana Betancourt, de Camagüey. Foto: Oriel Trujillo Prieto

Tomé este trabajo de Cubadebate por su importancia, máxime hoy, Día Mundial de Lucha contra el VIH/sida.

Estados Unidos, Canadá y Cuba han conseguido virtualmente eliminar la transmisión del virus del sida (VIH) de madre a hijo y la sifílis congénita, informó este jueves la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que tiene ese objetivo para toda América Latina de aquí a 2015.

Antigua y Barbuda y Anguila también han logrado ese objetivo, informó la OPS con motivo del Día Mundial de lucha contra el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (Sida).

Todos esos países han reportado una tasa de transmisión de madre a hijo del 2% o menos y una tasa de nacimientos con VIH de 0,3 por cada 1.000 niños nacidos vivos.

Los casos de sífilis congénita se evalúan en ese grupo de países a un máximo de 0,5 por 1.000 niños.

“Se considera que estos niveles son lo suficientemente bajos como para no seguir constituyendo un problema de salud pública, aunque es necesario realizar esfuerzos sostenidos para mantener estas tasas bajas”, explicó el informe de la OPS.

“A nivel regional, el informe estima en 15% la tasa de transmisión (de VIH) madre a hijo en América Latina y el Caribe, una tasa significativamente más alta que la de 2% que se requiere para alcanzar la eliminación pero más baja que la tasa del 35% de transmisión que ocurriría sin intervenciones de salud pública”, añadió el texto.

Anualmente unos 5.000 niños se infectan con VIH en todo el continente americano, la mayoría de ellos por transmisión vía la madre.

La OPS constata grandes diferencias según los países.

En Guatemala solamente un 21% de las mujeres pueden acceder a la prueba del VIH/Sida, mientras que en Canadá y Estados Unidos el 98% tienen acceso a ello.

Para evitar la transmisión de madres a hijos el acceso a los medicamentos antiretrovirales es clave. Un 61% de las embarazadas en América Latina y el Caribe tienen acceso a ellos, un aumento respecto al 50% de 2005.

A nivel de prevención, menos de la mitad de los jóvenes latinoamericanos entre 15 y 24 años saben cómo prevenir la transmisión sexual del VIH.

(Con información de AF), tomado de Cubadebate.

Foto: Oriel Trujillo Prieto

Una fecha para los diabéticos

Una fecha para los diabéticos

Espero que el Profesor Quirantes y los lectores sepan disculparme por colocar este magnífico trabajo un día después de lo convenido. Dificultades técnicas me lo impidieron, pero por la importancia del tema, creo que habría sido una herejía no darlo a conocer, Cuqui.

El 14 de noviembre de cada año se celebra en todo el mundo el Día Mundial de la Diabetes y en Cuba también se conmemora.

CIFRAS A TENER EN CUENTA

Si en 1985 se estimaba en aproximadamente 30 millones las personas con diabetes en el mundo, la enfermad afecta actualmente a más de 250 millones de hombres y mujeres y se calcula en más de 300 millones quienes están en riesgo de padecerla.

Según estimados de la Federación Internacional de Diabetes, el número total de personas con esta afección alcanzará los 380 millones para el año 2025 a menos de efectivas tomas de medidas en relación a la implementación de programas de prevención y control.

EDUCACIÓN DE LOS DIABÉTICOS

La enfermedad requiere ciertos cuidados para quienes viven con ella y para sus familiares más cercanos pues los enfermos se deben responsabilizar con cerca del 95% de la atención requerida.
Por eso es de crucial importancia recibir una educación diabetológica de elevada calidad adecuada a sus requerimientos e impartida por personal calificado de las diversas estructuras de salud.

En la actualidad, la diabetes tipo 1 no se puede prevenir. Los factores desencadenantes que se cree generan el proceso, y tiene como resultado la destrucción de las células del organismo productoras de insulina, siguen bajo investigación.

La diabetes tipo 2, presente en cerca del 90% de estos enfermos, se puede prevenir en muchos casos manteniendo un peso sano, siendo físicamente activo y con una alimentación balanceada y saludable. Estudios en China, Finlandia y los Estados Unidos de Norteamérica han confirmado este punto.

La campaña realizada al calor del Día Mundial de la Diabetes incluye un llamamiento a todos aquellos responsables de la atención diabética, enfermos incluidos, a entender la diabetes y a tomar el control de la enfermedad.

LA NECESARIA ENSEÑANZA

Para las personas con diabetes éste es un claro mensaje sobre la capacitación a través de la educación necesaria para los enfermos y sus familiares como forma insustituible de controlarla.

Las personas con diabetes junto con sus más cercanos familiares necesitan llevar el control de las glicemias, conocer el tratamiento y la importancia de realizar ejercicios de manera regular así como ajustar los hábitos de alimentación aplicando los principios de una dieta saludable.

Además, en ocasiones estos enfermos se deben enfrentar a problemas relacionados con las complicaciones diabéticas y llevar a cabo considerables ajustes psicológicos. Todo esto se consigue exitosamente a través de la educación diabetológica.

Cuando falta esta educación especializada en las personas con diabetes y en quienes le rodean afectivamente, todos ellos están menos preparados para afrontar determinadas dificultades psicosociales a veces presentes, modificar cambios en la conducta e incluso carecer de la capacidad para controlar adecuadamente la enfermedad por parte de quienes la padecen.

Y un mal control de la diabetes aumenta las posibilidades de desarrollar complicaciones derivadas de ella.

EN EL DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES

Por eso la educación diabetológica es esencial para prevenir las complicaciones resultantes y es uno de los protagonistas en las campañas realizadas el Día Mundial de la Diabetes.

Entre las acciones a desarrollar el Día Mundial de la Diabetes se resaltó la importancia de los programas de educación diabetológica diseñados como base para la prevención y el control de la diabetes y además, fomentó el aumento del interés de recibir este tipo de educación de las poblaciones involucradas dentro de los sistemas sanitarios y las comunidades.

Autor: Prof. Dr. Alberto Quirantes Hernández, Profesor de Medicina y Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente “Dr. Salvador Allende”
Ciudad de la Habana – Cuba
E. mail: alberto.quirantes@infomed.sld.cu

Nota: Esto fue publicado en: http://www.nnc.cubaweb.cu/

Frank Fernández escuchó a Beethoven

Frank Fernández escuchó a Beethoven

La tarde-noche de ayer fue memorable. Como soldado que va a la guerra sin armas, así llegué al Gran Concierto pianístico del Maestro Frank Fernández, dirigido por el Maestro Enrique Pérez Mesa, Titular de la Sinfónica Nacional, y que estuvo acompañado por sendas Sinfónicas, la de Camagüey y la de Holguín. Solo portaba mi cámara digital; no obstante, con muy mala posición para lograr las fotos.

Apelo a mi memoria y escribo estas líneas casi por obligación. Lo que para mí resultó algo tremendamente desestresante, pienso lo fue para los asistentes que llenaron el Teatro Principal de esta ciudad. Luego de disfrutar de la Obertura “Festiva” de Dimitri Schostakovich, el Maestro Frank Fernández inició su presentación con el Ave María de Franz Schubert pieza fuera de programa y dedicada a Rosa Zayas y a Altagracia Tamayo, madres de Adalberto Álvarez y la suya, en esta hornada para recordar que daba fin a la tercera edición de la Fiesta del Tinajón, evento ideado por el Caballero del Son, y que tuvo sus inicios en noviembre del 2007.

El público se deleitó con un depurado programa, como la mencionada Obertura “Festiva” de Dimitri Schostakovich; con La Suite para dos pianos, del propio Frank Fernández, que incluye Bolero, Vals joropo, Conga de mediodía, Habanera y Zapateo por derecho; La Bella Cubana, de José White; Concierto No. 1 para piano y orquesta, de L. V. Beethoven, estrenada aquí; Dos danzas de Ernesto Lecuona: Malagueña y La Comparsa; dos temas de la telenovela cubana Tierra Brava, uno de ellos el Tema de amor (para violín y piano), con la impecable ejecución del violinista Pedro Zayas, de Holguín.

Todos los momentos fueron especiales. La interpretación del Tema de amor, de la Gran Rebelión dedicada al Maestro Jorge Luis Betancourt (ya fallecido), director fundador de la Orquesta Sinfónica camagüeyana, con sus cinco décadas de hacer, trajo la evocación de muchos y el conocimiento por los más jóvenes de esta figura cimera a la que tanto le debe la cultura de este terruño.

  Les cuento que cuando Frank Fernández ofrecía detalles del surgimiento del Concierto No. 1 para piano y orquesta de Beethoven, un celular indiscreto se hizo sentir, y él, un poco en broma y un poco en serio, ordenó apagarlo, mientras Enrique Pérez Mesa le decía: “Ese es Beethoven que te está llamando”. A mí me pareció que algo místico se apoderó de sus manos que hicieron de aquel piano un instrumento invisible, pero sonoro como nunca antes, algo que fue contagioso para la orquesta y su director. A decir verdad y por como quedó interpretada cada pieza, me atrevo a asegurar que todos los autores susurraron a sus oídos algo, aunque no me aventuro a decir qué.

Otra anécdota: Adalberto Álvarez, ese Caballero del Son, que tanto ha hecho y hace por mantener la buena música cubana en la cima, lo mismo dentro que fuera del país, subió al escenario para dar por concluida la III Fiesta del Tinajón, confesó micrófono en mano que Frank estaba inquieto por cómo sería la reacción del público camagüeyano, pues se presentaría por primera vez ante él, y Adalberto declaró que le respondió: “Los camagüeyanos tienen el ‘defecto’ de aplaudir a quien vale y brilla”, entonces ya lo saben Frank Fernández y Enrique Pérez Mesa que ellos valen y brillan con luz propia, modestia aparte, los camagüeyanos se lo hicimos saber con nuestros aplausos, bravos y todos de pie.

Adalberto Álvarez se dirigía al público.

A La Comparsa, de Lecuona, en su repetición, se le añadió el público todo con un coro vocal y de aplausos durante la interpretación que parecía ensayado, de hecho, el Maestro Enrique Pérez Mesa se volteaba para indicar cuándo entrar, salir, subir o bajar el tono, fue algo poco común en conciertos de esta naturaleza.

Un instante también mágico estuvo centrado en la entrega de un retrato del Maestro Frank Fernández, de manos de su autor Lorenzo Linares, artista de la plástica camagüeyano de reconocido prestigio nacional e internacional.

Retrato hecho por el artista Lorenzo Linares, algo verdaderamente impresionante.

Cuando salí del Teatro no quería irme. Pedía que hubiera una equivocación y que nos dijeran: “El concierto aún no ha terminado”. Escuché opiniones que no apunté, pero recuerdo, todas llenas de elogios como: espectacular, divino, genial, cautivador, místico, deidad… Cada quien, a su manera, dejaba salir sus sentimientos y prestos a volver cuando ambos Maestros lo decidan, ¡Y ojalá sea pronto!

 

Autora y fotos: Olga Lilia Vilató de Varona

Corrección: Oriel Trujillo Prieto

Todavía tengo tiempo

Todavía tengo tiempo

Confieso que llegué al hospital psiquiátrico René Vallejo de la ciudad de Camagüey con muchas dudas como siempre me ocurre en estos casos. Me preguntaba: ¿cómo empiezo?, ¿querrá él contarme sus problemas privados?, porque así, como ven esta imagen captada al azar por Otilio Rivero, anduvo Román a la intemperie, sin protección ni apoyo. Solo lo acompañaban el alcohol y sus iguales.

En esa espera conversé con un hombre que se sentó frente a mí en pijama, que hablaba mucho y se veía a las claras que estaba a la espera de algo. Ese algo era yo. Lo supuse al rato del diálogo y con la misma me inquirió: ¿Es usted la periodista? Ah, pues yo soy quien busca y de pronto quiso contarme cada detalle sin ni siquiera hacer un preámbulo. Se identificó y comenzó.

Tuve que decirle algo que es esencial en estos casos: “Mire, necesitamos privacidad, esperemos por el Dr. Carlos Morán, su médico”, —especialista en Psiquiatría y subdirector de esa institución—.

Estuvo de acuerdo, pero con la misma repetía ciertas cosas. Llegó el Dr. Morán y nos sentamos los tres como Dios manda. Mi entrevistado es un alcohólico ingresado en ese centro con aspiraciones de curarse, sí curarse, porque está enfermo y él lo sabe mejor que nadie.

Le expliqué que podía responder o no y llegar hasta el punto de su vida que quisiera, con vista a que no se sintiera presionado ante alguien que veía por primera vez y se “metía” en sus asuntos. Para esta ocasión él toma otro nombre: el de Román, porque el suyo quisimos mantenerlo guardadito en un baúl que no va a querer ni recordar. 

— ¿Cuándo se inició en los andares de la bebida?

—A los 14 años, era un adolescente. 

— ¿Sabe definir qué lo llevó a tan equivocada conducta?

—Me sentía solo en la vida y ese fue el escape que encontré. Mi padre, al morir, dejó la casa a un familiar que era alcohólico, este vendió la casa para seguir en lo suyo y ambos, él y yo, nos quedamos sin un techo. Por ese motivo tuvimos problemas y eso me llevó a la cárcel, he estado preso dos veces y siempre producto del alcohol.

“Porque fíjese, cuando no tomo soy incapaz de hacer cosas incorrectas, pero cuando me doy un trago se me olvida todo, es como si no fuera yo”. 

— ¿Tiene antecedentes de alcoholismo en su familia?

—Sí, como no. Un tío por parte de madre murió de cirrosis hepática producida por esa causa. Mi madre lo era y enfermó de los nervios, otra de sus hermanas falleció por eso. Y al recordar todo esto pienso que también comencé a beber por imitación familiar, era mucho a mi alrededor. Tengo otra hermana que no toma y otro varón que sí y ahora está preso. Yo fui a visitarlo antes de ingresar aquí y él está dispuesto a hacer lo mismo al salir. 

— ¿Cómo es posible que si vio desde niño a su familia alcohólica que se iba destruyendo se dedicó a lo mismo?

—Porque ellos me atraían. Mi tío me invitaba y cuando aquello creí que no me hacía daño, comía. Ahora no, me paso días y días y no pruebo bocado. Me afectó mucho, mucho, mucho. 

— ¿Es camagüeyano?

 —Por parte de mi padre soy de Ciego de Ávila y por la de mi madre de Esmeralda, Camagüey. Por eso quisiera que esta entrevista se publicara también en la provincia avileña, porque aunque usted no lo crea, así, sin llevar mi nombre, mis familiares van a saber que soy yo y así conocerán que estoy dispuesto a cambiar totalmente. 

— ¿Piensa que darán resultados los esfuerzos de especialistas y el suyo?

—Puede estar segura de que sí. Estaré aquí el tiempo que sea necesario para salir recuperado.

— ¿Conoce algún oficio? ¿Dónde trabaja?

—Soy auxiliar retranquero de conductor de trenes, cabillero B, estoy evaluado como albañil, aunque le confieso una cosa: he perdido habilidades y como es natural, los trabajos también. Cuando uno llega  a este estado no le importa nada, ni el trabajo, ni la familia, nada. La tomadera me puso informal y no ha sido por gusto. El cuerpo no amanece igual después de una borrachera. Me sentía indispuesto, con dolor de cabeza, malgenioso, deprimido, sin fuerzas, algo así como un trapo inservible.

— ¿Cuando comenzó a beber sentía lo mismo?

—No, qué va. Era muy activo y parecía que nada malo me iba a ocurrir y la verdad ha sido bien diferente. El alcohol ha acabado con mi organismo. Tengo 51 años y me siento un anciano y solo, porque la familia llega a ayudarte hasta un punto y luego te echan a un lado, no los culpo. Uno llega a inspirar odio, asco, y todo lo malo porque nada es positivo en uno.

—Quiere decir que no está casado… ¿En qué cambió su vida?

—No. Actualmente estoy casado por la ley, pero me he quedado solo. He perdido mujeres, todas buenas, de esas que se buscan como a una aguja en un pajar, o sea, he tenido esa dicha varias veces, y la he perdido gracias al alcoholismo, eso que lo lleva a uno hasta a la muerte. También perdí mi casa, todo y no tengo hijos, al parecer no puedo tenerlos. Luego estaba pescando, me iba bien, me traté en el hospital de Ciego de Ávila y estuve siete años sin beber, pero al morir mi madre, que ahora en octubre hizo dos años, no lo pensé dos veces y volví a beber.

— ¿Usted ha buscado la solución a sus problemas en el alcohol?

—Así es. Ahora le aseguro que lo dejaré para siempre, estoy aprendiendo a enfrentar los problemas de la mejor manera. Quiero integrarme a la sociedad y a mi trabajo, sé que me van a recibir. Si ya estuve siete años sin tomar, ahora pienso estarlo el resto de mi vida.

— ¿Cuándo murió su papá?

—Yo tenía poco más de 40 años.

—Entonces no era un niño, ¿y su mamá y su papá estaban juntos?

—No y mis padres no estaban juntos. Yo fui abandonado por mi mamá a la edad de cinco años y mi hermana, la que murió hace tres años, me crió.

— Le hago otra pregunta muy personal. ¿Cómo es posible que si su madre lo abandonó a los cinco años, la muerte de ella le haya afectado a tal punto que se entregara a la vida del alcoholismo de nuevo?

—Porque yo nunca la abandoné a ella. La visitaba y me ocupaba de sus cosas. Es algo inexplicable, pero la quería mucho. Toda la vida la necesité, la quise y la iba a ver. Le repito, yo no la abandoné a ella nunca.

— ¿Conoce que el alcohólico durante y luego del tratamiento no puede darse ni un trago?

—No podemos ni olerla porque se regresa a lo mismo siempre. En mi caso no puedo ni verla. Pero le digo una cosa, el juntamento de uno es primordial, a uno lo buscan los otros que son iguales, siempre hay un cumpleaños que celebrar y si no se inventa el motivo, la justificación está ahí para que caigas en ese vacío.

“Pienso integrarme a la religión de mi hermana. Ella es lo único que tengo y me va a ayudar. Cualquier cosa que te lleve a dejar de ingerir bebidas alcohólicas es bueno, si no te autodestruyes y lo haces con tu familia y al final te quedas sin nadie y botado en la calle como un perro sin dueño.

“Y no culpo a nadie porque el alcoholismo es una enfermedad y las personas no lo saben y no lo comprenden así, porque si piensas un poco eso se adquiere por obra y gracia de la misma persona y no por razones que te impone la vida o tu organismo, entonces no se ven comprometidas a enfrentar algo así, yo lo comprendo”.

—Cuando salga de aquí tendrá que enfrentar a esas mismas personas que dicen ser sus amigos y van a insistir en que se dé un “traguito”, ¿qué piensa al respecto?

—No seré complaciente. Si me piden algo lo daré, pero esos que no quieran curarse no me llevarán a lo mismo. Ah, ya tampoco puedo darme ese “lujo” porque soy hipertenso a causa del alcohol y yo quiero vivir.

— ¿Sabe que el alcohol es una puerta que permanece abierta para darle entrada a otras drogas?

—Sí, con el tiempo puedes caer en la marihuana u otra. Por ejemplo, yo he estado tomando y al acabarse la bebida hay quien le dice a otro: ‘Ven acá mi hermano, vamos a darle a esto’. Lo he visto, he estado en la tentación, pero hasta ahora me he dado vuelta y he dicho no le voy a eso y me he ido, he estado tentado, repito, pero he tenido la suerte de negarme.

— ¿Ha actuado en estado de embriaguez y después no ha recordado lo ocurrido?

—Cierto. De hecho los delitos que he cometido han sido así. He perdido lindos años de mi juventud preso por esa causa.

—Mientras estuvo preso, ¿cómo enfrentaba ese estado que siente un alcohólico al no poder beber?

— ¡Imagínese!, aunque cuando he estado “trancado” no tomaba y no me sentía tan mal, lo confieso, llegué a ser del consejo general de reclusos.

— ¿Qué otras afectaciones puede atribuirle a esta adicción?

—La memoria, siento que la he perdido. Yo estudié, tengo décimo grado aprobado y he tenido la oportunidad de seguir estudiando, incluso, en la misma prisión pude elevar mi nivel. Allí estudié gastronomía y tengo mi evaluación, es una profesión bonita y hay que estar presentable para atender a la población, eso me gusta. Cuando trabajas tu vida cambia por completo y te ven y dicen: ‘no puede ser, Román era un alcohólico y mira qué bien está’, eso me agrada.

—Al perder el trabajo, ¿dónde vivía?

—En la calle. Tirado por dondequiera bajo agua, sol y sereno. Lo mismo te da comer que no comer, bañarte que no bañarte, me llevaron hasta los zapatos.

—La bebida cuesta, ¿qué hacía usted para llevar esa vida sin faltarle el trago?

—Pescaba y lo vendía, no comía.

—Cuando tuvo casa, ¿vendió algo para beber?

—Sí, algunas cosas, lo que tenía a la mano, ropas, todo.

— ¿Siempre tomó bebida de calidad?

—No, ¡qué va! Empecé tomando lo mejorcito, actualmente lo mismo le metía al alcohol cola’o, de tienda, warfarina, lo que viniera, el organismo me lo pedía, si no tomaba los temblores, el decaimiento y la depresión me mataban. Para mí, mi único medicamento era el alcohol.

—Ese es el período de abstinencia…

—Sí, he aprendido todo eso, el médico me ha enseñado.

— ¿Qué lo motivó a acudir al médico?

—Vine voluntariamente. Sobrio fui al médico en Esmeralda. Él me atendió muy bien, me ordenó una glicemia (glucemia) y tenía el azúcar en sangre muy baja, llevaba dos días sin comer. Me pusieron suero y luego conversaron conmigo y me remitieron para acá, porque quiero curarme.

— ¿Qué tal los chequeos médicos?

—Bastante bien para lo que he pasado, aunque sí tengo un problemita en el esófago, me volví hipertenso y como fui ulceroso eso me lo van a investigar igual, porque me están dando algunos dolores.

—Enfrenta un tratamiento difícil, ¿Cómo lo resiste?

—Al principio, figúrese, era muy difícil, me deprimía. Llevo aquí 10 días. Estuve en la sala de los enfermos agudos porque el nerviosismo era mucho, la depresión, en fin. Me dan calambres, cucas, dolores intramusculares en los pies, pero he mejorado.

— ¿Cuál ha sido la ganancia de ese acto de beber?

—Ninguna. Todo ha sido pérdida. Reitero que la familia sufre, no todos soportan eso. Si hay un jabón en la casa cuando lo van buscar no está porque lo había cambiado por alcohol, y si había aquello lo trocaba por lo otro. No es fácil y muchas veces me pongo en el lugar de ellos. Yo tengo una sobrina enfermera en Bolivia, Ciego de Ávila. Ella me quiere, mas se cansan de uno porque estoy enfermo, pero por mí mismo y los entiendo.

—Veo que tiene tatuajes, si lo desea dígame, ¿se los hizo en prisión o fuera?

—Cuando era un inexperto, muy joven con 18 años. Tengo todo esto en mi cuerpo —me lo señala con sus dedos— y me ha pesado. Porque ahora es una moda; sin embargo, he perdido hasta mujeres por eso. En prisión no me hice ninguno porque ya lo rechazaba, estas marcas en mi cuerpo las he rechazado desde hace mucho.

— ¿Piensa que si un alcohólico quiere, puede dejar de serlo sin ayuda médica?

—Si lo hace a tiempo, quizás, en el estado que yo estaba, no. A mí me hace falta el psiquiatra, el ingreso.

— ¿Agradece a alguien en particular este período de recuperación?

—Al médico Carlos Morán. Él ha sido muy atento, me apoya, me ayuda.

A la derecha el Dr. Carlos Morán, ese que con paciencia y sabiduría le asegura que sí puede recuperarse.

 

—De momento me interrumpió para decirme:

—Ahora tengo como un estado de ansiedad, quizás hasta usted lo note, pero sé que se me va quitando.

—No se preocupe, ¿seguimos?

—Sí, sí.

— ¿Qué proyecto de vida tiene para el momento del alta médica?

—Recomenzar en todos los sentidos. Desde el punto de vista amoroso, laboral, y familiar con quienes me acepten porque figúrese ahora es un poco difícil, yo dormía bajo las matas, con lluvia cayéndome encima, sin almorzar ni comer, y me han rechazado, no me han dado ni un plato de comida. Ellos califican eso como una sirvengüenzura. Yo tengo que ganármelos ahora con mi comportamiento.

“Yo cobraba y ayudaba a mi hermana, la difunta que me crió después. Antes tenía más fortaleza física, hacía cualquier cosa, ahora no”.

— ¿Hacia dónde enrumbará su vida a su salida del hospital?

—Voy para Esmeralda. La casa de mi madre quedó en manos de mi hermana y ella me la ofrece a mí. Es en la localidad de San Juan de Dios, a kilómetro y medio de la presa El Porvenir. Pienso reincorporarme al trabajo y rehacer mi vida. Todavía tengo tiempo.

— ¿Cómo lo han tratado en este hospital?

—Muy bien en todos los aspectos. Usted ve al personal encima de los pacientes, entre los médicos. En la sala de los agudos, a los pacientes crónicos se lo dan todo, hasta el cigarro, todo gratuitamente.

“Quienes no tienen familiares los mantienen vivitos y coleando. Aquí hay uno que lleva 14 años, de Esmeralda, le dicen Tony. Una tía viene a verlo, pero está aquí y vive, gracias a la atención de todo tipo.

“Igual que ellos lo recibo todo sin pagar un centavo. Lo que enfrentaron aquí conmigo no fue fácil, estuve bebiendo 48 días sin comer, imagínese cómo llegué”.

— ¿Se le ocurre algún consejo para los tomadores?

—Claro, que dejen de tomar para siempre y así evitarán sufrir en carne propia lo mismo que yo. Eso no se lo deseo a nadie.

— ¿Y para aquellos que no beben?

—Que nunca lo hagan. He sufrido mucho, he perdido mucho y no he ganado absolutamente nada.

— ¿Su familia acudió a algún especialista para recibir orientación profesional acerca de cómo debía ser tratado?

—No, nunca.

— ¿Cómo pretende enfrentar los problemas cotidianos a partir de ahora?

—Como el resto de los humanos, dándole el frente y sin beber.

—Al iniciarse usted en la bebida tan joven, bien podría decirle algo a ese segmento poblacional.

—A esa parte de la  juventud que hoy en día está un poco suelta le aconsejo que cambie su modo de vida. Que trabajen, no tomen, porque las personas como yo, algunos están así como me ve, otros están presos, a otros los han matado.

—No le voy a preguntar su filiación política, eso no me importa, pero vive en un país en el que como en todos hay un sistema social imperante, por eso quisiera saber si cree que el nuestro lleva a los jóvenes a hacer cosas incorrectas, como beber demasiado.

—No, no, no. La juventud tiene oportunidad de estudiar, de trabajar para el Estado, por cuenta propia. Hoy tienen más que cuando yo nací.

—Ha estado preso en dos ocasiones, al salir de prisión, ¿se ha visto marginado por ese motivo?

—No, al contrario. Trabajas para el Estado o ahora por cuenta propia. Las personas tenemos derecho a cambiar.

— ¿Puede asegurar que va a tener un antes y un después al salir de este hospital?

—Se lo aseguro.

— ¿Le queda algo por decir?

—Repetir mi consejo. La bebida no da nada, solo perdición porque lo he sufrido en todos los aspectos de la vida. Por eso quisiera que todo aquel que lea esto sepa lo que he pasado y estoy pasando por consumir bebidas alcohólicas.

—Ahora vale la pena lo que está pasando...

—Claro porque vendrá un después.

—Y que siempre sea mejor.

—Va a ser mejor. Estoy decidido.

—Agradecí tanta sinceridad, dulzura y amor por dar a este hombre que me respondió.

—No, nada que agradecer. La verdad no ofende sino ayuda, más en estos casos que sirven de ejemplo para que otros no cometan los mismos errores.

 

Autora: Olga Lilia Vilató de Varona

Fotos: Otilio Rivero Delgado y la autora

Corrección: Oriel Trujillo Prieto